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DEMOCRACIA, TOTALITARISMO Y LIBERTAD INDIVIDUAL EN ESPAÑA

 
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MensajePublicado: Sab Nov 07, 2009 8:54 am    Asunto: DEMOCRACIA, TOTALITARISMO Y LIBERTAD INDIVIDUAL EN ESPAÑA Responder citando

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Jose Luis





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MensajePublicado: Sab Nov 27, 2010 5:23 pm    Asunto: libertad degradada-España invertebrada Responder citando

Carlos III
Una universidad degradada
Pío Moa
Su agresión a la libertad ajena se acompaña de una ignorancia grotesca y el deseo de permanecer en ella
http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/una-universidad-degradada-57346/

COMENTARIO de José Luis Gómez

Universidad degradada, que invoca Pío Moa para describir el panorama que impregna buena parte de las Universidades españolas, por no decir todas, (pienso en Cantabria, de donde soy oriundo), es tanto como decir que se ha perdido la batalla de la intelectualidad seria de la que en otro tiempo se pudo presumir.
¿Dónde están las huellas de los Ortega y Gasset, de Zubiri, de Zambrano, de Sánchez Albornoz, de Américo Castro, de Laín Entralgo y de tantos otros más cercanos como Julián Marías?
Pío Moa rememora las algaradas de los años 60, en las que todos participamos de un modo más o menos conscientes de lo que estaba pasando a nuestros alrededor, pero, desde luego, no cerrados a ninguna posibilidad, incluso a dar marcha atrás para recapacitar sobre lo que estábamos presenciando, eficaz o ineficazmente.
Al menos, vislumbrábamos el cambio irremisiblemente de algo que no sabíamos bien qué era ni en qué habría de cristalizarse.
Muy distinto de la situación actual de los universitarios españoles (salvo excepciones casi minoritarias), que han dejado de plantearse problemas ni políticos, ni económicos (escandalosamente más en las Facultades de Políticas y Económicas), ni morales, ni científicos, ni académicos, ni pedagógicos (inspecciónese el CICS).
La sociología, (como ciencia que pretende ser, gracias al soporte estadístico), debiera empezar su destreza investigadora por rastrear la historia de su infraestructura y de su desarrollo allí precisamente en la Universidad española desde la transición, en el año 75.
Recuérdese que la Constitución del 78 no fue respaldada ni por vascos ni por catalanes. Y esto debió de ser leido por políticos avezados (si los hubiéramos tenido) con peso político. Pero, es que aquí, no se lee
nada: ni los votos en blanco, ni los nulos, ni los abstencionistas, ni nada . Solo el "a río revuelto", listas cerradas, partitocracia, sumisión, falta de representación real por provincias y circunscripciones &c. &c.
¿Y qué tenemos? Una seudo-democracia "procedimental" que, como dogma intangible, regula vidas y haciendas "dictatorialmente" (como el caso Zapatero, quien alegaba ayer en una entrevista que él ha sido elegido para cuatro años), sin importar a nadie si hubiera que reconsiderar esa elección para el bien común (como diría un buen clásico).

José Luis Gómez



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MensajePublicado: Dom Nov 28, 2010 11:44 am    Asunto: Re: libertad degradada-España invertebrada Responder citando

[quote="Jose Luis"]Carlos III
Una universidad degradada
Pío Moa
Su agresión a la libertad ajena se acompaña de una ignorancia grotesca y el deseo de permanecer en ella
http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/una-universidad-degradada-57346/

COMENTARIO DE JOSÉ LUIS GÓMEZ

LIBERTAD DEGENERADA=ESPAÑA INVERTEBRADA

Universidad degradada, que invoca Pío Moa para describir el panorama que impregna buena parte de las Universidades españolas, por no decir todas, es tanto como decir que se ha perdido la batalla de aquella intelectualidad seria de la que en otro tiempo se pudo presumir.
¿Dónde están las huellas de los Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ayala, Zubiri, Zambrano, Sánchez Albornoz, Américo Castro, Laín Entralgo, Julián Marías, Diego Gracia, Adrados, G. Bueno y de tantos otros .
Pío Moa rememora las algaradas de los años 60, en las que tantos participamos, conscientes de lo que teníamos a nuestro alrededor, aún sin saber cómo habría de cristalizarse.

