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Cartones por la calle. Crítica al libro de Enrique Richard.

 
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zarpax
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MensajePublicado: Mar May 28, 2013 6:49 am    Asunto: Cartones por la calle. Crítica al libro de Enrique Richard. Responder citando

Crítica somera al librito de Enrique Richard "Con cartones por la calle". Ed. Gráficas Massana, Barcelona 2013.



---(Enrique Richard: Con cartones por la calle. Barcelona 2013: http://enriquerichard.es/

http://blogs.lainformacion.com/laregladewilliam/2011/11/26/enrique-richard-voluntariado-con-los-invisibles/ )---

Esta crítica no pretende en modo alguno ir contra la actitud filantrópica y contra la piedad subjetiva del autor del librito criticado. Sólo va dirigida contra sus juicios políticos y filosóficos, contra su ideología objetiva.

Esta crítica está por acabar y así quedará, pues ha perdido para mi su sentido al comprobar la impermeabilidad del autor -su gran dogmatismo- y ver lo inútil que resulta tratar de establecer un debate sin contraposición.

Todo lo que se publicita, puesto que es público, es digno y se merece una crítica pública, pues se hizo público para no ser olvidado.

**********

Y todo ser humano que tiene pasión es de algún modo solitario; sólo los babosos son engullidos por la vida social. (Kierkegaard. Post Scriptum).

La sociedad, la Sociedad…, así, con mayúsculas, laureadamente. Porque la sociedad es uno de los palabros más laureados de nuestro tiempo. Pero, ¿qué es la sociedad?

En el librito que tenemos entre manos (que puede ser -subjetivamente- muy útil a muchos) se nombra y se habla de la "SOCIEDAD" unas diez veces… Ahora hablaremos de eso, de la sociedad y del SISTEMA, de esta sociedad y de este sistema del cual muchos -legión- abominan viviendo y chupando en él.

Muchas personas confunden a la sociedad con el Estado, que también es una sociedad determinada. En fin, decir sociedad es decir "relación" y solamente eso: la sociedad es una relación por medio de cualquier tipo de comunicación o trasvase de información o efectos (operaciones, jurídicas o no)… Una sociedad es la "sociedad española" (porque mantiene una peculiaridad jurídica propia), otra sociedad sería un cuartel, un convento, una empresa, un grupo político, un club de ajedrez, una ONG, un Arrels, etc. Además es también la actividad de trabajo, sexual, de juegos, deportiva, delictiva, de paz, de guerra. La bomba atómica es un artilugio social tanto como la organización de Arrels o de Cáritas…, por tanto nombrar a la "sociedad" de forma aureolada es una meioración puramente ideológica y vana. Toda relación social, toda relación a secas, es "la sociedad", una sociedad, sin mayúsculas.

Pero "la sociedad" no es una señora endomingada que se pasea por las calles de la ciudad. La sociedad no existe como persona, la sociedad no es nadie, no es alguien que pueda ser peiorativamente culpado de nada o bendecido por algo, ni tampoco son sociedad los que la componen, porque la sociedad no son los individuos de esos grupos asociados, relacionados, puesto que la verdadera sociedad es sólo una relación -constructiva o destructiva- entre sujetos operatorios, no los sujetos operatorios mismos. Todo esto es muy viejo pero lo hemos de repetir como lo repetía Donoso Cortés.


En la página 45 del libro se nos dice que ……<"Esta sociedad no es capaz de pararse y bajarse para saber lo que ellos necesitan, Si lo hiciera y se acercase sin prejuicios, con la mano tendida no sólo a dar sino también a escuchar y a recibir, sabríamos más cosas.">……

Con metáforas es muy fácil pensar porque en realidad no se dice absolutamente nada. Toda esta frase es materialmente falsa por completo por muy verdadera que sea la intención subjetiva del sujeto que la dice: La relación, la sociedad, no está capacitada para nada, sino sólo son capaces y solo están capacitados los sujetos operatorios que la componen al relacionarse entre ellos. La sociedad no puede "pararse" ni caminar porque no tiene sino los pies del hombre, y no puede "saber" nada porque el que sabe es el hombre concreto y no el conjunto o la relación de ese conjunto, y no puede tener "prejuicios" por lo mismo, porque no tiene juicio, ya que el juicio pertenece sólo a los hombres concretos. Ni tiene ninguna mano que tender, ni "escucha" ni "recibe"…
Las operaciones que hacen los hombres concretos, al sustantivizarse, se deforman, y de esta deformación siempre sale un juicio falso o absurdo y muchas veces irrisorio.

La "sociedad" mala, claro, la "sociedad capitalista", es enfrentada a la "gente de la calle" (los buenos), y por medio de estas metáforas y, la supuesta mejor sociedad (¿la socialista?), que es la que ha fracasado realmente y horriblemente dejando tras de sí más millones de muertos que Hitler y hundiendo todo un sistema económico por completo (la URSS), es la que parece digna de emularse (o ni eso dada la Izquierda indefinida del presente y la filiación confusa y nebulosa de nuestro autor), ya que para muchos que aún no se han enterado de la caída del Muro de Berlín, lo opuesto al mal de la sociedad capitalista es la "sociedad socialista" inexistente, pues ya no existe, se derrumbó, y aquí sólo existe esta sociedad y este sistema (de la propiedad), y NO HAY OTRA, ni la habrá jamás, pues en el sentido de la igualdad y la justicia fantasmal que algunos persiguen, ni la sociedad esclavista, ni el fuedalismo, ni ninguna sociedad con una mera economía generalemnete de mera subsistencia pudo nunca lograr la opulencia del sistema capitalista y su desarrollo planetario.

Por tanto, podrán ser las relaciones de los sujetos concretos, de esas "relaciones humanas" (constructiva o destructivamente) de la página 13 los que dejen y "queden aparcadas y tiradas en nuestras calles" a esas personas…, pero ahí se llama "nuestra sociedad" al hecho de nuestras supuestas defectuosas relaciones, como si las relaciones mismas del propio Enrique y de otros como él, no fuesen también a su vez relaciones sociales, sociedad.

No se puede ni se debe PERSONIFICAR a la sociedad, porque la sociedad no es nadie.

Lo que existe es la relación y sus efectos, no la "sociedad", pues se pide el principio de que esta, la "sociedad" tuviese forzosamente que ser "justa" por medio de la socialización de los sinhogares, es decir, por medio del denostado Estado, el cual siempre es requerido, no para su genuino cometido cual es la defensa de la propiedad, sino para su reparto y distribución, esto es, para su anulación como propiedad. Es decir, se pide al Estado (como aquella supuesta socialización), la anulación de aquello que lo hizo constitutivamente Estado. Y esto es muy discutible (de entrada ello conllevaría la desaparición de la democracia y la imposición de una dictadura, acaso supuestamente amorosa al estilo de la de Wolfgang Harich: http://www.rebelion.org/docs/145160.pdf ). Además impondría la igualdad material por medio de la desigualdad ante la Ley, lo que ha engendrado siempre las tiranías más crueles y cuyo ejemplo más reciente es el régimen de Pol Pot. Bastaría sobre esto conocer un poco de Montesquieu.

Por tanto, son los hombres concretos (unos egoístas, otros generosos, unos buenos, otros malvados) lo que le han arrebatado el trabajo a Amir (pág. 48), pero no la sociedad…La "sociedad" al no ser ningún sujeto no arrebate el trabajo a nadie. Y suponer una sociedad, unas relaciones sin las perennes dicotomías y contraposiciones sociales es una vana ilusión infantil, no solamente porque a los pobres los tendremos siempre con nosotros (Mateo 26,11), sino porque la condición humana -desde el punto de vista del cristiano de la fe- es inmejorable e irreversible en este mundo -para algunos- creado por Dios, ya que la "creación" con sus defectos a través del pecado de Adán es irreversible, inmejorable e insuperable: (Cf. Urs Von Balthasar, en toda su obra, pero en concreto y como ejemplo en su "Verbum Caro" Vol. I. pág. 49. Ed. Encuentro, Madrid 2001: <"El kairós en que Cristo vino, este encuentro de los dos universalismos, es algo insuperable también desde la perspectiva de la teología de la historia…">, dice Von Balthasar.) Ninguna teología de la historia puede superar o "arreglar" este mundo. Esto es un producto progre exmarxista y luteranizado en la secularización absurda de un cristianismo sin Iglesia y sin teología, un cristianismo de analfabetos.

Por tanto, Amin, que no tiene trabajo por causas de sus relaciones (buenas o malas, forzado o no), no puede culpar a un ente inexistente, o dicho en plata, de sus relaciones no puede culpar a las relaciones mismas, sino a los sujetos operatorios concretos que se relacionaron con él o a su propia persona por no poder o no saber acaso relacionarse. En cierta forma uno es él y su circunstancia, pero las "circunstancias" orteguianas no pueden ser ellas mismas las "culpables"… Eso es demasiado cómodo. Las circunstancias no son sujetos sometidos a derecho y por tanto son siempre inocentes, es decir, que la metáfora siempre miente. Hace muy bien Amin en rebelarse contra Enrique, ya que es el sujeto operatorio que tiene más cerca.
Una total banalidad es decir que ……..<"las causas son sabidas…y las produce este Sistema"> (Pág. 39)……., pues suponiendo la petición de principio cierta, a saber, que la pobreza es "injusta", esta supuesta injusticia sería "natural", muy natural, puesto que no hay otro sistema. Ya hablaremos del "sistema".

Pero a todo esto, ¿qué es la sociedad?…Para el economista Jesús Huerta de Soto la sociedad es esto: <La sociedad es un proceso (estructura dinámica) de tipo espontáneo (no diseñado conscientemente por nadie) muy complejo (constituido por miles de millones de personas creativas) de interacciones humanas (principalmente intercambios sujetos a normas de conducta, muchos plasmados en precios monetarios) movidas por la fuerza de la función empresarial (creando, descubriendo y transmitiendo información, y coordinando de forma competitiva los planes desajustados de los actores) que hace posible la expansión de la vida humana.>(Jesús Huerta de Soto. Socialismo, cálculo económico y función empresarial. Unión Editorial 2005, pág. 84).
Hay relaciones o interacciones o conductas injustas y malvadas: el timo, la estafa, el robo, el engaño, etc., pero también se dan en esta misma sociedad interacciones o conductas justas y neutras y bondadosas, como por ejemplo pudieran ser las de compraventa al precio justo o las mismas interacciones con las personas sin hogar del propio Enrique. Por tanto esta sociedad no es ni justa ni injusta, sino que es simplemente una interacción de cuasi infinitos trasiegos. Si la sociedad fuese injusta, el mismo Enrique no podría ser justo en ella, pues él es también esa sociedad.

Se podría argumentar que esto es una perogrullada por lo ya dicho: que no hay ni puede haber otro sistema, y que este sistema o sociedad es, como el mundo Universo o pluriverso, irreversible e inmejorable. Ya hemos demostrado más abajo en el punto sobre la justicia junto con Aristóteles y Santo Tomás, que lo justo es dar a cada cual lo suyo, y que por tanto esta sociedad, esta relación del intercambio capitalista no es ni mucho menos……."una situación injusta creada por esta sociedad del bienestar" (pág. 90)……, pues donde nada hay no puede haber intercambio entre equivalentes, que es lo justo, sino si acaso generosidad y filantropía, que también pertenecen a "esta sociedad del bienestar" y que nada tienen que ver con eso de la justicia (curiosamente, es en las sociedades avanzadas de Mercado pletórico donde más ha avanzado el Derecho, es decir, la Justicia, y no sólo como ciencia, sino como práctica de esa ciencia devenida de las condiciones objetivas y materiales de esta sociedad, de este trasiego). La filantropía es un fenómeno de la opulencia, no de la escasez y de la pobreza de la vida.
(Es muy contradictorio el que un poco más abajo Enrique use el lenguaje del darwinismo al decirnos que las personas si hogar, en "su lucha por la supervivencia", lleguen a ser desconfiadas. Y es que si hay "lucha por la supervivencia" -como efectivamente siempre la hay- la pobreza es un resultado completamente natural y justo de esa encarnizada lucha darwiniana, en la que, el que menos puede, pierde. Así fue, así es, y así será siempre. Muchos hombres no serán píos, pero eso lo serán ellos, no "la sociedad".

En su abstracción idealista, Enrique nos dice en la página 38 que…."la dignidad de la persona está por encima de sus propias acciones y porque lo más cercano a no juzgar es creer en sus derechos"………Esto es falso. La dignidad de la persona son sus propias acciones (¿Acaso De Juana Chaos está como "persona" por encima de sus acciones?, ¿está por encima de sus 25 asesinatos?). ¿Qué sería una persona sin "acciones"? No existen personas fuera de la sociedad (pues hasta Dios mismo es Persona -o Personas- porque se relaciona consigo mismo (?) y con la creatura suya el hombre (¡y no con la "humanidad"!, pues su creatura es el hombre concreto, Adán, y no la sociedad), por tanto la dignidad de la persona sólo se puede dar en sociedad, en y por medio de su relación social, esto es, por medio de sus acciones (no importa que Enrique quiera encumbrar a los pobres a una dignidad alta porque sencillamente no la tienen: el atributo de persona no es una dignidad caída del cielo, sino dado en esta sociedad, dado por el Estado, como heredero de la Iglesia, como atributo jurídico). Por otra parte en los derechos no hay que "creer"… Los derechos no son una creencia, sino una imposición fáctica de deberes, o bien escritos -Constitución-, o bien consuetudinarios, de la costumbre. Para nada importa aquí la subjetiva y confusa "creencia" de Enrique. En los derechos no se "cree", pues o se gozan o se sufren materialmente independientemente de las creencia subjetivas y nebulosas de uno mismo. El Derecho y la Ley es lo mismo, y esta Ley y Derecho es Constitución, sea la que sea y como quiera que sea esa Constitución, y sea escrita o no escrita. Lo demás es meramente simple delincuencia.

Enrique cree en una persona no concreta, abstracta, idealizada…, que "está por encima de sus acciones", dice. Algo así como el carisma mágico devenido de lo alto del poético Parnaso. De ahí que crea en un mundo como no es y como "debería ser", ya que la realidad verdadera y que aún no es, está "impedida de realizar" por aquellos -burgueses y capitalistas (???)- que al final convierten todo esto en "utopía"…(Pág. 79) No hay que buscar en nuestro autor ningún atisbo de realismo político opuesto a la utopía, porque él cree que el derecho y la ley son su particular visión subjetiva del problema de la pobreza y su subjetiva compasión o filantropía. Filosóficamente Enrique es un irracionalista solipsista, a pesar de sentirse subjetivamente muy acompañado al acompañar él a los pobres sin hogar. Pero el solipsismo irracionalista no es una característica del cristianismo ni del socialismo extinto marxista…, es, muy al contrario una característica del fascismo y del nazismo hitlerita (el odio contra el judío mutaba en amor hacia el ario puro, de igual modo el odio contra el burgués y contra el capitalismo muta en amor hacia los pobres y viceversa, a saber, que el supuesto amor hacia los pobres muta en odio irracional hacia el sistema, hacia "la sociedad" que él dice injusta. Un sistema que es el único que nos ha permitido tener tiempo y la suficiente opulencia para dedicar parte de nuestras energías a los pobres sitos en él. De aquí la impostura moderna, ese rasgo del hipócrita urbanitas moderno antisistema).

…….."La sociedad da poco a los que no tienen nada"…… dice Enrique en la página 97.

Poco por nada es bastante, es una relación ventajosa para una de las partes desde el punto de vista de la justicia. ¿La sociedad otra vez? No es la sociedad la tacaña o la que no da nada, soy yo, eres tú o aquel otro, y si lo poco que damos los sujetos reales es a cambio de nada, menos es no dar nada (como ha ocurrido siempre en todas las sociedades de casta, teocráticas, etc.)… Son los hombres concretos otra vez los que en sus relaciones no dan nada o dan poco. Pero eso no es injusto porque lo único injusto es el robo o el timo o la estafa. A nadie se le puede obligar a dar algo, y por tanto, el dar o no dar no es cosa de la "sociedad" ni de sus leyes, sino de los sujetos operatorios (las limosnas no son un deber ciudadano). Yo, supongamos, no deseo dar nada por no ser ni generoso ni filantrópico…¿Por qué he de estar obligado a dar algo al que nada me da a cambio? Cuando la "sociedad" da algo en realidad lo pagamos todos….¿Y qué relación "justa" es la que algunos tratan de imponer con su opinión a muchos? El que desee dar que dé, que lo dé todo si ese es su deseo y marche a la calle con ellos y en pos de su Cristo particular. Pero que no nos imponga a los demás publicando su subjetivo y más que dudoso parecer que, a veces, sólo se ejerce por culpa de la "mala conciencia" o la conciencia culpable del individuo ideologizado por el propio sistema capitalista (pues no hay otro).

Por tanto la situación de los sin hogares o de los pobres en general no es una "situación injusta" (otra vez en la pág. 116), sino des-graciada ( http://lema.rae.es/drae/?val=gracia ) o desafortunada por causas objetivas al margen de la ley, y por tanto al margen de la justicia. Lo injusto es quitarle a cualquiera su propiedad, sea la que sea y sea de quién quiera que sea. Lo que ocurre es que en el librito se mezcla la justicia, que es hija del Derecho, y el Derecho siempre es estatal, con la moral, que es hija de la Costumbre y la religión (que también se dan en el Estado y nunca fuera de él), pero aunque el derecho surja muchas veces de la costumbre, no toda costumbre -mores- es siempre derecho. Luego se mezcla la subjetiva ética propia con la moral, y así todo es un mar de confusiones.

Y además…¿Acaso en esa página 116 no se les quita su supuesta vivienda (que no lo es, pues un puente público no es ninguna vivienda) para poder hacer el trazado y la estación del AVE que todos nosotros, incluso el autor, disfrutamos? Como se puede ver, yo no entro en si la "sociedad", o sea, el Estado español (no el manchego o el catalán, que ni de España se acuerda de tan ideologizado que está nuestro autor) debe o no poner unas viviendas gratuitas para los pobres sin hogar, ya que el deber moral no es siempre un derecho de obligar.
Sólo trato los aspectos lógicos de una argumentación progre (pues ya ni tan siquiera se puede hoy ser progresista sin caer en una total impostura) sobre lo justo o injusto de las leyes y de estas relaciones a las cuales todos llamamos sin saberlo "sociedad", hipostasiándola. Por tanto los beneficios del Ave no son "para beneficio de nuestra sociedad", esa rara señora, sino para beneficio nuestro, de todos los reales sujetos, incluyendo aquí incluso a los pobres sin hogar, ya que las infraestructuras industriales benefician a toda la estructura y base social, de nuestras relaciones, por ejemplo, médico-sanitarias, etc. Uno se pregunta si los de Arrels usarán el Ave alguna que otra vez, o si el hierro de las camas en las que duermen los pobres no es transportado por tren, pues todo lo social se halla imbricado con todo lo otro social: http://www.filosofia.org/filomat/df054.htm . Esa imbricación que nos beneficia más o menos a todos es la sociedad industrial en la que se da eso de "el progreso".

La pobreza no es nunca un "daño colateral de todo progreso", como ahí se dice (pág.116)… La pobreza o la escasez de bienes es el estado natural de todas las especies animales, y sólo el hombre -y no todos- ha logrado salir de esa escasez y pobreza de bienes por medio del "progreso", por medio del crecimiento económico y la tecnología y la inversión de bienes de capital. Lo único que ocurre es que, al ser la desigualdad un producto o efecto inherente a la igualdad salvaje de partida, siempre pervivirá con nosotros, pues pedir un mundo rebasable, superable y perfecto (¿sin el pecado de adán?) es cosa de necios, de hombres que están en las nubes.
Si algún día desapareciera la pobreza, sería sin duda alguna por causa de la opulencia creada por el "Sistema capitalista" de bienes y servicios dado en este Mercado pletórico nuestro, y no por los gorrones franciscanos de este mundo. Ninguna otra supuesta sociedad lo podrá hacer, pues son la ambición y el egoísmo los motores del verdadero progreso económico que podría poner tantas camas para los sin hogar como bicicletas tiene Holanda: el móvil es el lucro, el negocio; el resultado es la realidad presente de opulencia incluso en la actual crisis. Las soluciones nunca vinieron de la caridad franciscana -ese gorronismo- sino de la producción y tecnologías industriales, que son hoy más que nunca las que han posibilitado que vivan en el planeta 4500 millones de personas fuera del nivel de pobreza. Más que nunca en toda la historia.

Por tanto, la "sociedad" no nos pide nada, como se nos dice en la página 154… Sólo nos lo pedimos a nosotros mismos por ética, por una moral determinada o por nuestro nivel de sindéresis ( http://lema.rae.es/drae/?val=sind%C3%A9resis ), pero nosotros no somos "la sociedad", y ni Enrique ni Arrels son "la sociedad"… Son y somos sólo una parte de esas relaciones a las que llamamos sociedad, y por tanto, como partes se encuentran o nos encontramos enfrentados a muchas o varias otras partes diferentes y con intereses divergentes cuando no frontalmente opuestos (partes extra partes: http://www.filosofia.org/zgo/zgfe2503.htm). Un mundo idílico de ser todos en el Todo y de partes intra partes sin divergencias, no sólo es un sueño vano, sino una locura de la ausencia de razón o de información.