La situación actual de los universitarios españoles (salvo excepciones casi minoritarias), es bien distinta; hoy no se plantean problemas políticos, ni económicos, ni morales, ni científicos, ni académicos, ni pedagógicos.
La sociología ha decaido espectaculamente en su investigación científica, (como ciencia que pretende ser, gracias al soporte estadístico).
¿Y qué tenemos? Una seudo-democracia "procedimental" que, como dogma intangible, regula vidas y haciendas al dictamen del dedo de un presidente, que caprichosamente apueba gastos-ingresos, incluso comprando apoyos parlamentarios ilícitos (aunque legales) para sonrojo de sus ciudadanos.
Y el Rey mudo ¿por derecho constitucional?

José Luis Gómez



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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2011 4:38 pm    Asunto: Releer un poco de historia Responder citando

Me ha parecido oportuno, en medio de tanta confusión al emitir juicios sobre dónde estamos y qué pretendemos políticamente hablando, memorizar (vs. memoria histórica) nuestra travesía del desierto desde el siglo XIX.



RECORDANDO UN POCO DE HISTORIA POLÍTICA DE ESPAÑA

(Siglo XIX y primer tercio del XX)

José Luis Gómez Fernández

PREÁMBULO

Solo me propongo recordar con estas cuatro líneas, y en cuatro entregas, un pequeño esbozo de nuestra historia política desde el siglo diecinueve para encuadrar mejor la del veinte y hasta la más cercana a las conciencias de nuestro tiempo.
Ésta de hoy, Siglo XIX, sería la primera entrega, y así la denominamos.
La segunda entrega, primer tercio del siglo XX: convulsión política en el marco europeo
La tercera: política en el reinado de Alfonso XIII
La cuarta: la II República y la Guerra Civil
-----------------------------------------------

Me resulta complicado engarzar con coherencia y simplificación los múltiples episodios por los que atraviesa la historia política de España en el siglo diecinueve.
Pero, si queremos comprender hoy nuestros propios episodios, es imprescindible esclarecer primero aquéllos.
No cabe duda que la Revolución Francesa, de 1789, marcó un hito en la historia europea y un aviso a navegantes (revolucionarios, liberales, progresistas, moderados, demócratas y monárquicos).
Los intentos por establecer unos principios políticos de entendimiento entre las diversas corrientes ideológicas para estabilizar la sociedad, en líneas generales fracasaron, tanto en Francia como en España. No así en Inglaterra, con la instauración de una monarquía constitucional, y en Estados Unidos, con la república, (si bien la guerra de secesión de 1861-65 quedó registrada como enfrentamiento territorial entre el norte y el sur).
La primera revolución, después de la francesa, acaece aquí, en España, en 1808-1814, con la guerra de la Independencia y la búsqueda de la democracia.