Por ello es vana esa llamada a una "mínima sensibilidad social" y nadie puede tener lo que no es suyo. No tenemos ninguna "sensibilidad social" (pág. 155) por la simplicísima razón de que toda sensibilidad es individual y subjetiva de cada uno. La llamada a la supuesta "sensibilidad social" es una llamada a que los otros hagan lo que nosotros hacemos, es una velada imposición dictatorial de nuestros intereses o nuestro propios puntos de vista ideológicos (por muy bondadosos que sean o se supongan), pues eleva la propia sindéresis particular a deber social, a deber de los demás, y esto es inadmisible, entre otras cosas porque este es el núcleo del despotismo (Cf. Max Weber). Por eso en la página 154 se dice que "la sociedad", ese conjunto al que nuestro autor le ha dotado previamente de una misteriosa y extraña personalidad, "nos pide concreción y resultados, eficacia y producción…" (confunde a su conciencia de puritano luterano con "la sociedad", la cual evidentemente, como conjunto a distancia que es, no pide absolutamente nada) o como se dice en la página siguiente después de pedir personalmente unas reivindicaciones a favor de las personas que no tienen un techo al que se le pueda llamar hogar: "es lo que pensamos y lo que nos sugieren estas estadísticas al menos a quienes tenemos una mínima sensibilidad social"…Es decir, se nos viene a decir que la sensibilidad (¡sic!) de nuestro autor es la sensibilidad social, la sensibilidad de todos, del conjunto al que él llama "la sociedad". Cuando menos hemos de decir que nosotros, perteneciendo a ese conjunto y estando inmersos en estas relaciones sociales (y esto es una tautología), no tenemos esa "sensibilidad" o nos sabemos fuera de esa "sensibilidad", por lo que ese aserto de que la sociedad sea "sensible" es por completo otra metáfora tan falsa como todas las demás, y no sólo porque los conjuntos abstractos al no ser animales concretos no pueden tener ninguna sensibilidad, sino porque se postula la propia sensibilidad personal como una supuesta virtud a imitar por todos los demás. Lo cual es demasiado y es, como hemos dicho, el núcleo del despotismo.
………….

Enrique se hace en varias partes del libro una pregunta: "¿Qué hago yo cada martes de cada semana recorriendo las calles de Barcelona?". Enrique se pregunta el por qué hace lo que hace. La respuesta es muy fácil: por vanidad. Por vanidad y porque tiene tiempo y la suficiente energía y opulencia lograda en esta "injesta" sociedad para poder dedicarse a ello.

<"Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 
Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo…….. Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.">
 (ECLESIASTÉS, 1).

***********

El Sistema.

<Cuando un discurso religioso divide a la gente en afortunados y desafortunados, resulta eo ipso una chapuza, porque desde el punto de vista religioso todos los seres humanos están sufriendo…>(Sören Kierkegaard. Post Scriptum).

Decir sistema es decir sociedad. El "sistema", en tanto sistema económico, ese ogro del progresismo y de la ignorancia progresista, no sólo es el único sistema que existe (el otro sistema se hundió estrepitosamente en 1989 con la caída de la URSS y del Muro de Berlín), sino que es este sistema el único posible y con el que mejor nos va a escala global. El sistema capitalista es el que ha posibilitado elevar en miles de millones el número de personas con un nivel de consumo como antes jamás se había logrado en toda la historia de la llamada "humanidad"…La situación económica hoy es mejor que nunca antes en toda la historia: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/22/economia/1363979003.html . El grado de obesidad y de recursos dedicados a las mascotas caseras, crece.

Y todo gracias a este sistema denostado por la irreflexión y la ignorancia del progresismo luteranizante que desea eliminar las diabólicas diferencias y establecer una cosa confusa sin estas esenciales y perennes diferencias o dicotomías. Este progresismo tardío, cuando ya ha sido derrotado el movimiento obrero en todo occidente y en todos los países industriales y el socialismo real se ha hundido, cuando la socialdemocracia perdió todo su bagaje en le república de Weimar ( http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la-crisis-de-la-democracia.pdf%E2%80%8E ), cuando apenas queda casi nada del marxismo, entonces va este progresismo propio del panfilismo pequeño burgués y se abroga desde la más crasa ignorancia una supuesta crítica a este sistema demoliberal y capitalista vigente sin ofrecer ni una tesis política sobre otro sistema (iden el 15M), ni una sola idea de como cambiar supuestamente las cosas y cómo lograr hacer "un mundo mejor", un mundo que se considera superable y corregible. No ofrecen nada porque nada tienen.

Por eso para estos pequeños burgueses y habitantes cómodos del sistema, la pobreza en el mundo es un argumento que les consuela y les da utilidad a la filantropía y compasión que ejercen como si esto fuese lo propio de las "izquierdas", cuando la raíz de la filantropía y de la misma compasión es profundamente y desde siempre cosa de la "derecha", esto es, de los piadosos para con los desafortunados y desfavorecidos. Bien mirado, la oveja más descarriada digna de ser buscada debería ser el peor, el más malo, esto es, el burgués capitalista, y si es ladrón, mejor, ese bufón y menial servants del capital que es, según ciertos parámetros religiosos, el más grande pecador. Dada la inversión y perversión ideológica estos filántropos se sienten más a gusto creyéndose de "izquierdas" que no como lo que son en realidad, sin ni saber tan siquiera qué cosa es eso de las "izquierdas". La mayoría son teístas, pietistas, y poseen una concepción monárquica del mundo, pues donde Hegel en lugar de Dios puso al Estado, estos progres de hoy ponen en lugar del Estado a la "Humanidad", como si fuera posible hacer de ese sustantivo una persona jurídica digna de los mejores laureles. La Humanidad es el dios y el ídolo de estos cristianos sin Dios y sin Iglesia.

Mt. 26, 6-11:<Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. 
Y entendiéndolo Jesús, les dijo: "¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.>
(Mateo 26:11) 

Lo que más se ignora es que el remedio mejor para erradicar la pobreza mundial no es otro sino el desarrollo económico capitalista, esto es, la relación social más importante -en número e importancia para la vida- de todas las relaciones que realizan los hombres, a saber, la relación de intercambios en el Mercado pletórico de bienes y servicios.
"Sociedad" sólo significa relación, y no hay ninguna duda de que la relación humana más importante y abundante son las relaciones económicas de intercambio logradas en el sistema capitalista. Tomás de Mercado, un dominico de nuestra escolástica fue un monje que escribió la "Suma de tratos y contratos" (Sevilla, 1571), no fue un "fascista" ni un burgués servants del capital.

http://www.eumed.net/cursecon/economistas/mercado.htm

Tomás de Mercado (por poner a uno sólo de nuestros sabios escolásticos) era un monje al que jamás se le ocurrió la estupidez, la inmensa estupidez, de despotricar contra el mercado, contra el sistema. Eso sólo ocurre en nuestra triste época abarrotada de prejuicios pánfilos inducidos por una determinada ideología suicida…. http://www.opinioneslibres.es/unaustriacoenlamachina/?p=643 desde una derecha que no se conoce ni a sí misma puesto que tampoco sabe que son las "izquierdas": http://www.fgbueno.es/gbm/gb2008md.htm

Para los economistas, y no precisamente muy occidentales, <"la herramienta más poderosa para sacar de la pobreza a una nación no es la ayuda ni la compasión, sino el crecimiento. Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya, en un reciente libro, lo han mostrado para el caso de la India, uno de los países, junto a China, que ha registrado mayores progresos.> ( http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/22/economia/1363979003.html )


Dice nuestro entrañable autor de Con cartones por la calle:<Debí hablar más de la mirada crítica, del posicionamiento ideológico en el que me muevo y que me lleva a aseverar que las causas de que haya exclusión son principalmente estructurales, provocadas por un sistema perverso e injusto, que crea y acrecienta las desigualdades. Está en el libro, pero hay que decirlo con fuerza.>….. ( http://enriquerichard.es/2013/04/25/ya-dejamos-st-jordi/ )

Aquí Enrique Richard ignora -es decir, no sabe- que también las causas de las viviendas que gozamos tantos millones de personas son " causas estructurales" y también estos millones de viviendas (de alquiler y de propiedad) que gozamos todos han sido provocadas por este "sistema perverso e injusto"…¿Cuando en la historia hubo más igualdad ante la ley? ¿Y cuando en la historia hubo tantos millones de personas pertenecientes a la opulenta clase media…, y además… es en este sistema "perverso" en el que se dan más personas ricas como nunca las ha habido, y eso a pesar de la distancia entre ricos y pobres. Esto, que es verdad, también habríamos de decirlo con fuerza. Por lo demás, este sistema es lo normal, lo que existe, la única VERSIÓN presente hasta el momento presente y por ello no es per-verso, pues no es otra "versión", es la versión suya y la que rige, la dominante, por tanto no es un sistema "per-verso" como alegremente se dice. Lo perverso es lo que se sale de la versión corriente, es decir, lo que sale del autor, de Con cartones por la calle. Eso sí que es per-verso pues que es y se desea otra versión (una versión compasiva, pero confusa y nebulosa, que no se atiene a una racionalidad lógica, y que desde luego, no por honrada es la dominante, y demos gracias de que sea así). Si todos hiciéramos como estos pietistas compasivos constantemente y a toda hora, en la calle habría millones de pobres sin hogar, en lugar de miles. Por tanto el perverso es el autor de Con cartones por la calle, es él el que da otra versión, una versión esotérica que en la cruda realidad no es seguida por casi nadie que vive y trabaja ocho horas en este sistema.

El sistema es el deus est machina para mantener estas posiciones ideológicas que se reducen a la mítica "culpabilidad del mundo" propia del fundamentalismo religioso y del anarquismo de izquierdas, "porque que conste que las causas son sabidas… y las produce este sistema"(pág. 39). En cierta forma esto es cierto, pues no hay otro sistema ni se nos propone otro sistema, con lo que las supuestas causas de la supuesta exclusión de los sin hogar son debidas sin duda a este único sistema, es decir, a estas nuestras relaciones sociales (aunque las causas son siempre muy complejas). Innecesario debería ser recordar que la "auto-exclusión" o la dimisión de esta única sociedad por parte de muchas personas ahora sin hogar son producidas por la propia voluntad de estas personas (el autor del librito esto lo sabe de sobras), voluntad que también la produce este sistema, pues esa voluntad propia y libre de esas personas es parte misma del propio sistema, ya que sólo hay un mundo, y no dos. No se propone en el librito otro sistema y únicamente se nos dice que este sistema es injusto…



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Pero la supuesta injusticia de este sistema no sólo es la que produce estas viviendas del Ayuntamiento de Barcelona y de muchos otros lugares de España para los pobres y los sin hogar…, también es este sistema el que produce hasta el propio sentimiento de piedad del autor mismo de Con cartones por la calle. Pero este sistema (abarrotado de derecho positivo y de derechos humanos y de gentes compasivas que anhelan el "cambio histórico") no puede producir ni ser causa de una universalización de esa piedad o com-pasión de igual modo como tampoco puede este sistema producir o causar una racionalidad lógica en todos y para todos por muy inmejorable que pudiera ser la educación administrada. También este sistema es el que produce analfabetos relativos que subjetivamente se creen con potestad para juzgar al propio "sistema" que les ha hecho posible su propia vida (capitalista y opulenta, inmersa en las relaciones capitalistas de producción) económico-laboral, social, familiar, etc. El sistema lo es todo y nada hay fuera del sistema. Criticar al sistema desde dentro de él -y no hay otro lugar- y desde la acomodada com-pasión del pequeñoburgués urbanitas es simplemente una total impostura, a menos que uno no coja la postura del sincero: Abandónalo todo, niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día y sígueme(Mateo 16:24, Marcos 8:34 y Lucas 9:23)…, y en este abandónalo todo lo primero que hay que abandonar es al propio sistema y hacerse uno igual, exactamente igual, que los pobres: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, y sin embargo pierde o se destruye a sí mismo?"(Lucas 9:24-25). Pero entonces…¿Qué culpabilidad tendría el sistema en la puesta en práctica de esa sincera voluntad de dimisión? Ninguna. Porque precisamente ese abandónalo todo incluye el abandono del inane proyecto de querer cambiar ilusamente el mundo. Cristo esto lo sabía, pero esto es lo que ignoran nuestros luteranizados progres.
El sistema, el mundo, en sus aspectos laureados del perfeccionismo social (¿socialista o socialdemócrata, o divagante e indefinido?) es inmejorable e insuperable y prácticamente incorregible principalmente desde el punto de vista de "la Creación divina", una creación con sus diferencias, ya que lo creado por Dios no lo puede superar en modo alguno su propia creatura inmersa en la diferencia. Hans Urs von Balthasar nos dice a este respecto que <Ni la escatología de futuro es aislada como en la apocalíptica del judaísmo tardío, ni la cruz se convierte en la signatura de la presencia paradójica de la eternidad en cada instante, como en Kierkegaard. Se ve hasta que punto aquí -en contraposición a las teologías de la liberación- el imperativo categórico de la actuación cristiana y dedicación en favor de un mundo justo puede realizar sólo aproximaciones al Reino inconstruible, esperado para el final, diseñadas (y bendecidas) por la cruz. Entonces no se puede ver ya el Reino de Jesús en un cambio histórico de las situaciones impías del mundo y del hombre. Su futuro no se desprende de las tendencias históricas del mundo.>(Teodramática. Ed. Encuentro. Vol. 5, pág. 168). Ironía es que la mayor corrección o alteración del mundo, esto es, del sistema, provenga de su inmanencia tecnológica en la cual y de la cual nos aprovechamos todos. Incluso los pobres sin hogar aprovechan esta tecnología propia de este sistema, pues crudamente, por lo menos a veces, encuentran un banco callejero en el cual esperar la superabilidad del mundo por parte de la Ilusión, que es a su vez, un fruto ideológico de este injusto sistema, tanto si se sabe como si no.

En el librito se equipara la llamada justicia social con la igualdad económica (no se da aquí, con una supuesta redistribución de la riqueza a cada cual lo que es suyo), o lo que es lo mismo, se hace un reproche a las diferencias sociales, es "el pero de la DESIGUALDAD"<"La desigualdad de los que tienen más a los que tienen menos, de los que influyen a los que no tienen influencia, de los que mandan siempre a los que son mandados siempre, de los que derrochan a los que no tienen casi nada, de los que andan sobrados a los que tienen que pedir, de los que son y han sido siempre ricos a los que nunca han dejado de ser pobres, de los que oprimen a los que son oprimidos… Siempre hay clases y eso se nota."> (pág.54)
Por tanto se desea una sociedad, esto es, unas relaciones sociales sin "clases", puras y exentas de todas las negras y malignas "diferencias" sociales, o diferencias de relación…, pues todas las personas somos verdaderamente iguales, como se dice en el punto 7… Pero para que las personas sean iguales ante la ley tienen que ser entre sí exactamente iguales en tanto que personas (y la persona lo es, es idénticamente igual, como sujeto jurídico, que es lo que significa ser persona, pues uno no nace "persona", sino meramente nace en tanto mero animal. El atributo de la personalidad lo da el Estado como antes lo daba la Iglesia a través del bautizo, pues sin bautizo no había persona cristiana, que es así espiritualizada por medio del agua que limpia la fatalidad del pecado de Adán, de lo originario sin gracia, desgraciado). Por tanto ante el derecho sólo se presenta la igualdad, no las diferencias…, precisamente porque la justicia es dar a cada cual lo suyo.
En la sociedad, es decir, en las relaciones políticas entre personas, el "sistema" se constituye sobre y en las diferencias de roles o status sociales, no en la diferenciación de personas, pues las personas en tanto personas somos todas iguales. La diferenciación del sistema y en el sistema (de todo y en todo sistema) existe siempre y siempre existirá porque esta diferenciación es su misma constitución (todo ser se constituye y se construye en y por las diferencias), la constitución misma del propio sistema, su condición constitutiva, de tal forma que en un absurdo caso hipotético en que no se dieran o no pudieran darse las diferencias sociales (de propiedad, pero no de personalidad), no se daría el mismo y propio "sistema" y no sería necesaria ninguna relación social, es decir, no cabría sociedad, ni política, ni habría pobreza ni riqueza y nada sería posible pues toda posibilidad lo es por las diferencias. La anulación de las diferencias sociales es el salvajismo.
El rol político de clase, esas diferencias sociales, de relaciones de la propiedad en el mercado, no puede anularse sin anular a la vez el propio sistema, cualquier sistema. Y esta pretensión es además pueril y absurda, pues todo sistema está esencialmente basado en las diferencias de sus partes extra partes. (Cf. Ignacio de Otto y Pardo. Obras completas. Teoría del derecho y la Constitución, pág. 456). Por ello siempre hay y habrá clases y eso se nota, dice el autor. ¡Y tanto que se nota!, pues la diferencia es el ser constitutivo del mundo (M), esto es: "La Idea ontológico-general de Materia (M) la entenderemos como la Idea de la pluralidad indeterminada, infinita, en la que «no todo está vinculado con todo» (= negación de un orden o armonía universal)". Y de igual modo a como el esclavo es junto con el amo parte constitutiva de la sociedad esclavista, así el asalariado es junto con el empresario parte constitutiva de la sociedad capitalista. La esencia de la política es la diferencia o la existencia del mando y la obediencia de igual modo a como la esencia de la religión es la diferencia entre el cristiano y el pagano o la Gloria para unos y el Infierno para otros. Todo es diferente y des-igual. Curiosamente, es sólo en la esencia de la economía, en sus relaciones, donde se dan una más grande y mayor práctica de la anulación de las diferencias y de la justicia al ejercerse los cambios entre justos equivalentes siempre y cuando las relaciones o transacciones sean libres y normales, o sea, en las transacciones de las diferencias materiales y valorativas propias del mercado. El precio justo es la reducción de las diferencias a un acuerdo jurídico y pacífico de conveniencia: Cf. Luis de Molina. La teoría del justo precio. Ed. Maxtor, Valladolid 2011.

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José Mª Rodríguez Vega

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MensajePublicado: Mar Jun 11, 2013 5:05 am    Asunto: Los sentimientos Responder citando

Los sentimientos.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/arrels-fundacio-ningu-dormint-carrer-sin-techo-2277719

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Los sentimientos están de moda, es la parte no racional del ser humano, es lo irracional, lo irracionalista, lo que no se guía por la razón, lo que prevalece por encima del razonamiento lógico y cerebral… Partimos incluso de la base de que muchísimos sentimentalistas ignoran qué cosa son los sentimientos al confundirlos con las emociones, con lo anímico, con el ánimo. Un sentimentalista, podríamos decir, es sólo todo aquél que considera al senti-miento la única manera o la mejor manera de decir, de mentar a las cosas y al mundo.

En la época anterior al presente en que el marxismo era una filosofía política potente, y no en manos de miserables analfabetos vendepatrias como ocurre hoy en día, el irracionalismo era considerado como una de las características del fascismo, así arranca para Georg Lukács en su El asalto a la Razón ese irracionalismo -que por otra parte ha existido desde siempre- de Federico Nietzsche, al que le dedica un capítulo en su obra (Grijalbo 1972, Cap. III) titulado: "Nietzsche, fundador del irracionalismo" y lo considera "el filósofo más descollante de la reacción imperialista".
Pero para ser un irracionalista no es necesario haber conocido ni leído a Nietzsche y menos a Lukács. Basta con darle a los sentimientos una desmesurada importancia y creer que, de algún modo, se anteponen a la razón del cerebro (Apotético/Paratético) y que ellos son más meritorios o más excelentes que la dura y "fría razón". Si antes eran los irracionalistas lo más descollante de la reacción imperialista, ahora, después de las mutaciones de las izquierdas definidas hacia las izquierdas indefinidas y divagantes, los sentimientos, lo irracional, y hasta el mismísimo sentimentalismo ñoño y panfilo, pasa y se dice de "izquierdas" y destaca por todas partes emparejado al triunfo de la "Verdad", de la verdad de los buenos maniqueístas, claro. Tal ha sido la perversión de lo racional por el triunfo burgués, del imperialista/burgués, según el léxico viejo, esto es, fascista, de todo lo que esos sentimentalistas panfilo-ñoños dicen despreciar o no apreciar. El sentimentalismo en boga es un triunfo nítido y claro de ese imperialismo-capitalista que es lo denostado por todos los sentimentalistas, desde los amantes de los galgos hasta la última y necia ONG.

Ahora traeremos a colación a Santo Tomás, el muy ignorado por todos los luteranos sentimentalistas. Santo Tomás en el "puro Amor" porque no ve en él sentimientos (motivos y emotivos, pues Dios no se mueve), sino porque… <"La ciencia que se atribuye a Dios no está considerada como hábito, sino como acto, porque él siempre conoce todo de modo actual…>(Opúsculos III. BAC 2005, pág. 17) De donde conocer es amar, pero no al revés, que no es posible amar sin conocer…¿Y quién conoce a Dios?

Es evidentemente falso que el corazón, esa víscera bombeante tan famosa, sea "la sede" de los sentimientos, en particular del amor.
"Dichosos los que tienen un corazón puro" (Mt 5, Cool. Hoy, a pesar del Apóstol Mateo, podemos tener hasta un corazón trasplantado.

Lo esencial ahora es remachar que Santo Tomás no tiene una predisposición muy lisonjera respecto de los sentimientos y que todo en él es juicio y ciencia y saber:<“La sabiduría implica cierta rectitud del juicio según razones divinas. Pero esta rectitud de juicio puede darse de dos maneras: la primera por el recto uso de la razón; la segunda por cierta connaturalidad con las cosas que hay que juzgar. Así, por ejemplo, con el plano de la castidad juzga rectamente inquiriendo la verdad, la razón de quién aprende la ciencia moral; juzga, en cambio, por cierta connaturalidad con ella el que tiene el hábito de la castidad. Así pues, tener juicio recto sobre las cosas divinas por inquisición de la razón incumbe a la sabiduría en cuanto virtud natural; tener en cambio un recto juicio de ello por cierta connaturalidad con las mismas proviene de la sabiduría en cuanto don del Espíritu santo. Así, Dionisio, hablando de Hieroteo en el c.2 De divi. nom. § 9, dice que es perfecto en las cosas divinas no sólo conociéndolas, sino también experimentándolas. Y esa compenetración o connaturalidad a las cosas divinas proviene de la caridad que nos une con Dios, conforme al testimonio del Apóstol: “quién se une a Dios, se hace un sólo espíritu con Él” (1 Cor 6,7). Así, pues, la sabiduría como don, tiene su causa en la voluntad, es decir, la caridad; su esencia, empero, radica en el entendimiento, cuyo acto es juzgar rectamente, como ya hemos explicado”> (S.Th.IIª-II, Qu. 45, artº 2, in c.).

Esto es, la caridad radica en el entendimiento, no en el senti-miento.
O dicho en plata, a saber y como decía Unamuno: todos los tontos son malvados. http://www.riial.org/stda/connatural.htm

Se nos dice: Muta cor et mutabitur opus!, "cambia el corazón y cambiarán las obras". Es al contrario, cambia tu sabiduría o tus conocimientos y cambiaran las obras. Al poder le interesa que seas tonto y que ames al universo entero mientras no lo pienses.

El psicólogo idealista Eduardo Spranger, de manera similar a las esencias freundianas o géneros weberianos, clasificó las principales formas de vida. El valor dominante, el ethos (la orientación -dice él- de los sentimientos) y la forma de vida se corresponden. Dice Spranger:

1. Vida económica: valor dominante: la economía, la utilidad; ethos positivo: la dedicación al trabajo y a la profesión.

2. Vida estética: valor dominante: la hermosura y su noble disfrute; ethos: cuiturización, cultivo de la armonía de la personalidad.

3. Vida heroica: valor dominante: la fuerza, la nobleza, el heroísmo, etc. ; ethos: señorío y fortaleza.

4. Vida intelectual: valor dominante: la ciencia; echos: dedicación a la investigación de la verdad, veracidad, objetividad.

5. Vida social: valor dominante: unión con la comunidad: ethos: el don de sí a sus semejantes, altruismo.

6. Vida religiosa: valor dominante: Dios, la comunión con Dios, la salvación del alma; ethos: don de sí á Dios, renuncia a lo terreno.
No hay ni una sola forma de vida de Spranger que no se halle involucrada con todas las demás.
Al sentimentalismo, al ethos del sentimiento o la emotividad movida por una determinada filosofía de los valores le corresponde, la filantropía, el altruismo. Pero eso nada tiene que ver con la postura religiosa cuyo ethos es únicamente Dios o lo que es lo mismo, la renuncia de lo terreno y la atención preferente del "alma". Nada de todo esto de la renuncia hace el luterano ñoño de nuestras domesticadas urbes cuyo ethos es solamente la compasión y la pena, que le mueven (emotivamente y no senti-mentalmente como él cree) hacia el amor hacia los demás, pero hacia todos los demás, hasta incluso los lejanos, aunque le arruinen de tantos que son, su propia patria.

Por tanto, a ver si nos enteramos de una vez, que engañarnos a nosotros mismos no vale de nada. El libro lo ha escrito Enrique Richard con su cerebro, ¡con su razón!, con sus manos y con una pluma o con un ordenador, que son objetos materiales…, y no con el "corazón" o los sentimientos como dicen algunos comentaristas del libro creyendo decir algo. El corazón es únicamente una víscera para bombear sangre y nada más. No es la sede de los sentimientos ni de las emociones. El corazón no escribe libros ni hace absolutamente nada excepto bombear sangre (¿es que un trasplantado escribiría y "amaría" con su "propio" corazón?) Y no es tampoco un grito "DESDE la desesperación de la gente", como se dice, sino desde la esperanza y los sentimientos o emociones de Enrique, que no es ningún desesperado, que yo sepa. La "desesperación de la gente" es irrecusable, intransferible y otra cosa es la imaginación en la com-pasión, pues Enrique, por lo que sé, no duerme cada día con ellos en la calle, sino "felizmente" en su casa como tú y como yo, lector.
No critico yo la "literatura" del autor (a mi eso no me interesa), sino su ideología, la ideología que a mi modo de ver le domina para su perjuicio y para daño de todos… La ideología anticapitalista está dada por el propio sistema capitalista al cual se maldice y del cual muchos individuos enclasados muy a gusto en él, se hinchan de denostar. La ideología anticapitalista es una ideología burguesa -de los pijos acomodados en la opulencia y la felicidad canalla y plebeya-, que no es ni una ideología de "izquierdas", pues para las izquierdas definidas antiguas y extintas, para las verdaderas izquierdas el lumpenproletariado, para la verdadera clase obrera de esa izquierda y su revolución, con sus cartones por la calle, era una ignominia y un estorbo y una lacra social.

………………

Se comienza el libro (pág. 12) con una imposibilidad absoluta que se dice irreflexivamente:<A partir de este encuentro con la persona (con el pobre sin hogar), comienza toda una relación. Una relación de igual a igual, sin complejos, con respeto, sin esperar nada, pero aspirando a todo…> Aquí la relación de igualdad es sólo ante el Estado como personas jurídicas o igualdad meramente animal, como hombres, como Homo. Pero en todo lo demás lo que hay es una absoluta desigualdad material, pues el autor duerme en su hogar y está acomodado a la vida con los suyos en su ciudad y sólo establece con el pobre y sus cartones una relación semanal o poco más, y que además lo hace porque puede, mientras que el otro no puede nada. Aquí no hay ninguna "identidad de esencia", pues las personas son iguales jurídicamente porque precisamente son desiguales materialmente.
Los complejos los tiene el que no posee hogar y por tanto se encuentra en una posición de debilidad. Y hacer algo, lo que sea, sin esperar nada es absurdo y además falso, pues Enrique espera poder hacer dormir bajo techo al que duerme sobre cartones, por ejemplo, o darse a conocer, por ejemplo.

Hay en este librito un malentendido o una ignorancia muy grande de qué cosa son los sentimientos a pesar de que se nos habla de ellos constantemente. Diremos ahora que los sentimientos son únicamente aquellas impresiones físicas a través de los cinco sentidos y nada más. No podemos exponer aquí pormenorizadamente una teoría sobre los sentimientos (nos bastaría El mundo como voluntad y representación de Arturo Schopenhauer) y sólo diremos lo que hemos dicho arriba, que son lo más inadecuado para el uso de la razón, que son su opuesto, la mera naturaleza bruta aún y con que sabemos que la razón y el uso ineludible del cerebro son también naturales. El irracionalismo acaba en mero naturalismo:

<El regreso a una ética sentimentalista es el regreso al naturalismo, no al humanismo; es dejar la vida en manos de la naturaleza y no de la razón…………Nietzsche lo sabe; al contrario, su aparición histórica exige la muerte del hombre, para ser más rigurosos, la muerte del “último hombre”, que nadie duda en interpretar como el moralista ateo ilustrado. El “niño”, en definitiva, es la ausencia de culpabilidad, el reino de la impunidad. Tal vez un bello ideal, pero no una moral. Nietzsche así lo entendía; y Alain Finkielkraut en La derrota del pensamiento ve el postmodernismo como “una sociedad finalmente convertida en adolescente”. Aquí no vale la pena entrar a distinguir entre adolescencia e infancia; es preferible pensar si la sentencia “el Burgués ha muerto, viva el Adolescente!, que corresponde a una sociedad “que vacía las cabezas para poder llenar mejor los ojos”, no corresponde también a una sociedad “que vacía el alma de voluntad para llenar el cuerpo de sentimientos”...>

Y los ojos llenos, de los sentidos, el sentimiento de la vista, es lo que nuestro autor usa para mirar la calle con "la miras de querer ver"…<Y cuando te acercas y escuchas -a las personas sin hogar- con oídos de querer escuchar, oyes cosas que nunca antes habías oído…">, y estas cosas "oídas" -¿con la cabeza vacía?- son lo que <"la calle te va enseñando… cosas que NADIE antes te había enseñado y tu CORAZÓN se abre en la medida que aprecias lo rotos que están los de otras personas…>(pág. 1Cool.

Las metáforas sobre las vísceras darían para otro apartado. Es evidente que cuando se habla y se escribe así es posible cualquier maravilla que "nadie" te había enseñado y que "tu corazón se abre". Pero cuando el corazón se abre es simplemente un fulminante infarto y nada más, se mire como se mire. Tenemos aquí, pues, eso de Finkielkraut: “las cabezas vacías para poder llenar mejor los ojos”, ya que la "mirada" cumple un papel pleno de dignidad, pues… <"la calle nos está diciendo que hemos de cambiar la mirada. Una mirada que acoja; una mirada que acerque; una mirada que escuche; una mirada… que cargue nuestra relación de dignidad">(pág. 29) Todo es, como podemos ver, pura e irracional sensibilidad metafórica. Así con mirar con esa mirada acogedora ya tenemos medio mundo ganado y al pobre redimido o por lo menos ayudado: es la mirada divinizada, es el exceso de animalidad (lo `muy´ humano), es el regreso al naturalismo, inconscientemente, por medio de una total ideologización irracionalista que cree escuchar a "la calle" una vez a la semana. Y Enrique cree "saber escuchar":<Hablamos de la importancia de la mirada, pero en estas relaciones que se establecen en la calle, tanto o más importante que la mirada es el saber escuchar…>(pág. 33), tal es esta metáfora de la calle que dice, que nos habla, y el Enrique que la escucha (pág. 42), y la escucha porque "sabe escucharla". Una pura alma de cura con el oído atento el corazón ardiente y la razón embotada.

Así, revestido de un áurea propia del que sabe "escuchar" la calle, esa señora imaginada por Enrique, la "sociedad"…, no se para, no sabemos "parar":<Pero no paramos. Esta sociedad no es capaz de pararse y bajarse para saber lo que ellos necesitan. Si lo hiciera y se acercase sin prejuicios (¡sic!), con la mano tendida no sólo a dar sino también a escuchar y a recibir, sabríamos más cosas…>(pág.45)

Parar. Este es el objetivo de la poca razón en conciencia, la rationem conscientiae in módico. Pero la parálisis es la muerte in-mediata. No es necesario parar, pues la esencia verdadera de toda relación social es precisamente esa, el no parar. Escuchar y recibir, mirar y padecer. ¡Bellos sentimientos!, pero bellos sentimientos impropios de un paralítico.
Los sentidos, esos bellos sentimientos y el sentir (atributos no divinos). Esta es la cuestión esencial de las impermeables lagartijas y demás alimañas del mundo senti-mental (sensualis) de hoy en día.

Decimos junto con Hegel que lo verdadero es el todo (y tanto si ese Todo es Dios o es el Estado, ni el Estado ni Dios sienten, porque no pueden: los seres superiores están desprovistos de sentidos corporales). Pero el todo es solamente la esencia que se completa mediante su desarrollo… Lo opuesto a esto de la Fenomenología de Hegel son los sentimientos, porque son estrictamente particulares, es lo verdaderamente atomístico, individualista, que no se puede desarrollar nunca más allá de uno mismo. Los sentimientos son el genuino hijo del individualismo burgués.
Y esto del "sentir", ver, mirar, oír y tocar, oler y degustar, es lo sentido, el buen sentido. No se trata del tan escolástico buen razonamiento de la razón, y no se trata del cerebro como órgano pensante, sino de la razón, del magnífico bonum rationis ratiocinantis, no, no se trata de nada de eso. Se trata del irracional y magnánimo bonum SENSUALIS affectum cordis, o SENSUALIS affectum boni via, el buen sentimiento sentimental de los sentidos, o sea, el sentido común:<…Cuando discurre por el tranquilo cauce del sano sentido común, el filosofar natural produce, en el mejor de los casos, una retórica de verdades triviales. Y cuando se le hecha en cara la insignificancia de estos resultados, nos asegura que el sentido y el contenido de ellos se hallan en su corazón y debieran hallarse también en el corazón de los demás, creyendo pronunciar algo inapelable al hablar de la inocencia del corazón, de la pureza de la conciencia y de otras cosas por el estilo, como si contra ellas no hubiera nada que objetar y nada que exigir. Pero lo importante no era dejar lo mejor recatado en el fondo del corazón, sino sacarlo de ese pozo a la luz del día. Hace ya largo tiempo que podían haberse ahorrado los esfuerzos de producir verdades ultimas de esta clase, pues pueden encontrarse desde hace muchísimo tiempo en el catecismo, en los probervios populares, etc. No resulta difícil captar tales verdades en lo que tienen de indeterminado o de torcido y, con frecuencia, revelar a su propia conciencia las verdades opuestas. Y cuando esta conciencia trata de salir del embrollo en que se la ha metido, es para caer en un embrollo nuevo, diciendo tal vez que las cosas son, tal y como está establecido, de tal o cual modo y que todo lo demás es puro sofisma; tópico éste a que suele recurrir el buen sentido en contra de la razón cultivada, a la manera como la ignorancia filosófica caracteriza de una vez por todas a la filosofía con el nombre de sueños de visionarios El buen sentido apela al sentimiento, su oráculo interior -dice Hegel-, rompiendo con cuantos no coinciden con él; no tiene más remedio que declarar que no tiene ya más que decir a quien no encuentre y sienta en sí mismo lo que encuentra y siente él; en otras palabras, pisotea la raíz de la humanidad. Pues la naturaleza de ésta reside en tender apremiantemente hacia el acuerdo con los otros y su existencia se halla solamente en la comunidad de las conciencias llevada a cabo. Y lo antihumano, lo animal, consiste en querer mantenerse en el terreno del sentimiento y comunicarse solamente por medio de éste.>(G. W. F. Hegel. Fenomenología del Espíritu. Ed. FCE Mexico 1973, pág. 45)

Esta categórica condena de los sentimientos por parte de Hegel…¿serviría para hacer prevalecer a la razón y al racionalismo por encima de esa filosofía vulgarucha de las sintientes vísceras? Creemos que no. Que hay personas que hace lustros pusieron a dormir su cabeza y su razón en tres cartones cualquiera de la calle. Están más perdidos que los pobres de la calle. Tanto que ni lo saben. La labor de la filosofía es sacarlos de esa poltrona que consiste en tener a la razón con cartones por la calle. Esta obnubilación de la razón es la antítesis del cultivo, de la cultura.

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MensajePublicado: Mar Jun 11, 2013 5:07 am    Asunto: La justicia Responder citando

LA JUSTICIA. Fas lex divina, jus lex humana est.

La realidad es justa la que es, y no la de nuestra calenturienta imaginación. El "mundo" es el que es y sacrificar este mundo por un mundo imaginario es un acto de pura inmoralidad.
La supuesta "injusticia" de este mundo (¡como si hubiera tres o cuatro mundos!), no es tal… La justicia atiende al "Jus", y no al "Fas" (al mundo y no a Dios).

Jus -o Ius- (eso de la Justicia, pues jus viene según Ulpiano de justitia) es lo que ata y liga, la regla de derecho, lo que liga a todo el mundo, lo que impone a todos un deber o nos impone un derecho. Jus es el acto de imponer, es la consecuencia de esa imposición, el estado permanente de sujeción a nuestras instituciones o normas… De jus, jugum, jumentum, jumento, jungere: derecho y jugo, yugo (juzga el juez, sojuzga, y la ley subyuga). Cuando uno compra un kilogramo de naranjas a dos € el kilo y se le da un kilo por dos €, hay lo justo, se ha llegado a lo iusto, a la justicia, y es solamente a eso a lo que nos ata el yugo de los pactos y las leyes. Ulpiano dice que la justicia es "la firme y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo" (firma et constant voluntas jus susum unicuique trubuens).
Separado del Jus se encuentra el Fas (la fe, la religión), y esto está comprendido en las fasces que son sobrepasadas por el jus, por el hacha de las insignias romanas. Fas es el derecho religioso santo o revelado y lo que más se parece a eso en nuestra actualidad es el derecho eclesiástico… Dios y los hombres hace ya más de tres mil años que separaron sus fronteras respectivas: <Fas lex divina, jus lex humana est.>, dice San Isidoro de Sevilla siendo un consecuente separador de la Iglesia y el Estado. Fas viene de "aparecer", mostrar y decir -dicere-. Fas es entonces el oráculo divino, lo que se aparece como indicación divina. Son dos mundos separados y conectados -en Roma- por el Estado, por los Quirites o guerreros… Son dos esencias que aunque conectadas en el hombre, en el sujeto operatorio, no significan para nada lo mismo ni su objeto es el mismo como ya mostró Santo Tomás. En la justicia se trata de equivalentes, en las demás virtudes no.

¿Qué quiere todo esto decir? Que todo lo que se predica como "injusticia" se refiere sólo a las "fasces", a la Fas, a la Fe, a la religión, y que todo eso no es ni justo ni injusto, que nada tiene que ver con el Ius… Todo eso de la ayuda al pobre es simplemente una pura filantropía, una adicción o filiación de cariño al antropos, al hombre…, y me parece muy bien, pero ello no debería dar píe a usar de categorías Iurídicas (jurídicas) para moralizar, pues entonces uno simplemente no sabe ni lo que se dice.

Son dos diferentes esferas o esencias la justicia (que es antes que nada una categoría de la economía y devenida por la demanda de un salario digno o justo) y la filantropía propia de las fasces religiosas. Mezclarlas, no sólo divulga la permanencia del error y la frustración de no ver jamás realizados esos utópicos ideales, sino que se comete un algo que raya el ridículo, pues lo menos que podía hacer el filántropo es enterarse qué cosa es la Justicia, que no es ni mucho menos dar de comer al hambriento ni de beber al sediento si no tienen con qué pagar.
De eso, de dar gratis, se encarga como digo, la filantropía, no la justicia. Fas lex divina, jus lex humana est.

Aunque sea dura, la verdad es mil veces mejor que cualquier error bienintencionado. Sólo en las arcaicas teocracias se confunden las dos esferas que ya habían separado con toda nitidez los egregios romanos y toda la Patrística: por ejemplo, Santo Tomás en su definición de la Justicia.

Así algunos consideran que la igualdad social (y no la igualdad ante la ley) es lo mejor que nos puede ocurrir a todos, entonces están por los clones sociales propios del despotismo y en contra de la personalidad de cada indistinta persona, pues...:
<La igualdad formal entre las personas, como sujetos de derechos y deberes, está en oposición a la diversidad material que las personas (y, por tanto, sus mundos respectivos) requieren para ser precisamente personas con identidad propia. De hecho, ninguna persona se identifica con un sujeto universal: el sujeto personal pertenece necesariamente a un grupo social, a un ciclo cultural, a una clase social, es de una raza y no de otra, es un ciudadano y no sólo «un hombre».>
La llamada igualdad social sólo podría darse a la larga a base de injusticias, a base de hacer los cambios entre no equivalentes, lo que arrastraría a toda la sociedad al desastre en tres semanas o invertiría la riqueza y la dejaría en las manos de los que menos dan y reciben el doble, esto es, la pura sociedad leonina.

Santo Tomás de Aquino, en su Summa Theologiae II-II, q.58, a.1, define a la justicia como “el hábito por el cual el hombre le da a cada uno lo que le es propio mediante una voluntad constante y perpetua”… Y va encaminada esta voluntad al bien común, pues si fuese la cosa al contrario, a saber, dar a cada uno lo que no es suyo, la caridad -que no es un asunto jurídico- semejaría un robo.

Santo Tomás, pero ya en su respuesta a las objeciones dice: <"Que el juez da a cada uno lo que es suyo, actuando como el que manda y el que dirige; porque el juez es lo justo animado y el príncipe es el guardián de lo justo, como se afirma en V Ethic (Aristóteles 1132a21). Pero los súbditos dan a cada uno lo que es suyo, actuando como el que ejecuta."> (BAC 2002, pág. 476).