Defensores del Antiguo Régimen, representado en Fernando VII, y los defensores de unas Cortes Constituyentes (Constitución de 1812), representada por la Junta General, fue de hecho un episodio con tantos zigzags históricos que arrastrarán la marca de la inestabilidad hasta la restauración monárquica de Alfonso XII, en 1875.
No sin antes asistir a la implantación de una monarquía absoluta, con la vuelta de Fernando VII, en 1814-1820, un trienio liberal, de 1820-1823, otra monarquía constitucional con la regencia de María Cristina, Espartero, reinado de Isabel II, 1832-1868, unión liberal de O,Donel, en los años cincuenta y cuatro, y regencia del General Serrano, 1869-1870, monarquía de Amadeo de Saboya, (a quien ofreciéndosele la corona en 1870, y no siendo aceptada hasta el 2 de enero de 1871, en el que tomando posesión en Madrid, desilusionado por el desorden social y político existente, abdica el 10 de febrero de 1873), proclamándose a continuación la Primera República, del 73 al 74, de once meses de duración y cuatro presidentes (Pi i Margal, Figueras, Salmerón y Castelar).
Desde el año 1875, fecha de la Restauración de la Monarquía Constitucional con Alfonso XII, hasta hoy ha pasado más de un siglo y en España se sigue discutiendo sobre la auténtica democracia y dónde reside la soberanía, si en el pueblo, en el monarca o en el parlamento.
Las Cortes de Cádiz se arrogaron la soberanía. Hoy, los partidos en el Gobierno se enrocan en el Parlamento, y tengan o no, mayoría, invocan la Constitución. El camuflaje de alianzas es habitual. ¿Dónde está, entonces, la soberanía? ¿No adolece la democracia parlamentaria de una trasparencia precisamente democrática? ¿No habrá quedado todo en una democracia procedimental? (¿la de las elecciones cada cuatro años?).
Triste es echar la mirada atrás y enrocarnos siempre en algo que elevamos a sagrado, la Constitución, (como si ésta no fuera producto de consensos y de cambios), para justificarnos hasta en actos inconstitucionales, como aquellos movimientos que esgrimían principios constitucionales bajo un pronunciamiento o un golpe militar, como lo fue el de Riego en 1820, el de los sargentos de la Granja en 1836 o la revolución de 1868, o incluso la de Martínez Campos o el General Pavía en la reposición de la monarquía en Alfonso XII, y antes en el pronunciamiento de Prim contra Isabel II en su intento por establecer una verdadera monarquía, y, si en un primer momento se empecinan en que todo se arreglaría con la Revolución de Octubre de 1868, el destronamiento de Isabel II y el advenimiento de una República, pronto se dan cuenta de que la realidad es otra muy distinta y adviene una intolerancia religiosa, quema de conventos y asesinatos de frailes, (1865, la noche de San Daniel, o el cuartel de S. Gil, 1866, con el pronunciamiento de Prim),

La imposibilidad de conciliación entre facciones estaba siendo un hecho en la historia de España hasta que el cansancio en medio de tantos desórdenes y la esperanza puesta en la reposición borbónica de una monarquía en la persona de Alfonso XII, con dieciocho años de edad que, aunque hijo de Isabel II, se hallaba ajeno a las intrigas de su madre, con la suerte de contar a su lado a un hombre de Estado, Cánovas del Castillo, una nueva Constitución, la de 1876, se creía asegurada una Monarquía constitucional hasta la II República, de 1931.
La visión de Estado de Cánovas, con una preparación intelectual fuera de lo común (historiador y académico de la Real Academia de la Historia), hace que, (como diría Ortega, más tarde, de las minorías selectas), los más capaces sean los verdaderos candidatos y se establezca un sistema de gobierno que se turna en el poder respetando las reglas más elementales: respeto a la Monarquía, a la libertad y al derecho de propiedad.
Y fue así como los dos grandes partidos, de tendencias mayoritarias, la liberal-conservadora (Cánovas) y la demócrata-progresista (Sagasta) se alternan en el poder, quedando éste subordinado al interés nacional.
La prueba de la integridad de Cánovas, a este respecto, fue cuando, bajo su mandato muere Alfonso XII en 1885, y presenta su dimisión a la reina viuda María Cristina, ya constituida en regente del reino, proponiendo a Sagasta en el turno del gobierno. De este modo, se suceden dos décadas en paz y prosperidad, aun con conflictos de por medio como las guerras carlistas y Cuba, además de calamidades públicas como el cólera que azotó al país.
En 1897, Cánovas, retirado durante el verano en un balneario de Guipúzcoa fue asesinado sigilosamente por un anarquista. Privada España de un hombre de valía como él, asistimos al declive nacional con el desastre naval de Cavite en Filipinas y en Santiago de Cuba en 1898 (paz de París), cuya conmoción se hizo sentir como un desastre nacional en las conciencias intelectuales.
Salvador de Madaraiga señalaba el siguiente reinado de Alfonso XIII como de restauración de un desastre imperial.



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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2011 4:39 pm    Asunto: Releer un poco de historia Responder citando

Me ha parecido oportuno, en medio de tanta confusión al emitir juicios sobre dónde estamos y qué pretendemos políticamente hablando, memorizar (vs. memoria histórica) nuestra travesía del desierto desde el siglo XIX.



RECORDANDO UN POCO DE HISTORIA POLÍTICA DE ESPAÑA

(Siglo XIX y primer tercio del XX)

José Luis Gómez Fernández

PREÁMBULO

Solo me propongo recordar con estas cuatro líneas, y en cuatro entregas, un pequeño esbozo de nuestra historia política desde el siglo diecinueve para encuadrar mejor la del veinte y hasta la más cercana a las conciencias de nuestro tiempo.
Ésta de hoy, Siglo XIX, sería la primera entrega, y así la denominamos.
La segunda entrega, primer tercio del siglo XX: convulsión política en el marco europeo
La tercera: política en el reinado de Alfonso XIII
La cuarta: la II República y la Guerra Civil
-----------------------------------------------

Me resulta complicado engarzar con coherencia y simplificación los múltiples episodios por los que atraviesa la historia política de España en el siglo diecinueve.
Pero, si queremos comprender hoy nuestros propios episodios, es imprescindible esclarecer primero aquéllos.
No cabe duda que la Revolución Francesa, de 1789, marcó un hito en la historia europea y un aviso a navegantes (revolucionarios, liberales, progresistas, moderados, demócratas y monárquicos).
Los intentos por establecer unos principios políticos de entendimiento entre las diversas corrientes ideológicas para estabilizar la sociedad, en líneas generales fracasaron, tanto en Francia como en España. No así en Inglaterra, con la instauración de una monarquía constitucional, y en Estados Unidos, con la república, (si bien la guerra de secesión de 1861-65 quedó registrada como enfrentamiento territorial entre el norte y el sur).
La primera revolución, después de la francesa, acaece aquí, en España, en 1808-1814, con la guerra de la Independencia y la búsqueda de la democracia.

Defensores del Antiguo Régimen, representado en Fernando VII, y los defensores de unas Cortes Constituyentes (Constitución de 1812), representada por la Junta General, fue de hecho un episodio con tantos zigzags históricos que arrastrarán la marca de la inestabilidad hasta la restauración monárquica de Alfonso XII, en 1875.
No sin antes asistir a la implantación de una monarquía absoluta, con la vuelta de Fernando VII, en 1814-1820, un trienio liberal, de 1820-1823, otra monarquía constitucional con la regencia de María Cristina, Espartero, reinado de Isabel II, 1832-1868, unión liberal de O,Donel, en los años cincuenta y cuatro, y regencia del General Serrano, 1869-1870, monarquía de Amadeo de Saboya, (a quien ofreciéndosele la corona en 1870, y no siendo aceptada hasta el 2 de enero de 1871, en el que tomando posesión en Madrid, desilusionado por el desorden social y político existente, abdica el 10 de febrero de 1873), proclamándose a continuación la Primera República, del 73 al 74, de once meses de duración y cuatro presidentes (Pi i Margal, Figueras, Salmerón y Castelar).
Desde el año 1875, fecha de la Restauración de la Monarquía Constitucional con Alfonso XII, hasta hoy ha pasado más de un siglo y en España se sigue discutiendo sobre la auténtica democracia y dónde reside la soberanía, si en el pueblo, en el monarca o en el parlamento.
Las Cortes de Cádiz se arrogaron la soberanía. Hoy, los partidos en el Gobierno se enrocan en el Parlamento, y tengan o no, mayoría, invocan la Constitución. El camuflaje de alianzas es habitual. ¿Dónde está, entonces, la soberanía? ¿No adolece la democracia parlamentaria de una trasparencia precisamente democrática? ¿No habrá quedado todo en una democracia procedimental? (¿la de las elecciones cada cuatro años?).
Triste es echar la mirada atrás y enrocarnos siempre en algo que elevamos a sagrado, la Constitución, (como si ésta no fuera producto de consensos y de cambios), para justificarnos hasta en actos inconstitucionales, como aquellos movimientos que esgrimían principios constitucionales bajo un pronunciamiento o un golpe militar, como lo fue el de Riego en 1820, el de los sargentos de la Granja en 1836 o la revolución de 1868, o incluso la de Martínez Campos o el General Pavía en la reposición de la monarquía en Alfonso XII, y antes en el pronunciamiento de Prim contra Isabel II en su intento por establecer una verdadera monarquía, y, si en un primer momento se empecinan en que todo se arreglaría con la Revolución de Octubre de 1868, el destronamiento de Isabel II y el advenimiento de una República, pronto se dan cuenta de que la realidad es otra muy distinta y adviene una intolerancia religiosa, quema de conventos y asesinatos de frailes, (1865, la noche de San Daniel, o el cuartel de S. Gil, 1866, con el pronunciamiento de Prim),