Luego hemos de dejar al "FAS", a lo fas-tuoso, a lo fes-tivo, a las fes-tividades y a los fas-tos religiosos la cuestión de la filantropía y de la generosidad, para no acabar en un fas-tidio, y para no acabar en un fastidiar fatalmente y fatigosamente lo fatídico de ver la fiesta de la verdad completamente corrompida, sin nada fastuosamente verdadero (este galimatías debe ser reflexionado). Cada cosa en lo suyo. Y sin importar si uno es rico o pobre, como dice y nos muestra el también muy cristiano Francisco de Vitoria:<Sócrates dio a Platón cien ducados. Si preguntamos cuanto debe devolver, en justicia, Platón a Sócrates, se responderá que lo justo es que Platón devuelva a Sócrates cien ducados, sin que se tenga para nada en cuenta la condición de Platón, esto es, si es rico o es pobre…>(Francisco de Vitoria. La Justicia. Comentario a la secunda secundae; cuestiones 57-61. Cf. Ed. Tecnos 2001, pág. 4) Y Vitoria dice que Santo Tomás prueba que "lo justo es lo mismo que igual"…, por el común leguaje de los hombres, que a lo justo llaman ajustado, como el zapato al pie o las calzas a las piernas. Es verdad que en la lengua latina quizá no se diga así ni se vea tan claro que justo es lo mismo que igual; pero en la lengua española se ve claramente; pues decimos ya está justo, ya viene justo, igual viene, lo que es lo mismo…ajustar, estar justo, pero no se dice nunca que algo es igual a sí mismo, sino igual a otra cosa. Luego necesariamente la justicia está en relación a otro…"-pues esa otra cosa es el objeto cambiado con otro-. Y lo igual a otra cosa es lo que se cambia, pues en el objeto de la justicia, es decir, en lo justo…,"no hay que tener en cuenta la condición del agente, es decir, si es rico o pobre el que compra, con tal de que dé lo equivalente…. Pero en el objeto de las demás virtudes sí debe considerarse esto. Hay que tener en cuenta la manera de ser del que come para vivir, para ver si es moderado o no. En efecto, lo justo dice por sí mismo lo que hay que hacer, por ejemplo, devolver los cien ducados que debo, sin tener en cuenta si soy rico o pobre, bueno o malo, sino sólo que los debo a otro. Y así decimos: debes; luego debes devolverlo sin más, sin considerar la condición de la persona misma, sino que debes cien, cien debes dar….Pues ciertamente, la justicia nunca considera si se trata de un rey o de un hombre poderoso, o si es bueno o pobre el que debe algo, sino que considera lo que es justo, es decir, que devuelva al otro lo que le debe. Pero en las demás virtudes hay que tener en cuenta la condición del agente.
Santo Tomás deduce de estas diferencias una conclusión principal: que el derecho es el objeto de la justicia, porque no considera la condición del agente, sino que está en relación a otro."
(Vitoria. Ibid. Pág. 6)

La justicia es, pues, "la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho" (ibid. Pág. 35), y esto es lo que la Constitución da, el derecho. Pero da el "derecho a la vivienda" y no la vivienda misma. Otra cosa es que las leyes y la misma justicia trabajen incesantemente por el logro de una vivienda digna para todos, y esto, presumimos, se logra mucho más con el desarrollo económico capitalista que con la filantropía poniendo en un brete a todos aquellos que despotricando del "sistema" ven lo logrado, sea mucho o poco, como un asunto devenido del cielo, y no como lo que en realidad es: un logro del Estado del bienestar y de la sociedad capitalista: http://www.conexioncubana.net/index.php/noticias/1318-cuba-subsidia-pobres-para-construir-casas



<Derecho, Estado e individuo…, y el Estado es el centro de la serie… El derecho, como norma pura, valiosa en sí, no fundada en hechos, constituye el primer miembro de esta serie. El Estado es quién ha de poner en contacto ese mundo ideal y el mundo de los hechos reales y constituye el único sujeto del [i]ethos jurídico. El individuo, por último, en tanto ser empírico y único, desaparece, dentro del Derecho y el Estado, para ser considerado sólo función de la realización del Derecho y recibir así su significación de un deber y su valor de un mundo ideal encerrado en sus propias normas………Desde una perspectiva científico-jurídica, sin embargo, lo único que importa en este asunto es la superior heteronomía de todas las normas jurídicas, no para destruir al individuo, sino para hacer de él algo susceptible de valoración desde el punto de vista del Derecho. Ese y no otro es el significado de la igualdad de todos ante el Derecho. El Derecho no conoce en efecto ninguna diferencia entre personas.
La impresión que producen estas frases en el hombre moderno puede preverse fácilmente. Ese hombre en su tipo ordinario, empírico, es de la opinión, que nuestro tiempo, un tiempo "libre", escéptico, hostil a la autoridad y sobre todo individualista, ha sido el primero que ha descubierto realmente el individuo y superando antiguas tradiciones y autoridades le ha devuelto su dignidad. A la vista de estas conquistas, por tanto, nuestro hombre recibirá los "resultados" de este libro como un inexplicable atavismo, una recaída en una bárbara y decadente enemistad a la vida…>[/i]
(Carl Schmitt. El valor del Estado y el significado del individuo. CEPC 2011, pág. 4).
Pero el sujeto, la persona individual, no ha sido descubierta ni por la religión ni la moral, ni por cualquier otra esencia humana. La persona individual, por su propio poder y por el poder transferido o delegado en otros, es la que descubierto por sus acciones el Derecho como fin para ella misma, y es este Derecho la única esencia que nos desvela qué es la propia persona humana, persona qué es este sujeto operatorio cuyo derecho alcanza solamente hasta donde alcanza su poder, o en su defecto el poder del Estado.

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<Todo cuanto puede realizar un hombre en virtud de las leyes de su naturaleza, lo lleva a cabo con un derecho natural pleno y tanto derecho tiene en el orden natural cuanto poder tiene.> (Espinosa. Tratado político. Ed. Tecnos 1966. Pág. 146).

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El Derecho

Como cualquier cosa que hacemos los novatos, todo está a veces lleno de defectos de forma y de contenido. Enrique no iba a ser menos… Pero en este libro se vierten juicios lógico-filosóficos, de Derecho, de política, etc., que deberían haber sido consultados con algún tipo de expertos para no caer en una atroz carestía de verdad o en una mera ideología totalmente perniciosa.

Ahora sólo quiero atender a una aseveración vertida en la página 56, que trata sobre los derechos… Ahí se dice incluso que Enrique y Arrels -supongo- ofrecen los derechos:<"Nos están reclamando derechos. Por eso nuestro ofrecimiento no es limosna que hoy doy y mañana puedo quitar porque es mía. Lo que nosotros ofrecemos son los derechos que la persona debería tener como ciudadana, derechos esenciales que los tienen conculcados.">

En primer lugar los indigentes (???) reclaman lo que mientras las leyes no lo digan, poseen de sobras como todo ciudadano. Sobra la reclamación sobre lo que ya se tiene, pues se tiene el derecho, pero no la propiedad. Por tanto se podría reclamar una propiedad, una vivienda en propiedad o alquiler, pero no el "derecho" que ya se tiene.

En segundo lugar ni el autor ni Arrels pueden "ofrecer" a los ciudadanos esos supuestos derechos que supuestamente no poseen. Ni Arrels ni Enrique poseen capacidad jurídica para dar derechos a nadie.

El único que puede dar derechos es la Nación a través de su Constitución (y no La Mancha-Cataluña, sino España, para más inri). Ni la judicatura puede "dar" derechos, ni este o aquél Gobierno, y menos aún, claro es, el voluntarismo de Arrels y Enrique. Los derechos los da el Estado y sólo el Estado, y a través de la penalización del delito, puede a veces quitarlos… Pero el derecho a la vivienda es ya un derecho inalienable, y por tanto incluso el mayor criminal jamás podría ser condenado a no tener ese derecho a la vivienda…, por contra a veces se quita el "derecho a la libertad" o el derecho a la misma vida, con pena de cárcel, de muerte, etc. El derecho se puede y se tiene, pero eso no conlleva el goce del mismo.

Lo que ocurre es que una cosa es el derecho a la vivienda y otra cosa muy diferente la posesión de la vivienda. El derecho de propiedad no nos hace propietarios de igual manera a como el derecho a la vida no nos hace vivir… La propiedad en general, y la propiedad de la vivienda en particular, es un asunto muy diferente al uso del "derecho a la vivienda". El derecho no conlleva la propiedad, sino que sólo capacita para el uso de ella en el caso de que se de su "posesión" y obliga a los demás a respetar esa propiedad nuestra, sea como vivienda, sea como cualquier otra mercancía…, porque la vivienda es una mercancía como otra cualquiera. No puede ser una mercancía laureada por la panoplia de los valores del compasivo sólo porque a él le emocione el supusto sufrimiento ajeno.

Si el derecho conllevara la propiedad…¿con cuanta cantidad de propiedad estaría satisfecho ese supuesto derecho? ¿Con un café, con dos…, o con un cortijo con piscina?

Si el derecho conllevara en si la propiedad y su uso correspondiente, no habría ni mercado ni mundo económico: estaríamos absolutamente todos en la miseria, en una miseria adánica, mítica, pues lo que no escasea no tiene ningún valor, y lo que nada vale ni se fabrica. El derecho de todos a la vivienda con su propiedad es el derecho a la choza, al salvajismo. Todo esto es fruto de una inmensa ignorancia.
Por tanto, ni el derecho a la vivienda conlleva su posesión, ni ese derecho está conculcado por nadie. Esto es por completo un absurdo, pues los derechos no están volando por los aires como los pajaritos, sino que son y está conscriptos (senatus), escritos en nuestra Constitución y devienen del Estado. Todas las metáforas son siempre falsas.
Ni Enrique ni Arrels pueden ofrecer lo que no tienen capacidad jurídica para dar. Es falso por completo que los mal llamados indigentes (pues siempre son al fin y al cabo gente -gens, gentium-) no posean el derecho a la vivienda. Lo que no poseen es la vivienda misma, la propiedad, que es otra cuestión, pues para el disfrute y uso del derecho a la vivienda antes es necesaria su posesión, esto es, su propiedad… y no existe en ningún lugar de este mundo real el derecho a la posesión si no se posee una propiedad libre que poder disfrutar. Así, esto es un asunto de la esencia de la economía que sólo puede estar ligada a la esencia del derecho a través de la legitimidad de la propiedad, propiedad que es de la que arranca todo derecho…social, como gusta decir a muchos. Un derecho vacío de contenido, y el contenido es aquí la vivienda, pues el "derecho a la vivienda" no conlleva la propia vivienda, no es un derecho, es solamente una reclamación moral.

Subyace en todo esto una crasa ignorancia de lo más elemental: el derecho no es una idea pánfila de la bondad subjetiva del voluntariado ni se desprende de la necesidad de algunos… El derecho es una idea de fuerza, de fuerza de obligar (Ihering). Así, estamos obligados a respetar el derecho de propiedad de la vivienda de los demás, pero no estamos obligados a regalársela a los que no la poseen. Esta es la prueba contundente de que el derecho a la vivienda no existe de facto si no hay una propiedad libre como vivienda que disfrutar de igual modo a como no hay un derecho a la vida para un cadáver. Que todo esto es empíricamente un camelo, un absurdo, vaya.
A su vez, es falso y pueril suponer que el derecho a la vivienda a de ser respetado por medio de la propiedad socializada o estatal cuando no existe esa vivienda como propiedad, ya que ello conlleva la anulación misma del Derecho al imponerse como dictadura, como relación obligada (esta obligación es lo que se llama "socialización" enfrentada a la libertad burguesa), sobre cualquier tipo de propiedad: ya cayó el Muro de Berlín y la socialdemocracia no sólo fracasó, sino que se desveló como socialfascismo. Nada que decir del subjetivismo de Enrique Richard ni de su "amor al prójimo"…, pero eso del subjetivismo, ¿para qué vale fuera de la persona del propio Enrique respecto a los derechos materiales de las demás personas humanas? ¡Para nada! Al negar impropiamente la propiedad privada -por muy inmensa o rica que sea o por muy pobre que sea un café- se está negando el principio ético de la libertad individual (del sujeto operatorio concreto) que es la que define el derecho y la que lo ha traído tal y cual es hasta nosotros por medio del Derecho privado que la ampara, pues la base de todo derecho es el Derecho privado. Sin el Derecho privado, y por tanto sin la propiedad privada -que es otra institución-, ningún derecho habría tenido jamás ningún fin como objeto, y la base del derecho privado es la justicia: a cada cual lo que es suyo. Si los indigentes no tienen nada, ni un café, no es una ausencia de "derechos", como confusamente se dice, sino una ausencia de propiedad y de poder (Espinosa. Tratado Político). El derecho en sí no conlleva el goce de la cosa, pues teniendo todos derecho a todo lo tendríamos todo, lo cual es pura demencia. El derecho, más que de "tener", trata de contener, de contener a unos que no tienen algo en contra de los otros que pudieran tener mucho, y de contener a los que tienen mucho de desposeer por completo a los que tienen poco. Este es el núcleo hondo de la eutáxia política ya en Locke.
Hay un momento en que Enrique Richard nos dice con otra de sus abultadas metáforas:<La pobreza del otro me desnuda y hace sentirme pobre a mi también…>(pág. 155) Con todo Enrique Richard no es "pobre" y la pobreza no es un estado que "se sienta" sin serlo uno verdaderamente. Es imposible sentir el sufrimiento de otro. Es mucho más veraz y sincera la afirmación de Josep Plá:"La felicidad consiste en que a otro le caiga caiga una teja en la cabeza y a uno mismo no"

Carl Schmitt: Vano es tratar de mostrar a los que ni se preocupan por saber qué cosa es el Derecho. Boquiabiertos quedarían si supieran que el único portador y el único sujeto de Derecho es el Estado (en realidad es el único que lo da y el único que lo recibe), y que el Estado y por serlo, sólo puede querer el Derecho. El sentido del Estado se reduce a su tarea de realizar el Derecho en el mundo y de empujar en esa dirección sin consideración ninguna hacia el individuo concreto y es una necedad creer que entre el derecho y la moral hay algún nexus de unión (lo que hay realmente es un conflicto entre sus freundianas esencias), o como dice Carl Schmitt:"Falta toda unidad entre Derecho y Moral" (Cf. El Valor del Estado y el significado del individuo. CEPC 2011, pág. 45), y por ello, la norma jurídica "nunca contrae compromiso con la realidad" por muy filantrópica que esta realidad sea y por muy alta que sea la moral del individuo, pues para el Derecho positivo…"entre cada concretum y cada abstractum hay una grieta insalvable", pues la regla ama a tu prójimo, por ejemplo, no es una ley positiva y no lo será nunca (Ibid. Pág. 56 y ss.)
El Estado es una instancia supra individual, no interindividual, y cuya dignidad -dice Schmitt- no está en la protección del individuo, sino en que haga frente a él con autoridad originaria. Mediante el reconocimiento de esa dignidad suprapersonal del Estado, desaparece, para cualquier concepción filosófica que no confunda el Estado con una institución de seguridad o de providencia, el concreto individuo singular.
Porque el Estado, o es servidor del individuo o lo es del Derecho. Y porque esto último es lo correcto, así como el Estado está, como el Derecho antes que él, primero que el individuo, así también la continuidad del Estado proviene del Derecho y la del individuo se produce gracias al Estado. El Estado es el único sujeto del ethos jurídico, el único que tiene en sentido eminente un deber para con el Derecho, y el Derecho positivo es la unidad entre una impersonal y supra-empírica regla, y el Estado. El individuo empírico queda totalmente al margen…Todo el valor que puedan tener los individuos descansa en su entrega al ritmo supra individual de una legalidad, pues el Estado, cual un verdadero dios terrestre (el Leviatán)…, no es una construcción que los hombres hayan hecho. Al contrario, él hace de cada hombre una construcción. Esta gran organización supra personal no es obra de individuos. Igual Espinosa: Tratado político Cap. II…<Cada uno tiene tanto derecho como de poder goza…¡Que nadie se extrañe! La naturaleza está más allá de las leyes de la razón humana que tienen sólo por objeto los verdaderos intereses y la conservación de los hombres, aunque abarque infinidad de otros que son relativos al eterno orden de la natura entera, y de la cual el hombre no es más que un minúsculo fragmento…En realidad, aquello que la razón (???) declara malo, no lo es con relación al orden y a las leyes de toda la naturaleza, sino con relación solamente a las leyes de nuestra naturaleza humana.>

<Said ha muerto -dice nuestro autor- y lo ha hecho en la calle y eso me duele, como me duelen todas las soledades, aunque sean ilegales, porque las soledades no saben de razas, ni de países, ni de religiones, ni de clases…>(Richard: pág. 109) Afortunadamente, incluso para el dolor de Enrique, el Estado y su Derecho, el derecho verdadero y POSITIVO, si sabe de de razas, países, de religiones, y de clases y de ilegalidades y esto lo hace sin que le importen mil individuos para sí proteger al Todo de esas ilegalidades y de los irresponsables que socavarían todo el orden social para dar cobijo a los miles o millones de Said de este irreparable e irrefrenable mundo, pues la norma jurídica nunca contrae compromiso con la realidad. "Si el Derecho pudiese ser derivado de los hechos no existiría el Derecho". De todas formas, como la tarea de realizar el Derecho en el mundo y de empujar en esa dirección sin consideración ninguna hacia el individuo concreto es lo propio del Estado, del Derecho, esto ya se logra de una manera mil veces más efectiva que Arrels e simile con y en las instituciones creadas dentro del Estado, por el mismo Estado o por cualesquiera de sus construcciones individuales, una de las cuales es la clase, el país y la religión que anidan en la nebulosa conciencia del mismo Enrique, pues Enrique, y hasta su propia moral, es -tanto si lo sabe como si no- una construción del Estado y en este Estado, que se llama y se dice España. Para el jurista Schmitt (que será tildado de "nazi"), "todo el valor que puedan tener los individuos descansa en su entrega al ritmo supra individual de una legalidad…"(Ibid. Pág. 65) Para la moral vulgar del filántropo piadoso toda la legalidad ha de ser puesta a los pies de esas "soledades ilegales", pero él, sin ni tan siquiera saberlo, empuja con su moralina a la realización del Derecho por parte del Supersujeto con ese ethos, con el ethos de la juridicidad que es el Estado. Ignora que eso, su moralina, aún no es Derecho y que ello sólo es ese ritmo supra individual de una moral que aún no es una legalidad. Porque lo único grande que le puede ocurrir a una moralidad es convertirse en legalidad. Lo contrario es la sociedad leonina que pretende lo inverso, o sea, someter de manera burda la legalidad y al propio Estado bajo el yugo encorsetado de una infima moralidad, de una moral que muchas veces es una moral de andar por casa y a tiempo parcial. Pura bagatela.

Recapitulemos:<Todas las cosas son propiedad de todos aquellos que tienen el poder de reivindicarlas para sí. Sin embargo, en un Estado hay una legislación general que atribuye la propiedad a este o aquel. Se dice que es justo quien está animado de la voluntad constante de dar a cada uno lo que le pertenece, y, por el contrario, injusto aquel que intenta apoderarse del bien ajeno.>(Espinosa. Tratado político, final cap. II):<…El café se quedó en la taza, sobre la barra, y él no pagó. ¡¡Olé sus narices!!>(Richard, pág. 141) Juan José en esta ocasión fue injusto pues no pagó lo que pidió. Igual de injusticia es pedir una vivienda y no pagarla, pues si se tiene derecho a lo mucho, a la vivienda-, más derecho se tendrá en lo poco, al café- ¡¡Olé sus narices!! La solidaridad con el pobre injusto es una inmoralidad, pues ninguna moral puede contradecir la justicia, pues la justicia posee un ethos infinitamente más elevado que una cualquiera moralina de bagatela. En realidad no hay ninguna moral que justifique que el pobre no pague lo que debe, y ese "justificar" ya pertenece al Derecho.

A simples hechos no puede llamarse nadie, ni gobernantes ni gobernados, dice Carl Schmitt. "Como individuo ninguno es importante. Ninguna ley fundamental del "respetar" resulta vulnerada por ello. No merece respeto el hombre porque es hombre, sino porque es bueno y digno de admiración…(Schmitt. Ibid. Pág. 74) La más alta instancia moral no se encuentra en el individuo concreto por muy operatorio y pobre o rico que sea como sujeto, sino que se encuentra en aquella instancia que a él le sujeta: en el Estado: Lo verdadero es el todo. Pero el todo es solamente la esencia que se completa mediante su desarrollo… Lo opuesto a esto de la Fenomenología de Hegel son los sentimientos, porque son estrictamente particulares, es lo verdaderamente atomístico, individualista, burgués.