La imposibilidad de conciliación entre facciones estaba siendo un hecho en la historia de España hasta que el cansancio en medio de tantos desórdenes y la esperanza puesta en la reposición borbónica de una monarquía en la persona de Alfonso XII, con dieciocho años de edad que, aunque hijo de Isabel II, se hallaba ajeno a las intrigas de su madre, con la suerte de contar a su lado a un hombre de Estado, Cánovas del Castillo, una nueva Constitución, la de 1876, se creía asegurada una Monarquía constitucional hasta la II República, de 1931.
La visión de Estado de Cánovas, con una preparación intelectual fuera de lo común (historiador y académico de la Real Academia de la Historia), hace que, (como diría Ortega, más tarde, de las minorías selectas), los más capaces sean los verdaderos candidatos y se establezca un sistema de gobierno que se turna en el poder respetando las reglas más elementales: respeto a la Monarquía, a la libertad y al derecho de propiedad.
Y fue así como los dos grandes partidos, de tendencias mayoritarias, la liberal-conservadora (Cánovas) y la demócrata-progresista (Sagasta) se alternan en el poder, quedando éste subordinado al interés nacional.
La prueba de la integridad de Cánovas, a este respecto, fue cuando, bajo su mandato muere Alfonso XII en 1885, y presenta su dimisión a la reina viuda María Cristina, ya constituida en regente del reino, proponiendo a Sagasta en el turno del gobierno. De este modo, se suceden dos décadas en paz y prosperidad, aun con conflictos de por medio como las guerras carlistas y Cuba, además de calamidades públicas como el cólera que azotó al país.
En 1897, Cánovas, retirado durante el verano en un balneario de Guipúzcoa fue asesinado sigilosamente por un anarquista. Privada España de un hombre de valía como él, asistimos al declive nacional con el desastre naval de Cavite en Filipinas y en Santiago de Cuba en 1898 (paz de París), cuya conmoción se hizo sentir como un desastre nacional en las conciencias intelectuales.
Salvador de Madaraiga señalaba el siguiente reinado de Alfonso XIII como de restauración de un desastre imperial.



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MensajePublicado: Dom Nov 20, 2011 10:30 am    Asunto: continuación de la Historia política de España Responder citando

Enlazzo directamente el siglo XIX español con el XX, con Alfonso XIII.