-------<"El derecho a una vivienda digna no se regala: se tiene.
…Nadie tendría que hacer “méritos” para disfrutar de un hogar.">


Sí, es cierto, el derecho "se tiene" porque se tiene la ciudadanía, la personalidad jurídica, pero no se tiene la vivienda porque la vivienda no es el "derecho a la vivienda" sino una mercancía como otra cualquiera. Y las mercancías las tiene y las puede tener aquél que las paga, puesto que la paga al que las fabrica. Tiene "derecho a la vivienda" todo el mundo, pero sólo puede tener vivienda aquél que la cambia por su justo equivalente en el mercado, eso es lo "justo", y si no puede realizar esta justicia (de a cada cual lo suyo) en este cambio, ni debe tener vivienda ni nada que provenga del gorronismo, pues eso del "deber" pertenece al derecho. Hay siempre derechos vacíos, sin contenido, como decía Hannah Arendt… Y tocará llenarlos cuando se pueda al Estado o a los municipios. Tal vez, pero no hay mientras tanto aquí ninguna injusticia, sino sólo una ausencia de propiedad, y la pobreza no es por tanto una "injusticia".

Muchos deberían comenzar por regalar su mercancía trabajo por completo (vivir sin sueldo ni salario), para así estar en consonancia con el postulado de que otros regalen el suyo, todo o parte del suyo. Algunos deberían comenzar por regalar, no ya su propio trabajo y tiempo, sino su propia vivienda y marchar bajo un puente en solidaridad con los "indigentes", pues los indigentes, como son gentes, personas, no están faltos de derechos, sino de medios con los que poder tener una mercancía a la que llamamos vivienda. Y esto es otra cosa y nada tiene que ver con eso de "el derecho" a poseer una mercancía sin "méritos" y sin medios.

Nadie les prohibe -si tienen medios- poseer una vivienda, porque el derecho es un atributo gratuito, pero la vivienda no es ni un atributo ni un derecho, sino un bien distributivo a través de los cambios o a través del Estado asistencial que pagamos todos y necesariamente muy lejos de ser un bien gratuito. Por tanto el derecho no se "regala", pero sí que puede regalarse a veces la vivienda…¿Y por qué aquellos que no creemos en la sociedad leonina hemos de pagar lo que otros desean gratis para otros?

Uno puede estar muy de acuerdo en los sentimientos o emociones nobles de algunos, pero eso no excusa la verdadera justicia no leonina ni la ausencia de racionalidad y conocimientos elementales para emitir juicios políticos y que atañen a la filosofía del Derecho y al derecho mismo. Cuando la bondad no va unida al conocimiento lo que tenemos no es un buen resultado, ni tan siquiera bondadoso, sino un engendro que, revestido de gran moral, o simplemente de moral, es una pura perversión. Tal cosa ocurre cuando se sigue a pies juntillas las supuestas verdades de la virtud sin considerar para nada su tenebroso lado oscuro.
--(El desalojo criminal de las viviendas o como la repugnante progresía manipula y miente como una bellaca:
El Banco de España tumba los argumentos de Ada Colau. Sólo en 2.405 casos la vivienda estaba ocupada cuando la autoridad judicial ejecutó la sentencia; apenas en 355 fue necesaria la fuerza pública. http://www.libremercado.com/2013-05-10/el-banco-de-espana-tumba-los-argumentos-de-ada-colau-1276489821/
http://www.libertaddigital.com/temas/desahucios/ )--

Es el Estado el que ha de dar una vivienda digna a los indigentes (¿a todos?), pero…¿quienes de aquellos que creen que la vivienda es un bien atributivo -gratis- está entonces a favor de este Estado (España) y lo defiende como a su verdadera patria?. Porque pedir, se pide a la "sociedad" es decir, se pide al Estado benefactor siempre, es decir, a la patria, y a la patria hoy, podríamos decir, no la ama casi nadie, sobre todo cuando uno en lugar de español se dice "manchego-catalán" y extiende el concepto de su cercana sociedad barcelonesa a todas las demás sociedades del mundo, pues no hay una "sociedad", sino muchas. Hay sociedades, no una sociedad; y la sociedad global está hecha a base de una multiplicidad de sociedades, dice Raimond Aron.

Entonces preguntamos, ¿por qué la Patria -de fratria, de madre- no es defendida por aquellos que le reprochan la situación de los indi-gentes, cuando esta Patria es la única que puede distribuir la vivienda en caso de que eso fuera factible (que ni por asomo lo es eso de una vivienda gratis, con su picaresca, su corrupción y una infinita casuística) sin caer en la perniciosa y ruinosa sociedad leonina?
Se debería saber que el principio de la igualdad social no es anterior al principio de la igualdad jurídica, sino al revés: que es el principio de la igualdad ante la ley el que lleva a los hombres a extenderlo y creer que ese principio puede y debe ser realizado posteriormente en la igualdad social y como igualdad social. El desprecio a la igualdad formal o jurídica -su ironía-, es producto del desconocimiento del desarrollo histórico de los derechos sociales y el olvido de que esa igualdad jurídica, lo era y se opuso como antítesis ante la desigualdad de la Monarquía, un régimen ante el que era impensable por completo el principio de la igualdad social. Tuvo que venir antes, para poder ser pensado el principio de la igualdad social, el principio jurídico de la igualdad (formal) de todos ante la ley. Sin esta igualdad ante la ley, es decir, ante el Derecho, retornaríamos a los privilegios del Antiguo Régimen y la llamada igualdad social sería impensable. El logro de todos los derechos es un asunto independiente de la existencia de los derechos mismos.
Tener una buena voluntad para realizar esa igualdad social no es estar necesariamente en la verdad, sobre todo cuando hasta se ignora qué cosa es la justicia. Y amañar la verdad a esa buena voluntad subjetiva conduce muchas veces al camino del desastre. Es, incluso desde el punto de vista cristiano, más importante la verdad que no la voluntad subjetiva del creyente. No conozco ni un sólo teólogo cristiano que anteponga su buena voluntad (y la voluntad es siempre subjetiva) o lo que el tiene por tal, a la verdad objetiva, pues Cristo vino -tal es la creencia- a traer para el creyente la verdad, (¡la verdad verdadera para el cristiano!) pero no la salvación de este mundo, sino la redención del creyente respecto del mundo: opera sequuntur illos, las obras le siguen a tu reino, y no al revés, pues no se hacen las obras por las obras mismas, sino por el reino. No se trata para el cristiano de salvar este mundo en sí y para sí, sino de ir y ganar el Cielo por medio de sus obras. El resto es pura herejía albiguense y pelagiana en la que andan enmarañados nuestros ingenuos luteranos de medio pelo.
El autor confunde su propia secularización o luteranización o humanación de Dios, con la "divinización del mundo" que él se atribuye a sí mismo:<Los creyentes tenemos la santa manía de divinizar todo lo que tocamos, de poner en la voluntad de Dios todo lo que pasa y hacemos…> (Pág. 55) De esta rara divinización del mundo propia del sacerdote sin Iglesia, de esta divinización de "todo lo que tocamos" se desprende el poder inmenso del creyente, pues él, desde su nadería o manía…"diviniza" todo lo que toca, con lo que el creyente en su sincretismo es un verdadero usurpador de Cristo, que según parece es -en tanto Hijo del Hombre-, el único que podría en su segundo Adviento divinizar el mundo y solucionar todos los problemas al ser Todo en todos, adventus Redemptoris, la absoluta igualdad hic et nunc, y todo para nada, pues lo que se hace, lo que hacen los sujetos voluntaristas como nuestro autor, lo hacen, no imitando a Cristo y por Dios, sino que lo hacen como Dios y sin necesidad de ningún Cristo:<Una misericordia las más de las ocasiones entendida como algo que haces porque eres bueno y porque vas a salvar a los que no son tan buenos, para luego a su vez, ganarte tu recompensa allá en los cielos.
Te adulan y te llenen las espaldas de palamaditas por la gran obra de caridad que estás haciendo por los pobrecitos descarriados. Dios te lo recompensará, te dicen.
(¡sic!)
Es como si lo que haces, lo tuvieses que hacer por Dios y no por las personas a las que acompañas. Es como si fuese Dios el que necesitase de tu compañía y apoyo, y no aquél que está sufriendo la soledad, tirado en la calle…>

¿Desde cuando los pobres son "descarriados"?

Como se ve, aquí ya no se trata de salvar el alma -lo inmortal- para Dios, sino de hacer eso, no por Dios, como ordena el primer Mandamiento (la Ley de Moisés, el decálogo, para nada se cuida de los pobres), sino por el mundo, por las personas. Es la absoluta inversión de la trascendencia: ahora a los pobres no los tendremos siempre con nosotros gracias a este redentorismo civil, porque nosotros los voluntaristas los redimiremos de esa pobreza "material" (mundo, demonio y carne, o lo que es lo mismo: de esta mala trilogía: sociedad/Estado, dinero y burgués-capitalista) con nuestras propias fuerzas ya que Dios nada necesita de nosotros. Contrariamente a esta religión sin Dios, el gran Kierkegaard sabía y supo ver que toda esta retahíla, como diría él, es fruto del fundamentalismo democrático, no conscientemente ateo, sino secularmente religioso, religado en la propia alienación de sus propios principios confusos y caóticos. "Solo la democracia -dice Kierkegaard-, la forma de gobierno más tiránica, obliga a las personas a participar positivamente, que es lo que las sociedades y asambleas generales de nuestros días nos recuerdan a menudo. ¿Es tiranía que una persona quiera reinar y nos deje al resto ser libres? No, pero lo es que todos quieran reinar y encima quieran obligar a todos a participar en el gobierno, aún a quién más urgentemente declina tomar parte en él.>(Post Scriptum. Ed. Sígueme, Salamanca 2010, pág. 600). Cualquiera se puede creer un solucionador del mundo.

En el apartado sobre La justicia se toca de soslayo el tema de la igualdad ante la ley:“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” (Como dice Luis Galvez Muñóz:"La historia de esta cláusula no es demasiado agitada. El principio de igualdad ante la ley y la prohibición de discriminación es una vieja aspiración del ser humano que fue recogida con entusiasmo por el movimiento constitucional del siglo XVIII que marcó el fin del Antiguo Régimen. Se convirtió, por ello, en una de las principales reivindicaciones de los revolucionarios liberales, especialmente de los franceses, hasta el punto de que su proclamación forma parte de la divisa del Estado surgido de la Revolución Francesa “Libertad, igualdad, fraternidad” (LA CLÁUSULA GENERAL DE IGUALDAD. ANALES DE DERECHO. Universidad de Murcia. Número 21. 2003. Págs.195-206)

Y como ya dijo Gustavo Bueno <La igualdad formal entre las personas, como sujetos de derechos y deberes, está en oposición a la diversidad material que las personas requieren para ser precisamente personas con identidad propia.> Una igualdad social que no admitiera esas diferencias sería un absurdo leonino, pues anularía a la propiedad privada misma y el esfuerzo que ella conlleva y consecuentemente esa identidad propia que va aparejada a las diferencias objetivas y materiales que posibilitan y logran la igualdad formal ante el Derecho. La pretendida igualdad social se funda en una vuelta al Antiguo Régimen respecto de lo jurídico (ius) puesto que trata de restablecer la desigualdad jurídica, a saber, que lo diferente sea tratado como diferente, que el pobre no sea ante la ley lo mismo que el rico y por ello se le supondrá que ha de ser "protegido" o con un trato jurídico diferente: darle algo por nada, o sea, darle una vivienda digna y gratis, pues no tiene equivalente con que pagarla. Aquí se viene a suponer inconscientemente un derecho injusto, no equivalente, sin que ni importe recordar que ya para Francisco de Vitoria o para Santo Tomás, y hasta para el mismísimo Aristóteles, habría que considerar a lo justo y a la justicia "sin que se tenga para nada en cuenta la condición de Platón, esto es, si es rico o es pobre", pues la justicia es "devolver los cien ducados que debo, sin tener en cuenta si soy rico o pobre, bueno o malo, sino sólo que los debo a otro."[/i]

Esta contradicción entre el principio de igualdad jurídica y el principio de igualdad social -si fuese llevado a cabo, ¡sería concreta y precisamente la injusticia!-… Dice Ignacio de Otto que, "sería suficiente para no hablar de la igualdad real como "realización" de la jurídica, sino precisamente como su antítesis"……. Habría que preguntarse entonces si, a pesar de todo, no cabe hablar de un principio más general de igualdad que engloba dos categorías distintas, la igualdad jurídica y la igualdad de hecho, de modo que esta última pueda calificarse, a pesar de su contraposición con la igualdad jurídica, como verdadero mandamiento de creación de situaciones iguales a través y por medio de un trato normativamente desigual. Pero la respuesta ha de ser nuevamente negativa, porque es del todo impensable, y nadie puede sostenerlo seriamente, que al mandato de igualdad real y efectiva se le pueda dar el mismo contenido lógico que al mandato de igualdad del art.14, esto es, que el art. 9.2 quiera que las posiciones sociales y económicas -reales y efectivas- de los ciudadanos sean iguales -no discriminatorias- en el mismo sentido en que sin duda quiere el art.14 que sean iguales las posiciones jurídicas cuando la desigualdad no es razonable…… sería necesario por ejemplo, que todos los ciudadanos tuvieran no sólo igual derecho a tener una determinada vivienda en arrendamiento, sino también que tuvieran todos el mismo poder económico para pagar el precio de su alquiler. Y es evidente que no puede ser eso lo que ha querido el art. 9, 2 que, en relación con el ejemplo citado y al hilo del art. 47, solo podría interpretarse como amparo de la aspiración de todos a tener vivienda digna, esto es, viviendas sin duda distintas y equiparables tan solo por cubrir unos requisitos mínimos que permitan reconocerles dignidad. Y nada más, sin duda alguna."(Ignacio de Otto y Pardo. El principio general de igualdad en la Constitución española. Obras completas. Ed. CEPC 2010, pág.1465).

**************

La persona.


Exceso de animalidad. La personalidad no es ningún exceso de animalidad.

Yo puedo felicitar a nuestro autor y le felicito por su dedicación real y práctica por otras personas, por "los otros", como él les llamas en su libro… Y puedo y le felicito por su ética privada... Pero no puedo felicitarle por su libro, por estar -a mi entender- abarrotado de defectos lógico-ideológicos o simplemente conceptuales.

Me gustaría que se reflexionara en un asunto. El asunto de la "persona humana"…(Ver http://www.filosofia.org/filomat/df278.htm )

Este es un tema en el cual hay mucha confusión ideológica y mucha más ignorancia o manera vulgar de pensar de lo que en un primer momento parece a simple vista…

En la página 62 del libro se escribe:"…Rafa, sin apenas tú notarlo. Sin apenas yo sentirlo, tú me has hecho más persona y tú te has hecho más persona, porque nos hemos visto y nos hemos tratado como personas…"

¿Más persona? ¿Más…? ¿Es posible ser "más" persona? ¿O es simplemente posible que uno comience a "ser persona para otro, "para él"… desde un momento determinado? (igual en la pág. 156) Ni los ricos ni los pobres pueden darnos nuestra personalidad ni "hacernos personas". Eso es obra del Estado, en tanto él es la Persona jurídica por antonomasia y la única que posee una potestad irresistible.

Esto de ser "más persona" (en su fatuidad, más persona que los demás, pues si no fuese así no cabría hablar de ese "más") es un superhumanismo y un superpersonalismo imposible. Y como la persona humana es además también un animal (zoom politikon), tenemos a un superanimal, a un animal humano que es "más" animal que los demás animales de su propia especie, y como se sabe, la super animalidad es meramente una simple animalidad, ya que el animal humano no llega jamás a sobrepujarse y hacerse más animal que los demás, más que humano, esto es, divino (El animal divino, págs. 196 y 312, 314). "Más persona" significa siempre una magnificación de la especie, una elevación de lo meramente animal a una más o menos consciente superación progresista desde el interior circular de la scala naturae hasta lograr rebasarla irracionalmente hacia la angular escala dei: http://www.fgbueno.es/med/dig/gb98evol.pdf

Toda persona es una persona (jurídica) exactamente igual a otra persona jurídica cualquiera, y de aquí la posibilidad de los tratos y contratos. "La palabra persona demuestra que es un concepto sobreañadido al concepto de hombre", se dice en el primer link de arriba. Por tanto una persona que es "más persona" que otros o más persona ahora que antes, es por necesidad también más animal…, pero el exceso de animalidad es simplemente la mera animalidad y nada más (El animal divino, págs. 314).

La ideología política del super personalismo, tanto si se sabe como si no, proviene por otra vía del superhombre de Nietzsche, de la ideología política de la vieja supremacía de la craneometría y del racismo nazi que se apoyó en las teorías racistas estilo Gobineau. El ser superior (ario) es la superpersona, las personas que son más personas que otras (frente al judío, por ejemplo)… Y ya sé que Enrique Richard no habla ni escribe con esta intención, pero lo escrito, está escrito ahí y está escrito así y no de otra manera.

Todas las personas somos en tanto personas exactamente iguales y como entidades jurídicas lo somos incluso frente al Estado o frente a cualquier otra personalidad jurídica (empresas, municipios, instituciones, etc.) Este es un logro del Derecho romano y de aquí parte la igualdad en los tratos y contratos de los agentes, -a gens, ente- (véase a nuestros escolásticos de la llamada Escuela de Salamanca) y la posibilidad jurídica de la existencia económico política, que lo es porque es ante todo jurídica. No existe la "plus persona" igual como no existe un plus contrato. Ni el Rey, bajo el Derecho es una superpersona ni él posee ningún supercontrato.

Para acabar, en la página 82, arriba, se dice que…"Las personas cuando nacen no son ilegales…"

Pero, señores míos, las personas no nacen…Las mujeres no paren personas, sino hombres (Homo) Lo que nacen son únicamente los genes, lo genético, lo generacional, la "gens" (gens, gentis, gentío, gentiles…los entes genéricos), esto es, la GENTE, que es una categoría biológica y no política ni jurídica. Y al animal humano, a la gente, el Estado les da luego los atributos de persona y esa es la gente. Con todo, para la persona (???) nacida fuera del Estado tenemos un término más apropiado, el de "bárbaro", y los bárbaros no son personas, son bárbaros o salvajes.

El concepto de persona no es universal ni era universal hace doscientos años. Es un puro concepto romano o greco-latino. Los chinos, por ejemplo, jamás supieron qué era eso de la "persona humana" antes del colonialismo por parte de Occidente. Y, como se dice en el link del Diccionario de arriba, el Hombre de Neardenthal o el Hombre de Cro-Magnon eran hombres, pero no personas… Por tanto nacen los hombres, no las personas… Las personas surgen o aparecen con el Derecho como un atributo jurídico en todos los hombres por igual, por eso la Ley, cuando verdaderamente existe, existe y es igual para todos como se dice en el apartado sobre la justicia, o dicho de otro modo es el Derecho el que al universalizarse universaliza al hombre como persona.

Evidentemente hay hombres que nunca pueden ser personas al ser o estar en un estado de total salvajismo, ya que el salvaje sin Estado, sin Unidad política que establezca un status no puede tener ningún status jurídico, y por ello el salvaje es hombre siempre pero a veces no es aún persona…y sólo lo llega a ser cuando es "civilizado". Los hombres nacen hombres y la Ciudad -la civilidad- los hace personas, persona civil. Un hombre sólo nace romano si nacía en Roma, fuera era un bárbaro.

Efectivamente y consecuentemente con lo dicho, no hay "personas ilegales", pues el hecho de la personalidad es idéntico a su legalidad. Decir "persona ilegal" es una contradicción en sus propios términos, es decir "persona no-persona" o persona impersonal, lo cual es absurdo.
Adán -por usar del mito- no era persona…, era un hombre (Homo)…"Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…"( Génesis 1, 26 ) La Biblia nada dice de "Hagamos a la persona a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza"… La "personalidad" de Dios, atribuida a Dios, es romana, posterior al judaísmo decimononico y posterior al Pentateuco. Jesucristo no se dice "el Hijo de la Persona", sino el Hijo del Hombre.

La personalidad consiste sólo en realidad en la profesión de cada cual (la máscara del papel de cada cual en la vida) y esto yo no puedo desarrollarlo aquí ni es necesario hacerlo. Para quienes interese esta faceta de la persona humana es recomendable leer la Teodramática de Hans Urs von Balthasar: http://www.ediciones-encuentro.es/libro/teodramatica-1.html

La confusión y la nubosidad de estos conceptos conducen a una interpretación del mundo phantasmal, fantasmagórica, irreal, esto es, FALSA.

Rafa… porque nos hemos visto y nos hemos tratado como personas…" También cualquier otro trato es hoy en día un trato entre personas. Esto no es efecto de una supuesta virtud, esto es un factum jurídico independientemente de la ubicación en la pobreza o la riqueza de los que de cualquier modo se relacionan.

**********

ANIMAL

La moral tiene por fin sólo al hombre, a los hombres, a casi todos los hombres, es decir, a la sociedad y sólo a la sociedad. Lo moral es simplemente la ayuda, esto es la costumbre de la ayuda. (Sería un acto inmoral ayudar a escapar de la justicia al criminal, aunque fuese el propio hijo, pues ir contra la justicia es ir contra la sociedad).
La moral no tiene a Dios por sujeto del fin de la moral, pues siendo un ser supremo darle una ayuda sería una contradicción y caeríamos en la abyección de tener a Dios dependiente del ser humano.
La moral no tiene por fin suyo al propio hombre, al "yo", no es ni puede ser "ego-ista" ni autocomplaciente…
Después de haber separado al propio yo y a Dios como sujetos del fin de la moral, queda sólo la sociedad, y podemos decir con toda precisión: el lenguaje no puede tener otro sujeto en vista que la sociedad…La moral es pues, aquello cuyo fin es sólo la sociedad humana.

La moral no se cuida ni de los monos ni del resto de los animales, pues a los animales no se les "ayuda", se les usa. No es posible tener PIEDAD de los animales, pues siendo la piedad una virtud, una veneración y una devoción, los elevaríamos a la categoría de "personas" dignas de dedicarles el fin de nuestras costumbres, de nuestra moral, lo cual es absurdo. Hace milenios que los animales dejaron de ser venerados (númenes). Volverlos a venerar ahora no es sólo una refluencia de los tiempos de la edad de la piedra, es antes que nada una inmensa inmoralidad, puesto que el fin no es puesto entonces en la sociedad, en los hombres, en los humanos, sino en los bichos: Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Terencio).

La piedad o amor por los bichos es una per-versión moderna que pasa por virtud cuando sólo es un vicio: Homo sum, canide nihil a me alienum puto, o lo que es lo mismo: hombre soy y ningún perro me es ajeno. Un hombre perruno.

Efectivamente, si no te es ajeno, es cosa de perros amar a los perros, o es cosa de chimpancés amar a los Pan troglodytes. Eso sí, como el perro o el mono está para el uso humano (dentro del sentido antrópico) puedes practicar si lo deseas el inmoral sexo con él, por eso, porque la zoofilia no va dirigida hacia la sociedad, sólo es una postura ética, pero inmoral, no por el perro ni por el mono, sino porque sólo va dirigida a ti mismo, vicioso egoísta, y así perjudicas a la sociedad.

Protomoral: http://www.teknologeek.com/2009/10/24/el-velorio-de-un-chimpance/

Esto quiere decir simplemente que la esencia de la justicia no se cuida de la moral, por muy impregnada que esté de ella.

El método infalible para saber si uno es un completo imbécil es muy fácil: si se aplica lo que aquí se dice a la sociedad presente, si uno cree que la sociedad presente debería ser o parecerse a esta Ciudad de Dios…, entonces es que indudablemente uno es tonto de capirote.

<<De la eterna felicidad y bienaventuranza de la Ciudad de Dios, y del sábado y descanso perpetuo ¿Cuán grande será aquella bienaventuranza donde no habrá mal alguno, ni faltará bien alguno, y nos ocuparemos en alabar a Dios, el cual llenará perfectamente el vacío de todas las cosas en todos? Porque no sé en qué otra ocupación se empleen, donde no estarán ociosos por vicio de la pereza, ni trabajarán por escasez o necesidad. Esto mismo me lo insinúa también aquella sagrada canción donde leo u oigo: «Los bienaventurados, Señor, que habitan en tu casa, para siempre te estarán alabando.»

Todos los miembros y partes interiores del cuerpo incorruptible que ahora vemos repartidas para varios usos y ejercicios necesarios porque entonces cesará la necesidad y habrá una plena, cierta, segura y eterna felicidad) se ocuparán y mejorarán en las alabanzas de Dios…………Habrá verdadera honra que a ningún digno se negará, ni a ninguno se le dará; pero ninguno que sea indigno la pretenderá por ambición, porque no se permitirá que haya alguno que no sea digno. Allí habrá verdadera paz, porque ninguno padecerá adversidad, ni de sí propio ni de mano de otro………….No apetecerá cada uno ser lo que no le dieron viviendo unido con aquel a quien se lo dieron con un vínculo apacible de concordia; como en el cuerpo no querría ser ojo el miembro que es dedo, hallándose uno y otro con suma paz en la unión y constitución de todo él cuerpo. De tal suerte tendrá uno un don menos que otro, como tendrá el de no desear ni querer más……….Tendrá aquella ciudad una voluntad libre, una en todos y en cada uno inseparable, libre ya de todo mal y llena de todo bien, gozando eternamente de la suavidad de los goces eternos, olvidada de las culpas, olvidada de las penas, y no por eso olvidada de su libertad; por no ser ingrata a su libertador………..Allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos. Ved aquí lo que haremos al fin sin fin; porque ¿cuál es nuestro fin sino llegar a la posesión del reino que no tiene fin? >>>
(San Agustín. Final de la Ciudad de Dios. Cap. XXX)

Que no pudimos ser misericordiosos por amor a la verdad y porque no descansaremos nunca porque sabemos que la verdad jamás imperará. Esto es demasiado fuerte para muchos, pero eso es la filosofía.




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José Mª Rodríguez Vega

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MensajePublicado: Dom Ago 31, 2014 8:29 am    Asunto: La Justicia en Santo Tomás. Secunda Secundae, cuestiones 57 Responder citando

La Justicia en Santo Tomás. Secunda Secundae, cuestiones 57 a 77.

El derecho, objeto de la justicia (q.57 a.1)

Así comienza la cosa, por mucho que la justicia no sea en esta dualidad lo principal, pues como sin justicia los hombres puede vivir, aunque mal, no es ella la "esencia freundiana", sino el Derecho. La Esencia es el Derecho, pues ni allí -en un Estado- donde impera la injusticia no deja por ello de haber algún tipo de Derecho, teniendo en cuenta que consideramos a todo derecho, derecho positivo, o proveniente de él. El Derecho es como esencia, perenne, pero la justicia no lo es, como demuestra la misma injusticia, que por muy "injusto" que sea cualquier acto, no deja por ello de ser observado y tratado por el Derecho.

(«...Pues la ley es, según Isidoro (Etymol. 5 c.2: ML 82,198. 1134b18): S. TH., lect.12.), una constitución escrita. Por lo cual, la ley no es el derecho mismo, propiamente hablando, sino cierta razón del derecho», dice Santo Tomás.

La perennidad de Derecho hace ineludible la necesidad material de la justicia, como Derecho, y como acto encaminado a mantenerse y ampliar el Derecho, ya que el Derecho es lo imprescindible, lo insoslayable, o sea, lo perenne. Sin la injusticia, desaparecería el Derecho como acción de fuerza y coacción que es. Derecho y Justicia vienen a ser así lo mismo. En una hipotética (y absurda) sociedad completamente justa tampoco existiría el Derecho al perder éste su fin. Pues el fin del Derecho no es la completa justicia, sino la pervivencia de su fuente, a saber, del Estado (o de cualquier poder pre-estatal impuesto. El origen del Derecho es la fuerza, según el aserto de Rudolf Ihering), por lo que un Estado completamente justo es completamente imposible.
Por todo esto afirmamos que es la justicia -una justician determinada- objeto del Derecho, y no al revés, como afirma Santo Tomás.
La "aliedad e igualdad" propias de todo derecho no son concebibles fuera de la plataforma política en la cual se dan estas concretas relaciones (q.57 a.1. Cifra. Secunda Secundae. Introducción, Pág. 459).

Entendemos por "esencias freundianas" todas aquellas esencias cuya existencia y fin sólo puede darse dentro de las Unidades políticas y encaminadas a estas Unidades políticas, o encaminadas a los hombres dentro de estas Unidades politicas..

«Para Santo Tomás,...«La ley humana positiva no es fuente autónoma de derecho, sino sólo la aplicación o síntesis práctica del derecho natural.»( La expresión derecho de gentes se remite a Cicerón. Este autor divide el derecho en natural y positivo... Cf. Oratoriae partitiones 37.) Nosotros negamos esto de Cicerón y afirmamos la contraria: que sin Ley positiva -negando la existencia de entes divinos- no es ni concebible ni posible el llamado Derecho Natural, cuyo origen hipotético es puramente religioso. Todo Derecho natural se apoya realmente en la vigencia y fuerza de algún Poder y Derecho positivo que lo explica e impone. No creemos que el Derecho natural sea un derivado de un pacto... «...Pues nunca se han reunido todos los hombres para decidir algo de común acuerdo (obj.3). Sin este acuerdo, el derecho, en este caso el de gentes, no puede decirse positivo....»(página 464). Tampoco el Derecho positivo, decimos nosotros, surge de un pacto, sino que surge como...«El consentimiento se expresa aquí con los hechos, con una conducta coincidente que manifiesta la aprobación de esas normas...»

Saltaremos por encima de lo evidente de la "aliedad" (que todo derecho es una relación con otro) para centrarnos en la categoría de la "igualdad" (que será siempre igualdad ante la Ley, esto es, igualdad jurídica intraestatal, puesto que siempre alguien impone la Ley)..., categoría ésta de la igualdad que consideramos el meollo de la justicia por ser imprescindible para la prosecución de cualquier relación política-intra estatal. Evidentemente la relación de igualdad no se da jamás entre sujetos de poder desigual fuera del Estado en situación de guerra y de desigualdad constitutiva o de clase dentro del Estado: o sea en las relaciones desiguales del amo-esclavo, señor-siervo intraestatales, o en las relaciones "amigo-enemigo" extraestatales. En estas relaciones la "justicia" es siempre una relación que parte de una desigualdad de clase, de una desigualdad ante la Ley: es justo el diezmo a cambio de protección, etc.,(porque lo dice la ley), pero estas cantidades no son ni pueden ser mensurables bajo la economía del presente cuya "libertad" de las partes no es otra cosa que su igualdad ante la Ley para la realización de los cambios, de cualquier tipo de cambios.
Ciertamente en las relaciones intraestatales entre desiguales el intercambio no es entre equivalentes, aunque sea "justo", de iure... Se atiene a Derecho, pero la relación no es ínter pares, sino que es "in-iusta", entre desiguales o impares.
...................

Derecho de gentes: «<<Gentes está aquí por todos los hombres y no por el grupo gentilicio, como en Cicerón. Es un derecho que incluye tanto los primeros principios como las conclusiones. El civil es el propio de una ciudad: "«Quod quisque populus ipse sibi ius constituit, id ipsius proprium civitatis est vocatur- que ius civile, quasi ius proprium ipsius civitatis. Quod vero naturalis ratio inter omnes homi- nes constituit, id apud omnes peraeque custoditur vocaturque ius gentium, quasi quo iure om- nes gentes utuntur» (Dig. I 1,9)."(Introducción, página 462).

....................

«El derecho, en cambio, objeto de la justicia (¡sic!), se conmensura a otro, y su único parámetro es la cosa —u operación— anteriormente dada o recibida, con la que debe guardar una ecuación perfecta. Lo que se da debe equivaler a lo recibido, o viceversa, siendo lo uno la medida de lo otro. Propiamente no cabe hablar aquí de media, si bien puede pensarse en una insuficiencia o rebasamiento de la ecuación que haría de ésta el término medio. En todo caso, es la cosa debida, y solamente ella, la que cumple la condición de igualdad, por lo que no es susceptible de acomodación. Es el agente el que tiene que plegarse a ella, al revés que en las otras virtudes, en que es el objeto el que se pliega o iguala a las condiciones del agente. No obstante, esta inmutabilidad del objeto es lo razonable para las transacciones que regula la justicia, siendo él también un medium rationis.
La objetividad del derecho se hace sentir asimismo en otras áreas. Su aplicación, por ejemplo, ha de respetar escrupulosamente los dictados de la ley tal como está escrita: Cf. 2-2 q.60 a.5.»..........

Ahora bien...«La justicia contiene, como parte de sí misma, una virtud, la epiqueya o equidad, que es una instancia crítica de la propia justicia, un mecanismo correctivo de su autoridad. Esta virtud postula, en primer lugar, una revisión de la ley positiva cuando se advierte en ella algo contrario a la justicia verdadera. En segundo lugar, exige que la aplicación de la ley se haga en cada caso en conformidad con su espíritu o propósito real, aunque para ello se haya de contradecir su letra. Esto convierte a la práctica justa de la justicia en una obra humana, reflexiva y responsable, absolutamente ajena a la obra, mecánica y servil, de aplicar puramente los parágrafos del código escrito.»(página e 468).

Las piqueta o la equidad no debe confundirse nunca con la filantropía, y ni la justicia puede olvidar la conmensura en favor de ninguna generosidad filantrópica ni esta generosidad filantrópica puede olvidar la condición de igualdad imprescindible para que haya justicia.
..........................
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«Solución. Hay que decir: Lo primero de la justicia, dentro de las demás virtudes, es ordenar al hombre en las cosas que están en relación con el otro. Implica, en efecto, cierta igualdad, como su propio nombre manifiesta. Vulgarmente se dice que las cosas que se igualan se ajustan. Ahora bien: la igualdad se establece en relación a otro. Pero las demás virtudes perfeccionan al hombre solamente en aquellas cosas que le convienen a él mismo...................En cambio, lo recto que hay en el acto de la justicia, aun exceptuada la relación al agente, se distribuye por relación a otro sujeto; pues en nuestras acciones se lla- ma justo a aquello que, según alguna igualdad, corresponde a otro, como la retribución del salario debido por un servicio prestado.(C.57 a.1).
................

«...El Filósofo, en V Ethic. 9, que dice que de lo justo político, uno es naturaly otro legal, esto es, establecido por la ley.

Solución. Hay que decir: Según se ha dicho (a.1), el derecho o lo justo es una acción adecuada a otra según cierto modo de igualdad. Pero algo puede ser adecuado a un hombre en un doble sentido: primero, por la naturaleza misma de la cosa, como cuando alguien da tanto para recibir otro tanto. Y esto se llama derecho natural. En un segundo sen- tido, algo es adecuado o de igual medida a otro por convención o común acuerdo, es decir, cuando uno se considera contento si recibe tanto. Esto, ciertamente, puede hacerse de dos maneras: una primera, por cierto convenio privado, como el que se establece por un acto entre personas privadas; y la segunda, por convención pública, como cuando todo el pueblo consiente que algo se tenga como adecuado y ajustado a otro, o cuando esto lo ordena el gobernante, que tiene el cuidado del pueblo y representa su persona. Y a esto se llama derecho positivo.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que lo que es natural al ser que tiene naturaleza inmutable es necesario que sea tal siempre y en to- das partes. Mas la naturaleza del hombre es mutable. Y, por esto, lo que es natural al hombre puede fallar a veces. Por ejemplo, tiene igualdad natural el hecho de que se devuelva lo depositado al de- positante; y, por consiguiente, si la naturaleza humana fuera siempre recta, ésta debería siempre observarse. Pero, debido a que la voluntad del hombre se pervierte a veces, hay algunos casos en los que lo depositado no debe ser devuelto, a fin de que un hombre con voluntad perversa no lo utilice mal; como, por ejemplo, si un loco o un enemigo del Estado exige las armas depositadas.
2. A la segunda hay que decir: Que la voluntad humana, por común acuerdo, puede convertir algo en justo en aquellas cosas que por sí no tienen ninguna oposición a la justicia natural. De ahí que el Filósofo diga, en V Ethic. 10, que justo legal es lo que, en principio, nada exige que sea así o de otro modo; mas una vez establecido, sí debe ser de un modo. Pero, si algo por sí mismo connota oposición al derecho natural, no puede hacerse justo por voluntad humana; por ejemplo, si se estableciera que es lícito robar o adulterar. Por eso exclama Is 10,1: ¡Ay de aquellos que redactan leyes inicuas!
3. A la tercera hay que decir: Que el derecho divino se llama de este modo porque es promulgado por la divinidad. Y, efectivamente, éste, en parte, es de las cosas que son naturalmente justas, pero, sin embargo, su justicia no es manifiesta a los hombres; y, en parte, es de las cosas que se hacen justas por institución divina. De donde se deduce que también el derecho divino puede dividirse en dos, del mismo modo que el derecho humano; pues, en la ley divina, existen algunas cosas mandadas por ser buenas y otras prohibidas por ser malas; por el contrario, existen ciertas cosas buenas por ser mandadas y otras malas por ser prohibidas.»(C.57a.2).

................

«Que el juez da a cada uno lo que es suyo, actuando como el que manda y el que dirige; porque el juez es lo justo animado y el
príncipe es el guardián de lo justo, como se afirma en V Ethic.11 Pero los subditos dan a cada uno lo que es suyo, actuando como el que ejecuta.»(C.58 a.1).
................

«Solución. Hay que decir: Como se dijo anteriormente (q.57 a.1), ya que el nombre de justicia comporta la igualdad, por su propia esencia la justicia tiene que referirse a otro, pues nada es igual a sí mismo, sino a otro. Y, dado que pertenece a la justicia rectificar los actos humanos, como se dijo (1-2 q.60 a.2; q.61 a.3; q.113 a.1), es necesario que esta igualdad que requiere la justicia sea de individuos diversos que puedan obrar.»(C.58 a.2).
................

«...Cuando uno hace lo que debe, no aporta utilidad de ganancia a aquel a quien hace lo que debe, sino que solamente se abstiene de dañarle; en cambio, obtiene utilidad para sí en cuanto hace lo que debe con espontánea y pronta voluntad, lo cual es obrar virtuosamente. Por eso se dice en Sab 3,7 que la sabiduría de Dios enseña templanza, justicia, prudencia y fortaleza, que es lo más útil que hay en la vida para los hombres, es decir, para los virtuosos.»(C.58 a.3).

................

«Que cualquier virtud, por su propia esencia, ordena su acto al propio fin. Pero el hecho de que el acto sea ordenado a un fin superior, ora siempre, ora alguna vez, esto no se consigue de la propia virtud, sino que es necesario que haya otra virtud superior por la que el acto se ordene a aquel fin. Y así debe haber una virtud superior que ordene todas las virtudes al bien común, la cual es la justicia legal, y es diferente por esencia de toda virtud.»(C.58 a.6).

...............

«¿Existe una justicia particular además de la justicia general?
Aristóteles: 1-2 q.60 a.3; In Ethic. 5 lect.11.
«Solución. Hay que decir: Como se ha dicho (a.6), la justicia legal no es esen- cialmente toda virtud, sino que es nece- sario que, además de la justicia legal, que ordena al hombre inmediatamente al bien común, haya otras virtudes que or- denen inmediatamente al hombre hacia los bienes particulares, los cuales pueden referirse a sí mismo o a otra persona sin- gular. Luego, así como, además de la justicia legal, es menester que haya algu- nas virtudes particulares que ordenen al hombre en sí mismo, como la templanza y la fortaleza, así también es conveniente que haya, además de ella, una justicia particular que ordene al hombre sobre las cosas que se refieren a otra persona singular.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que la justicia legal ordena suficientemente al hombre en aquellas cosas que se relacionan con otro: en cuanto al bien común, inmedia- tamente, y en cuanto al bien de una sola persona singular, mediatamente. Por eso es oportuno que haya una justicia par- ticular que ordene inmediatamente al hombre hacia el bien de otra persona particular.
2. A la segunda hay que decir: Que el bien común de la ciudad y el bien par- ticular de una persona no difieren sola- mente según lo mucho o lo poco, sino según la diferencia formal, pues no es igual la razón de bien común que la del bien particular, como tampoco es igual la razón del todo que la de la parte. Y por esto dice el Filósofo, en I Pol. 32, que no se expresan acertadamente los que dicen que la ciudad y la casa, y otras cosas semejan- tes, difieren sólo por su cuantía y parquedad y no por su especie.»(C.58 a.7).

«Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que la justicia legal ordena suficientemente al hombre en aquellas cosas que se relacionan con otro: en cuanto al bien común, inmedia- tamente, y en cuanto al bien de una sola persona singular, mediatamente. Por eso es oportuno que haya una justicia par- ticular que ordene inmediatamente al hombre hacia el bien de otra persona particular.
2. A la segunda hay que decir: Que el bien común de la ciudad y el bien par- ticular de una persona no difieren sola- mente según lo mucho o lo poco, sino según la diferencia formal, pues no es igual la razón de bien común que la del bien particular, como tampoco es igual la razón del todo que la de la parte. Y por esto dice el Filósofo, en I Pol. 32, que no se expresan acertadamente los que dicen que la ciudad y la casa, y otras cosas semejan- tes, difieren sólo por su cuantía y parquedad y no por su especie.»(C.58 a.7).

«Cualquier virtud moral versa sobre los placeres y las tristezas como materia, porque la fortaleza recae sobre los temores y audacias. Pero toda virtud moral se ordena a la delectación y a la tristeza, como a ciertos fines consiguientes, puesto que, como dice el Filósofo en VII Ethic.42, la delectación y la tristeza son el fin principal que tenemos en cuenta cuando decimos que esto es bueno y aquello malo. En este sentido pertenece también a la justicia, porque no es justo el que no se alegra de las operaciones justas, como se dice en I Ethic. 43
2. A la segunda hay que decir: Que las operaciones exteriores están, en cierto modo, en medio entre las cosas exteriores, que son su materia, y entre las pa- siones interiores, que son sus principios. Pero ocurre a veces que hay defecto en uno de estos extremos, sin fallar respec- to del otro, como si uno quitase la cosa de otro, no por deseo de poseerla, sino por voluntad de dañarle; o, por el con- trario, si alguno desea la cosa de otro, la cual, no obstante, no quiere quitársela. La rectificación, pues, de estas operacio- nes, en cuanto que se terminan en las cosas exteriores, pertenece a la justicia; pero la rectificación de las mismas, en cuanto que proceden de las pasiones, pertenece a las otras virtudes morales, las cuales tienen como objeto las pasiones. Luego la justicia impide el hurto de la cosa ajena en la medida en que es contra la igualdad que debe establecerse en las cosas exteriores; la liberalidad, en cambio, lo prohibe, en cuanto procede del deseo inmoderado de las riquezas. Y ya que las operaciones exteriores no toman la especie de las pasiones interiores, sino, más bien, de las cosas exteriores, como de sus objetos, se deduce, hablan- do con propiedad, que las operaciones exteriores son materia de la justicia más bien que de las otras virtudes morales.
3. A la tercera hay que decir: Que el bien común es el fin de las personas individuales que viven en comunidad, como el bien del todo es el fin de cada una de las partes. Mas el bien de una sola persona singular no es el fin de otra, y por eso la justicia legal, que se ordena al bien común, puede extenderse a las pasiones interiores, por las cuales el hombre se rige de algún modo en sí mismo, más que la justicia particular, que se ordena al bien de otra persona particular; aunque la justicia legal se extienda principalmente a las demás virtudes respecto de las operaciones exteriores de éstas, es decir, en cuanto que la ley prescribe hacer obras de fortaleza, de templanza y de mansedumbre, como se dice en V Ethic.44»(C.58 a.10).

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«...La justicia versa sobre las cosas simplemente buenas.»(C.58 a.10).

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ARTICULO 11
El acto de la justicia, ¿es dar a cada uno lo suyo?
Objeciones por las que parece que el acto de la justicia no es dar a cada uno lo suyo:
1. Agustín, pues, en XIV De Tria. 51, atribuye a la justicia el ayudar a los desgra- ciados. Pero en el socorro a los desgracia- dos no les damos las cosas que son suyas, sino más bien las que son nuestras. Luego el acto de la justicia no consiste en dar a cada uno lo suyo.
2. Más aún: Tulio, en 1 De offif.52, dice que la beneficencia, a la que es lícito llamar benignidad o liberalidad, pertenece a la justicia. Pero es propio de la liberalidad dar a cada uno de lo propio, no de lo que es suyo. Luego el acto de la justicia no consiste en dar a cada uno lo suyo.
3. Y también: pertenece a la justicia no solamente distribuir las cosas de un modo debido, sino también contener las acciones injuriosas, como los homicidios, adulterios y otras acciones de la misma clase. Ahora bien: el dar lo que es suyo parece que pertenece únicamente a la distribución de las cosas. Luego no se determina suficientemente el acto de la justicia cuando se dice que es propio de su acto dar a cada uno lo suyo.
En cambio está Ambrosio, que dice, en I De off. Ministr.53, que lajusticia es la virtud que da a cada uno lo suyo, no reivin- dica lo ajeno y descuida la propia utilidad
para salvaguardar la común equidad.

Solución. Hay que decir: Como ya se ha expuesto (a.8.10), la materia de la justicia es la operación exterior, en cuanto que esta misma, o la cosa que por ella usamos, es proporcionada a otra persona, a la que estamos ordenados por la justicia. Ahora bien: se dice que es suyo —de cada persona— lo que se le debe según igualdad de proporción, y, por consiguiente, el acto propio de la justicia no es otra cosa que dar a cada uno lo suyo.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que a la justicia, puesto que es virtud cardinal, se unen algunas otras virtudes secundarias, como la misericordia, la liberalidad y otras virtudes semejantes, como posteriormente se demostrará (q.80). Y, por tanto, ayudar a los desgraciados, lo cual pertenece a la misericordia o a la piedad, y hacer el bien liberalmente, lo que pertenece a la liberalidad, se atribuyen, por cierta reducción, a la justicia como virtud principal.
2. A la segunda hay que decir: Que con lo dicho queda contestada la segunda objeción.
3. A la tercera hay que decir: Que, como dice el Filósofo en V Ethic.54, todo lo superfluo en las cosas que perte- necen a la justicia, por extensión del nombre se llama lucro, como también todo lo que es menos se llama daño. Y esto es así porque la justicia ha sido ejer- citada en primer lugar, y se ejerce más comúnmente en las transacciones voluntarias de las cosas, como en la compra- venta, en las que propiamente se pro- nuncian esos nombres; y de ahí se han derivado estos mismos nombres hasta aplicarlos a todas las cosas que puedan ser objeto de la justicia. Y esa misma razón se aplica al hecho de dar a cada uno lo suyo.»(C.58 a.11).

51. SAN AGUSTÍN, De Trin. 14 c.9: ML 42,1046. 52. CICERÓN, De off. 1 c.7 (DD 4,430). 53. SAN AMBROSIO, De off. Ministr. c.24: ML 16,62. 54. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.4 n.13 (BK 1132b11): S. TH., lect.7. (C.58 a.11, página 486).
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«ARTICULO 12
La justicia, ¿sobresale entre todas las virtudes morales?
Infra q.123 a.12; q.141 a.8; 1-2 q.66 a.4; In Sent. 3 d.33 q.1 a.3 q.a1; 4 d.33 q.3 a.3; In Ethic. 5 lect.2.
Objeciones por las que parece que la justicia no sobresale entre todas las vir- tudes morales:
1. A la justicia pertenece dar a otro 10 que es suyo; sin embargo, a la libera- lidad le compete el dar de lo propio, lo cual es más virtuoso. Luego la liberali- dad es mayor virtud que la justicia.
2. Más aún: nada recibe ornamento si no es de algo más excelente. Ahora bien: la magnanimidad es el ornamento no sólo de la justicia, sino también de todas las virtudes, como se afirma en IV Ethic. 55 Luego la magnanimidad es más noble que la justicia.
3. Y también: la virtud tiene como objeto lo difícil y bueno, según se dice en 11 Ethic.56 Pero la fortaleza trata más que la justicia sobre las cosas difíciles, esto es, acerca de los peligros de la muerte, como se afirma en III Ethic.57 Luego la fortaleza es más noble que la justicia.
En cambio está Tulio, que, en I De offic. 58, afirma: En la justicia, el esplendor de la virtud es máximo, y por ella los hom- bres son llamados buenos.
Solución. Hay que decir: Si hablamos de la justicia legal, es claro que ésta es la más preclara entre todas las virtudes morales, en cuanto que el bien común es preeminente sobre el bien singular de una persona. Y según esto, el Filósofo, en V Ethic. 59, afirma que la más preclara de las virtudes parece ser la justicia, y no son tan admirables como ella ni el Héspero ni Lucifer.
Pero, aun refiriéndose a la justicia particular, también ésta sobresale entre las otras virtudes morales por doble ra- zón: la primera de las cuales puede to- marse por parte del sujeto, es decir, porque se halla en la parte más noble del alma, en el apetito racional, esto es, en la voluntad, mientras que las otras virtu- des morales radican en el apetito sensiti- vo, al que pertenecen las pasiones, que son materia de las otras virtudes mora- les. La segunda razón deriva de parte del objeto, pues las otras virtudes son alabadas solamente en atención al bien del hombre virtuoso en sí mismo. En cambio, la justicia es alabada en la medi- da en que el virtuoso se comporta bien con respecto al otro; y así, la justicia es, en cierto modo, un bien de otro, como se dice en V Ethic.60 Y por esto el Filó- sofo, en I Rhet. 61, afirma: Las virtudes más grandes son necesariamente aquellas que son más útiles a otros, ya que la virtud es una potencia bienhechora. Por eso son honrados preferentemente los fuertes y los justos, porque la fortaleza es útil a otros en la guerra; en cambio, la justicia lo es en la guerra y en la paz.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que aunque la libe- ralidad dé de lo suyo, sin embargo, lo hace en cuanto considera en ello el bien de la propia virtud. Mas la justicia da a otro lo suyo como el que considera el bien común. Y, además, la justicia es observada respecto a todos; la liberali- dad, por el contrario, no puede exten- derse a todos. Y, finalmente, la liberali- dad, que da de lo propio, se funda sobre la justicia, por la que se da a cada uno lo que es suyo.
2. A la segunda hay que decir: Que la magnanimidad aumenta su bondad en cuanto sobreviene a la justicia; ésta, sin la justicia, tampoco tendría razón de virtud.
3. A la tercera hay que decir: Que la fortaleza, aunque consiste en las cosas más difíciles, sin embargo, no versa sobre las mejores, por ser solamente útil en la guerra; en cambio, la justicia lo es en la guerra y en la paz, como se ha dicho (en la solución).»(C.58, a 12).

55. ARISTÓTELES, Ethic. 4 c.3 n.16 (BK 1124a1): S. TH., lect.8. 56. ARISTÓTELES, Ethic. 2 c.3 n.10 (BK 1105a9): S. TH., lect.14. 57. ARISTÓTELES, Ethic. 3 c.6 n.6 (BK 1115a24): S. TH., lect.14. 58. CICERÓN, De off. 1 c.7 (DD 4,430). 59. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.1 n.15 (BK 1129b27): S. TH., lect.2. 60. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.1 n.17 (BK 1130a3): S. TH., lect.2. 61. ARISTÓTELES, Rhet. 1 c.9 n.6 (BK 1366b3).
(C.58, a 12, página 487).

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LA INJUSTICIA. (C.59, a 1, página 488).

«La injusticia es de dos clases: la primera, la ilegal, que se opone a la justicia legal. Esta es, por esencia, un vicio especial en cuanto que se refiere a un objeto especial, es de- cir, al bien común que desdeña. Pero, en cuanto a la intención, es vicio general, pues por el desprecio del bien común puede ser conducido el hombre a todos los pecados; como también todos los vicios, en la medida en que se oponen al bien común, tienen razón de injusticia, como derivados de ésta, según se ha dicho antes al tratar de la justicia (q.58 a.5-6).
Otra forma de injusticia es aquella que entraña cierta desigualdad con respecto a otro; esto es, según que el hom- bre quiere tener más bienes, como riqueza y honores, y menos males, como trabajos y daños. En esta acepción, la justicia tiene materia especial y es vicio particular opuesto a la justicia particular.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que así como se define la justicia legal por comparación al bien común de los hombres, así también la justicia divina se define por com- paración al bien divino, al que se opone todo pecado; y, según esto, a todo pecado se le llama iniquidad.
2. A la segunda hay que decir: Que la injusticia, aun la particular, se opone di- rectamente a todas las virtudes, es decir, en cuanto que los actos exteriores también pertenecen tanto a la justicia como a las otras virtudes morales, aunque de forma distinta, según se ha dicho anteriormente (q.58 a.9 ad 2).
3. A la tercera hay que decir: Que la voluntad, como también la razón, se extiende a toda la materia moral, es decir, a las pasiones y a las operaciones exte- riores que se refieren a otro. Pero la justicia perfecciona la voluntad sólo en cuanto que se extiende a las operaciones que se refieren a otro. Y de igual modo la justicia.»(C.59, a 1, página 488).

«Como el objeto de la justicia es una igualdad en las cosas exteriores, así también el objeto de la injusticia es cierta desigualdad, es decir, según que se atribuya a alguien más o menos de lo que le corresponde. Mas ese objeto se compara con el hábito de la injustica mediante el acto propio, que se llama la injusticia. Puede, en efecto, ocurrir que el que realiza un acto injusto no sea injusto, en un doble sentido. Primero por falta de referencia de la operación al objeto propio de la misma, la cual recibe su especie y nombre del objeto propio; no, por el contrario, del objeto accidental. Ahora bien: en las cosas que son hechas por un fin, denomínase esencial lo que se ha intentado, y accidental lo que se hace involuntariamente. Y por esto, si alguien hace algo que es injusto no teniendo intención de hacer lo injusto, como cuando lo hace por ignorancia, entonces no realiza lo injusto propia y formalmente hablando, sino sólo accidental y materialmente. Y tal operación no se denomina injusticia. En segundo lugar, puede suceder por defecto de conexión de la operación misma con el hábito. Pues una injusticia puede a veces proceder de alguna pasión, como de la ira o de la concupiscencia, y otras de la elección, es decir, cuando la misma injusticia de suyo agrada; y entonces, propiamente, procede del hábito, porque a cualquiera que tiene un hábito le es agradable propiamente lo que conviene a dicho hábito. Luego hacer lo injusto con intención y elección es propio del hombre injusto, en la medida en que se llama injusto al que tiene el hábito de la injusticia. Sin embargo, alguien puede hacer lo injusto involuntariamente o por pasión sin el hábito de la injusticia.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el objeto propia y formalmente tomado especifica el hábito, mas no cuando se considera accidental y materialmente.
2. A la segunda hay que decir: Que no le es fácil a cualquiera hacer lo injusto por elección, como algo de suyo apetecible, y no por otra razón, sino que esto es propio del que tiene el hábito, como allí mismo afirma el Filósofo4.
3. A la tercera hay que decir: Que el objeto de la templanza no es algo constituido de forma externa, como el objeto de la justicia, sino que dicho objeto, es decir, lo atemperado, se considera exclusivamente en relación al hombre mismo; y, por tanto, lo que es accidental y está fuera de la intención no puede llamarse moderado ni formal ni materialmente; y del mismo modo, tampoco inmoderado. En esto existe diferencia entre la justicia y las otras virtudes morales; pero en cuanto a la comparación de la operación con el hábito, en todas se da semejanza.»(C.59 a.2).

2. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.9 n.16 (BK 1137a17): S. TH., lect.15. 3. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.9 n.16 (BK 1134a17): S. TH., lect.11. 4. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.9 n.16 (BK 1137a22); c.6 n.1 (BK 1134a17).
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«ARTICULO 3
¿Puede alguien sufrir voluntariamente lo injusto?
In Ethic. 5 lect.14.

Objeciones por las que parece que uno puede sufrir voluntariamente lo injusto:
1. Lo injusto es lo desigual, como se ha dicho (a.2). Pero uno se separa de la igualdad dañándose a sí mismo, como también dañando a otro. Luego uno puede hacerse a sí mismo injusticia al igual que a otro; sin embargo, cualquiera que se hace a sí mismo injusticia lo hace queriendo. Luego uno, voluntariamente, puede sufrir la injusticia, sobre todo por parte de sí mismo.
2. Más aún: a nadie se le castiga según la ley civil sino por realizar alguna injusticia. Pero los que se suicidan se castigan a sí mismos según las leyes de los ciudadanos con el hecho de ser privados del honor de la sepultura, como se pone de manifiesto por el Filósofo en V Ethic. 5 Luego puede uno hacerse a sí mismo injusticia, y así sucede que voluntariamente sufra lo injusto.
3. Y también: nadie hace lo injusto sino a alguien que lo sufre; ahora bien: puede ocurrir que uno haga lo injusto a otro que lo consienta, como si le vende una cosa en más de lo que vale. Luego se da el caso de que alguno sufra, queriendo, una injusticia.
En cambio está el hecho de que el sufrir injusticia es opuesto a hacer lo que es injusto. Ahora bien: nadie hace lo injusto sino queriendo. Luego, por oposición, nadie padece injusticia a no ser queriendo.

Solución. Hay que decir: La acción, por su naturaleza, procede del agente; en cambio, la pasión, según su propia razón, proviene de otro. De ahí que una misma cosa no pueda ser, al mismo tiempo y bajo el mismo concepto, agente y paciente, como se expone en III6 y VIII Physic. 7 Mas el principio propio de la acción en los hombres es la voluntad, y, por ello, el hombre hace propiamente y por sí mismo lo que hace queriendo;
y, por el contrario, sufre propiamente lo que contra su voluntad soporta, porque, en la medida en que está queriendo algo, es de suyo principio de su acto y, por ello, en cuanto es de esta clase, es más bien agente que paciente.
Pues debe decirse que nadie puede hacer lo injusto, esencial y formalmente hablando, sino queriéndolo, ni sufrirlo, sino no queriéndolo. Mas, accidental y casi materialmente hablando, puede alguno hacer, no queriéndolo, lo que es de suyo injusto, como cuando uno obra sin intención, o perjudicarse queriendo, como cuando alguien da a otro volunta- riamente más de lo que le debe.

Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que cuando alguno, por su voluntad, da a otro lo que no le debe, no comete ni injusticia ni desigualdad. Pues el hombre, por su voluntad, posee sus bienes, y de este modo no está fuera de equidad si se le sustrae algo, ya sea por sí mismo, ya sea por otro con su propia aquiescencia.

2. A la segunda hay que decir: Que una persona singular puede ser considerada de dos modos. Primero, en sí, y en este sentido, si se infiere a sí misma algún perjuicio, puede su acto tener razón de otro pecado, como de intemperancia o de imprudencia, mas no de injusticia, pues tanto la justicia como la injusticia se refieren siempre a otro. En segundo lugar, puede considerarse un hombre en cuanto es algo de la ciudad, es decir, como parte suya integrante, o en cuanto es algo de Dios, esto es, su criatura e imagen; y así, el que se suicida no comete una injuria a sí mismo, sino a la ciudad y a Dios. Por eso es castigado tanto según la ley divina como según la ley humana, como también dice el Apóstol del fornicador: Si alguien viola el templo de Dios, Dios le destruirá (1 Cor 3,17).
3. A la tercera hay que decir: Que la pasión es efecto de una acción exterior. En efecto, en el hacer y sufrir lo injusto, el elemento material es lo que se obra exteriormente, tomado en sí mismo, como se ha dicho (a.2); pero lo que allí existe esencial y formalmente es determi- nado según la voluntad del agente y del paciente, como es manifiesto por lo ya expuesto (en la sol. y a.2). Luego debe decirse que el que uno haga lo injusto y otro lo sufra, hablando materialmente, son siempre cosas concomitantes; pero, si hablamos formalmente, uno puede hacer lo injusto intentando perjudicar a otro, y, sin embargo, no sufrir éste la injusticia porque la sufre queriendo. Por el contrario, puede alguno sufrir la injusticia si, aun no queriendo lo que es justo, lo sufre, y, no obstante, el que ignorándolo lo hace, no cometerá la injusticia formal, sino sólo materialmente.»(C.59 a.3).

5. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.11 n.3 (Btc 1138a12): S. TH., lect.17. 6. ARISTÓTELES, Phys. 3 c.1 n.8 (BK 201a19): S. TH., lect.2. 7. ARISTÓTELES, Phys. 8 c.5 n.8 (BK 256b20): S. TH., lect.10.
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«CUESTIÓN 60

El juicio.

Corresponde a continuación tratar del juicio (cf. q.57 introd.).

Sobre esto se formulan seis preguntas:
1. El juicio, ¿es acto de la justicia?—2. ¿Es lícito juzgar?—3. ¿Se debe
juzgar por sospecha?—4. ¿Se deben interpretar las cosas dudosas en sentido favorable?—5. ¿Siempre debe dictarse el juicio según las leyes escritas?— 6. ¿Se pervierte el juicio por la usurpación de poder?»

«... Juicio se le llama propiamente al acto del juez en cuanto que es juez, y al juez se le llama tal porque es quien pronuncia el derecho. Mas el derecho es el objeto de la justicia, como ya se ha demostrado (q.57 a.1). Y, por esto, el juicio implica, en la primera acepción del nombre, la definición o determinación de lo justo o del derecho. Por otra parte, el que alguien defina bien en las obras virtuosas proviene propiamente del hábito de la virtud; como, por ejemplo, el casto determina rectamente las cosas que pertenecen a la castidad. De ahí que el juicio, puesto que comporta la recta determinación de lo que es justo, corresponda propiamente a la justicia. Por lo cual dice el Filósofo, en V Ethic.3, que los hombres acuden al juez como a cierta justicia animada.

Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el nombre de juicio, que, según su primitiva acepción, significa la recta determinación de las cosas justas, se amplió a significar la recta determinación en cualquier cosa, tanto en las especulativas como en las prácticas. En ellas, sin embargo, para un juicio recto, se requieren dos condiciones. Una de éstas es la virtud misma que profiere el juicio, y en este sentido el juicio es acto de la razón, pues decir o definir algo es propio de la razón. La otra, en cambio, es la disposición del que juzga, por la cual tiene la idoneidad para juzgar rectamente. Y así, en aquellas cosas que pertenecen a la justicia, el juicio procede de la justicia, como también en las que pertenecen a la fortaleza proceden de ésta. Así, pues, el juicio es acto de justicia, según que ésta se incline a juzgar rectamente, y de prudencia, en cuanto que esta virtud pronuncie el jui- cio. De ahí que también la synesis o sentido moral, perteneciente a la prudencia, sea llamada virtud del buen juicio, según lo antes expuesto (q.51 a.3).
2. A la segunda hay que decir: Que el hombre espiritual tiene inclinación, por el hábito de la caridad, a juzgar recta- mente de todas las cosas, según las re- glas divinas, por las que pronuncia el juicio mediante el don de sabiduría; como el justo, por la virtud de la pru- dencia, pronuncia el juicio según las re- glas del derecho.
3. A la tercera hay que decir: Que el resto de las virtudes ordenan al hombre en sí mismo; pero la justicia lo ordena a otro, como se desprende de lo dicho (q.58 a.2). Mas el hombre es dueño de las cosas que le pertenecen; sin embargo, no lo es de las que pertenecen a otro. Y por esto en aquellas cosas que se refie- ren a las otras virtudes no se requiere sino el juicio del hombre virtuoso, con- siderando, no obstante, el nombre de
juicio en su sentido lato, según lo dicho (ad 1). Pero en aquellas cosas que perte- necen a la justicia se requiere el juicio ulterior de algún superior que sea capaz de argüir a ambos y poner la mano sobre ellos (Job 11,33). Y por esta razón el juicio corresponde a la justicia más especial- mente que a alguna otra virtud.
4. A la cuarta hay que decir: Que la justicia en el príncipe es como virtud organizadora, pues manda y prescribe lo que es justo; mas en los subditos es como virtud ejecutiva y sirviente. Y, por tanto, el juicio que comporta la de- terminación de lo justo pertenece a la justicia, en cuanto que reside de un modo muy principal en quien preside la comunidad.»(C.60, a 1).

1. ARISTÓTELES, Ethic. 1 c.3 n.5 (BK 1094b27): S. TH., lect.3. 2. ARISTÓTELES, Ethic. 3 c.4 n.15 (BK 1113a32): S. TH., lect.10. 3. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.4 n.7 (BK 1132a20): S. TH., lect.6.

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ARTICULO 2 (C.60, a 2).

¿Es lícito juzgar?
3 q.59 a.1; Cont. impugn. relig. c.21; In Rom. 2 lect.1; 14 lect.1; In 1 Cor. 4 lect.1.
Objeciones por las que parece que no es lícito juzgar:
1. No se impone pena sino por lo ilícito. Pero a los que juzgan les amena- za una pena, que evitan los que no juz- gan, según el texto de Mt 7,1: No juz- guéis, y no seréis juzgados. Luego es ilícito juzgar.
2. Más aún: dice Rom 14,4: ¿Quién eres tú para juzgar al siervo de Dios? Depende de su señor el estar de pie o caído. Y el señor de todas las cosas es Dios. Luego a ningún hombre le está permitido juzgar.
3. Y también: ningún hombre hay sin pecado según la sentencia evangélica de 1 Jn 1,8: Si dijéramos que no tenemos pe- cado, nosotros mismos nos engañamos. Mas al pecador no le está permitido juzgar, se- gún aquello de Rom 2,1: Eres inexcusa- ble, ¡oh hombre!, cualquiera que seas, tú que juzgas; pues en aquello en que juzgas a otro, a ti mismo te condenas, pues haces lo mismo que juzgas. Luego a nadie le está permitido juzgar.
En cambio está Dt 16,18, que dice: Establecerás jueces y maestros en todas tus puertas, para que juzguen al pueblo con juicio justo.

Solución. Hay que decir: El juicio es lícito en tanto en cuanto es acto de justicia; mas, como se deduce de lo dicho (a.1 ad 1.3), para que el juicio sea acto de justicia se requieren tres condiciones: primera, que proceda de una inclinación de justicia; segunda, que emane de la autoridad del que preside; y tercera, que sea pronunciado según la recta razón de la prudencia. Si faltare cualquiera de estas condiciones, el juicio será vicioso e ilícito. Así, en primer lugar, cuando es contrario a la rectitud de la justicia, se llama, de este modo, juicio vicioso o injusto. En segundo lugar, cuando el hombre juzga de cosas sobre las que no tiene autoridad, y entonces se denomina juicio usurpado. Y tercero, cuando falta la certeza racional, como cuando alguien juzga de las cosas que son dudosas u ocultas por algunas ligeras conjeturas, y en este caso se llama juicio suspicaz o temerario.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el Señor prohibe allí el juicio temerario, que trata sobre la intención del corazón u otras cosas inciertas, como explica Agustín en el libro De Serm. Dom. in monte4. O prohibe e las cuales, por ser superiores a nos- otros, no debemos juzgar, sino simple- mente creerlas, según dice Hilario en Su- per Matth.5 O bien prohibe el juicio que no se hace por benevolencia, sino por rencor, como afirma el Crisóstomo6.
2. A la segunda hay que decir: Que el jue2 esta constituido como ministro de Dios; de ahí que diga Dt 1,16: Juzgad lo que es justo. Y añade después, v.17: Porque el juicio es de Dios.
3. A la tercera hay que decir: Que los que están en graves pecados no deben juzgar a los que están en los mismos o menores pecados, según dice el Crisós- tomo7, sobre aquello de Mt 7,1: No juz- guéis; y esto debe entenderse principal- mente cuando sus pecados son públicos, porque debido a esto se genera el escán- dalo en los corazones de los demás. Pero si no son públicos, sino ocultos, y la ne- cesidad de juzgar apremia por razón del cargo, se puede con humildad y temor argüir o juzgar. Por lo cual dice Agus- tín, en el libro De serm. Dom. in monte 8: Si nos encontrásemos en el mismo vicio, deplo- rémoslo juntos y estimúlemenos a aunar nues- tros esfuerzos. Sin embargo, no por esto el hombre se condena a sí mismo, de modo que adquiera para sí un nuevo mérito de condenación, sino que, conde- nando a otro, muestra que él es igual- mente digno de ser castigado por igual o semejante pecado.»(C.60, a 2).

4. SAN AGUSTÍN, De Serm. Dom. 2 c.18: ML 84,1297.
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«ARTICULO 3 (C.60, a 3).

El juicio procedente de sospecha, ¿es ilícito?
Quodl. 12 a.2.

Objeciones por las que parece que el juicio que procede de sospecha no es ilícito:
1. La sospecha parece que es una opinión incierta sobre la existencia de algo malo, por lo cual escribe el Filósofo, en VI Ethic. 9, que la sospecha se refiere no sólo a lo verdadero, sino también a lo falso. Pero de cada una de las cosas contingentes no puede tenerse sino opinión incierta. Luego, puesto que el juicio humano versa sobre los actos humanos, que consisten en hechos singulares y contingentes, parece que ningún juicio sería lícito si no fuera lícito juzgar por sospecha.
2. Más aún: por el juicio ilícito se hace injuria al prójimo. Mas la sospecha mala consiste solamente en una opinión del hombre, y así no parece causar una injuria a otro. Luego el juicio de sospecha no es ilícito.
3. Y también: si es ilícito, es necesa- rio que se reduzca a la injusticia, puesto que el juicio es acto de justicia, según lo dicho (a.1). Pero la injusticia, por su género, es siempre pecado mortal, como se ha demostrado (q.59 a.4). Luego el juicio por sospecha sería siempre pecado mortal si fuese ilícito; pero esto es falso, porque no podemos evitar las sospechas, como dice la Glosa 10 de Agustín sobre 1 Cor 4,5: No juzguéis antes de tiempo. Luego el juicio sospechoso no parece ser ilícito.
En cambio está el Crisóstomo, que sobre Mt 7,1: No juzguéis..., dice11: El Señor, por este mandato, no prohibe a unos cristianos el corregir a otros con benevolencia;
pero sí el que por jactancia de su justicia unos cristianos desprecien a otros, odiándoles y con- denándoles a menudo por sospechas solamente.

Solución. Hay que decir: Como dice Tulio, la sospecha implica una opinión de lo malo cuando procede de ligeros indicios12. Y esto puede ocurrir de tres modos: primero, porque uno es malo en sí mismo, y por ello, como conocedor de su malicia, fácilmente piensa mal de los demás, según aquellas palabras del Ecl 10,3: El necio, andando en su camino y siendo él estulto, a todos juzga necios. Segundo, puede proceder de tener uno mal afecto a otro; pues cuando alguien desprecia u odia a otro o se irrita y le envidía, piensa mal de él por ligeros indicios, porque cada uno cree fácilmente lo que apetece. En tercer lugar, la sospecha puede provenir de la larga experiencia; por lo que dice el Filósofo, en II Rhet. 13, que los ancianos son grandemente suspicaces, ya que muchas veces han experimentado los defectos de otros.
Las dos primeras causas de la sospecha pertenecen claramente a la perversidad del afecto; mas la tercera causa disminuye la razón de la sospecha, en cuanto que la experiencia aproxima a la certeza, que está contra la noción de sospecha; y por esto la sospecha implica cierto vicio, y cuanto más avanza ésta, tanto es ello más vicioso.
Hay, pues, tres grados de sospecha: primero, cuando un hombre, por leves indicios, comienza a dudar de la bondad de alguien, y esto es pecado leve y venial, pues pertenece a la tentación humana, de la que esta vida no se halla exenta, como se aprecia en la Glosa 14 sobre 1 Cor 4,5: No juzguéis antes de tiempo. El segundo grado es cuando alguien, por indicios leves, da por cierta la malicia de otro, y esto, si trata sobre algo grave, es pecado mortal, en cuanto no se hace sin desprecio del prójimo; por lo cual la Glosa añade15: "Aunque, pues, no podemos evitar las sospechas, porque somos hombres, al menos de- bemos suspender nuestros juicios, esto es, nuestras sentencias firmes y definitivas". Tercero es cuando algún juez procede a condenar a alguien por sospecha; esto también pertenece directamente a la injusticia, y, por ello, es pecado mortal.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que en los actos humanos se encuentra alguna certeza, no como en las ciencias demostrativas, sino en la medida en que conviene a aquella materia; por ejemplo, cuando algo es
probado por testigos idóneos.
2. A la segunda hay que decir: Que por el hecho mismo de que alguien sin causa suficiente tenga de otro mala opinión, le desprecia indebidamente y, por tanto, le injuria.
3. A la tercera hay que decir: Que, puesto que la justicia y la injusticia tienen por objeto las operaciones exteriores, según se ha dicho (q.57 a.8.10.11; q.59 a.1 ad 3), entonces el juicio sospechoso pertenece directamente a la injusticia cuando recae sobre un acto exterior, y, en consecuencia, es pecado mortal, conforme a lo expuesto (en la sol.). Mas el juicio interno solamente pertenece a la justicia en cuanto se relaciona con el juicio exterior como el acto interno con el externo, como la concupiscencia con la fornicación y la ira con el homicidio.»(C.60, a 3).

5. SAN HILARIO, In Matth. c.5: ML 9,950.
Matth. hom.17 super 7,1: MG 56,725. 7. SAN JUAN CRISÓSTOMO, In Matth. hom.23: MG 57,310. 8. SAN AGUSTÍN, De Serm. Dom. 2 c.19: ML 34,1299. 9. ARISTÓTELES, Ethic. 6 c.3 n.1 (BK 1139b17): S. TH., lect.3. 10. Glossa ordin. (6,38 F); Glossa de PEDRO LOMBAR- DO: ML 191,1566. Cf. SAN AGUSTÍN, In Ioann. tr.90 super 15,23: ML 35,1859. 11. Cf. Ps. JUAN CRISÓSTOMO, Op. imperf. in Matth. hom.17 super 8,1: MG 56,725. 12. Cf. ALEJAN- DRO HALENSE, Summa Theol. 2-2 n.355 (QR 3,362). Puede verse CICERÓN, Tuscul. 4 c.7 (DD 4,27).(C.60 a 3, página 494).

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«Porque lo verdadero es el bien del entendimiento, y lo falso su mal, como se dice
en VI Ethic...»(ARISTÓTELES, Ethic. 6 c.2 n.3)...(C.60, a 4).
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«ARTICULO 5
¿Se debe juzgar siempre según las leyes escritas?

Objeciones por las que parece que no siempre se debe juzgar según las leyes escritas:
1. Siempre debe evitarse un juicio injusto. Sin embargo, a veces, las leyes escritas contienen injusticia, según aque- llo de Is 10,1: ¡Ay de los que establecen le-
yes inicuas y han escrito injusticia! Luego no siempre debe juzgarse según las leyes es- critas.
2. Más aún: el juicio debe versar sobre sucesos particulares. Pero ninguna ley escrita puede abarcar todos los sucesos singulares, como se señala por el Filósofo en V Ethic.19 Luego parece que no siempre debe juzgarse según las leyes escritas.
3. Y también: la ley se escribe para que se manifieste el dictamen del legislador. Mas algunas veces sucede que, si el mismo legislador estuviera presente, juzgaría de otro modo. Luego no siempre se debe juzgar según la ley escrita.
En cambio está Agustín, en el libro De vera relig. 20, que dice: En las leyes temporales, aunque los hombres las discuten al instituirlas, sin embargo, después de instituidas y confirmadas, no les será permitido juzgar de las mismas, sino según ellas.
Solución. Hay que decir: Según lo dicho (a.1), el juicio no es otra cosa que cierta definición o determinación de lo que es justo; mas una cosa se hace justa de dos modos: bien por su misma naturaleza, lo que se llama derecho natural, o bien por cierta convención entre los hombres, lo cual se denomina derecho positivo, según lo expuesto anteriormen- te (q.57 a.2). Las leyes, no obstante, se escriben para la declaración de ambos derechos, aunque de diferente manera. Pues la ley escrita contiene el derecho natural, mas no lo instituye, ya que éste no toma fuerza de la ley, sino de la na- turaleza; pero la escritura de la ley contiene e instituye el derecho positivo, dándole la fuerza de autoridad. Por eso es necesario que el juicio se haga según la ley escrita, pues de otro modo el juicio se apartaría ya de lo justo natural, ya de lo justo positivo.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que así como la ley escrita no da fuerza al derecho natural, tampoco puede disminuírsela o quitárse- la, puesto que la voluntad del hombre no puede cambiar la naturaleza. Por lo cual, si la ley escrita contiene algo con- tra el derecho natural, es injusta y no tiene fuerza para obligar, pues el dere- cho positivo sólo es aplicable cuando es indiferente ante el derecho natural el que una cosa sea hecha de uno u otro modo, según lo ya demostrado (q.57 a.2 ad 2). De ahí que tales escrituras no se llamen leyes, sino más bien corrupciones de la ley, como se ha dicho antes (1-2 q.95 a.2), y, por consiguiente, no debe juzgarse según ellas.
2. A la segunda hay que decir: Que así como las leyes inicuas por sí mismas contrarían al derecho natural, o siempre o en el mayor número de casos, de igual modo las leyes que son rectamente establecidas son deficientes en algunos casos, en los que, si se observasen, se iría contra el derecho natural. Y por eso, en tales casos, no debe juzgarse según la literalidad de la ley, sino que debe recurrirse a la equidad, a la que tiende el legislador. De ahí que diga el Jurisperito 21: Ni la razón de derecho ni la benignidad de la equidad sufren que lo que se ha introducido en interés de los hombres sea interpretado de una manera demasiado dura en contra de su beneficio, desembocando en severidad. En tales casos, aun el mismo legislador juzgaría de otra manera, y si lo hubiera previsto lo habría determinado en la ley.
3. A la tercera hay que decir: Que con lo dicho queda contestada la tercera dificultad.»

21. Dig. 1 tit.3 leg.25: Nulla iuris (KR I 34). (C.60, a 5).

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«ARTICULO 6
El juicio, ¿se convierte en perverso por la usurpación?
Infra q.67 a.1; In Rom. 14 lect.1.

Objeciones por las que parece que el juicio no se convierte en perverso por la usurpación:
1. La justicia es cierta rectitud en las acciones, y nada perjudica a la verdad por quién sea dicha, sino por qué tipo de cosa debe ser recibida. Luego tampoco perjudica a la justicia por quién es determinado lo que es justo, lo cual per- tenece a la razón del juicio.
2. Más aún: castigar los pecados pertenece al juicio; pero se lee que algunos fueron alabados por castigar pecados de otros, y, sin embargo, no tenían autoridad sobre los que castigaban, como Moisés matando a un egipcio, en Ex 2,11ss, y Finees, hijo de Eleazar, a Zambri, hijo de Salumi, según se lee en Núm 25,7ss, y esto le fue reputado a jus- ticia, como se dice en Sal 105,31. Luego la usurpación del juicio no pertenece a la injusticia.
3. Y también: la potestad espiritual se distingue de la temporal; pero a veces los prelados, que tienen potestad espiritual, intervienen en cosas que pertenecen al poder secular. Luego el juicio usurpado no es ilícito.
4. Todavía más: así como para juzgar rectamente se requiere autoridad, así también la justicia y la ciencia del que juzga, como se infiere de lo anteriormente expuesto (a.1 ad 1.3; a.2). Mas no se dice que sea injusto el juicio de quien juzga sin tener el hábito de la justicia o la ciencia del derecho. Luego tampoco el juicio usurpado, que se hace por falta de autoridad, será siempre injusto.
En cambio está Rom 14,4, que dice: ¿Quién eres tú que juzgas al siervo ajeno?
Solución. Hay que decir: Ya que se debe juzgar según las leyes escritas, con- forme a lo expuesto (a.5), el que emite el juicio interpreta de algún modo el texto de la ley, aplicándolo a un asunto particular. Ahora bien: puesto que es propio de una misma autoridad interpretar y hacer la ley, del mismo modo que no puede establecerse la ley sino por la autoridad pública, así tampoco puede emitirse el juicio a no ser por la autoridad pública, la cual extiende su acción a todos los que están sometidos a la comunidad. Por tanto, lo mismo que sería injusto que alguien obligase a otro a observar una ley que no hubiera sido sancionada por la autoridad pública, también es injusto que alguien obligue a otro a sufrir un juicio que no haya sido pronunciado por la autoridad pública.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el hecho de proferir la verdad no conlleva compulsión a recibirla, sino que es libre para cada uno el recibirla o no, según quiera. Pero el juicio implica cierta coacción, y por esto es injusto que alguien sea juzgado por quien no tiene autoridad pública.
2. A la segunda hay que decir: Que Moisés parece haber matado al egipcio como investido de autoridad, por inspiración divina, según aparece por lo que se lee en Act 7,25: Matando al egipcio pensaba Moisés que entenderían sus hermanos que el Señor, por su mano, había de dar la salvación a Israel. También puede decirse que Moisés mató al egipcio defendiendo con moderada y legítima defensa al que sufría una injuria; y de ahí que Ambrosio, en el libro De offic. 22, diga que quien no repele la injuria hecha al compañero cuando puede, es tan culpable como el que la hace (a); y pone como ejemplo el de Moisés. Incluso puede decirse, como dice Agustín, en Quaestionibus Exod. 23, que así como se alaba la fertilidad de la tierra que produce hierbas inútiles, pensando en las buenas semillas venideras, así aquel acto de Moisés fue culpable en sí, pero revelaba indicio de gran fecundidad, es decir, en cuanto que era signo de la energía con que había de librar al pueblo.
Respecto a Finees, debe decirse que lo hizo por inspiración divina, impulsado por el celo de Dios; o porque, aunque todavía no era sumo sacerdote, era, sin embargo, hijo de éste, y a él pertenecía este juicio, como también a los otros jueces a quienes esto estaba mandado (Ex 22,20; Lev 20; Dt 13,17).
3. A la tercera hay que decir: Que la potestad secular está sometida a la espiritual como el cuerpo al alma; y por esto no hay juicio usurpado si un prelado espiritual interviene en los asuntos temporales respecto de aquellas cosas en que esta potestad temporal le está sometida o respecto de aquellas otras que a ella le son delegadas por la potestad secular (b).
4. A la cuarta hay que decir: Que el hábito de la ciencia y el hábito de la justicia son perfecciones propias del individuo; y, por tanto, no se le llama al juicio usurpado por la carencia de éstas, como ocurre por falta de pública autoridad, de la cual el juicio toma su fuerza coercitiva.» (C.60, a 6).

22. SAN AMBROSIO, De off. Ministr. 1 c.36: ML 16,81. 23. SAN AGUSTÍN, Quaest. in Heptat. 2 q.2 super Exod. 2,12: ML 34,549. Cf. Contra Faust. 22 c.70: ML 42,414.

a. En el cuerpo de este artículo se nos dice que nadie que no esté investido de legítima autoridad puede sentenciar a otro, o, lo que es lo mismo, que nadie está facultado para tomarse la justicia por su mano. En la respuesta a esta objeción, a propósito de algunos casos bíblicos, se tiene en cuenta la eventualidad de que tal proceder resulte legítimo y hasta obligado. El exponente más significado de esta eventualidad es la revuelta contra un régimen político juzgado injusto —tema hoy habitual en la teología de la liberación—, que para los escolásticos se concretaba en la licitud del tiranicidio. Santo Tomás aprueba la sedición contra el tirano (cf. 2-2 q.42 a.2 ad 3).
b. Está presente en esta respuesta el concepto de «cristiandad» medieval, según el cual la sociedad era ante todo la comunidad de los cristianos, basada en valores religiosos, sólo secundariamente una sociedad civil con objetivos terrenales. Hoy se tiene a una y otra sociedad como autónomas, suficientes y perfectas en sí mismas, cada una en su ámbito.
( Página 498 ).

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