POLÍTICA EN EL REINADO DE ALFONSO XIII

José Luis Gómez Fernández

De hecho en 1902 comienza el reinado de Alfonso XIII a los dieciséis años de edad, y ante aquella atmósfera de pesadumbre por la catástrofe de la guerra frente a Norteamérica, la conciencia que inunda al país en esos momentos es la de regeneración.
En su Diario, a esa temprana edad, queda reflejado lo siguiente:
“En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma trascendencia tal y como están las cosas, porque de mí depende si ha de quedar en España la Monarquía borbónica o la República ”
El espíritu regeneracionista, representado por Cánovas del Castillo en tantas intervenciones frente a los pronunciamientos militares y el fraude electoral de los caciques locales, trae paz y prosperidad, pero sin desaparecer por completo el temor de alguna conmoción social venida de manos anarquistas.
Cánovas es asesinado en 1897, y Sagasta muere en 1903 en pleno reinado de Alfonso XIII.
Maura y Canalejas aparecen en escena como dos hombres de Estado en los que se pone la esperanza de la regeneración deseada. Pero el primero muere en al semana trágica de Barcelona de 1909, y Canalejas es asesinado a manos de otro anarquista en 1912.
La Semana Trágica de Barcelona, causada por el malestar de los reservistas enviados a Marruecos en el conflicto de las tribus rifeñas en sus ataques a Ceuta y Melilla, llega a su punto más álgido con motivo del desastre del “barranco del Lobo”.
Cataluña, que había padecido en sus propias carnes ese reclutamiento de reservistas vinculados al batallón de Cazadores de Barcelona, une este malestar a una sensación de maltrecha política central que pierde guerras allí donde va, y es entonces cuando se enciende con gran virulencia la llama del separatismo con algaradas del movimiento obrero anarquista espoleado por Lerroux, cuyas consignas a la juventud son verdaderamente escalofriantes:
…“rebelaos contra todo, entrad a saco en la civilización decadente y miserable…destruid también los templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para civilizar la especie…” (“Biografía de una Nación”, de Manuel Fernández Álvarez).
No es extraño que a estas consignas siguieran altercados de todo tipo con quema de iglesias, asalto de conventos, violaciones y asesinatos perpetrados por la Mano Negra de una asociación anarquista virulenta, autora de la matanza del teatro de la ópera en el Liceo de Barcelona, en la que “en la jornada del 7 de noviembre, un anarquista, apostado en lo alto de la gradería, lanzó sobre el patio de butacas dos bombas que causaron 15 muertos y un número indeterminado de heridos”.
“En 1896, el 7 de junio, también otro anarquista lanza una bomba en la procesión del Corpus Christi con 11 muertos y heridos, entre ellos muchos niños.”
Es inmensa la lista de atentados, de modo que casi en dos décadas mueren 5 presidentes de gobierno con Eduardo Dato en 1921, como represalia, parece ser, por la implantación en Barcelona de la “ley de fugas”.
Ramos Oliveira, historiador republicano, hace balance en su Historia de España de esta época diciendo que la fuerza bruta del Estado se ejerce contra la fuerza del crimen.
Y por si fuera poco, el desastre de Annual, en este mismo año de 1921, acaba con miles de muertos entre las tropas españolas en África.
Los separatismos, catalán, vasco y gallego se acrecientan, y tal vez por el fracaso de los gobiernos de Madrid en todas estas lides, hallándose también implicadas las guerras carlistas como episodios de rebelión contra España.
A finales de siglo, surge un partido catalán: la Lliga de Catalunya, en 1887. Prat de la Riba proclama a Cataluña como una nación, y Cambó, la independencia.
A este respecto, Madariaga comenta:
“Castilla es lenta, espantosamente lenta, pero se mueve al mismo despertar de Cataluña”.
Y Manuel Fernández Álvarez comenta en la obra citada que habría que lamentar hoy que en la expansión del Imperio español no se contara con los catalanes como grandes emprendedores en el comercio y la navegación, y que además el testamento de Isabel la Católica los ignorara por completo.
Sea como fuere, tal vez de aquellos polvos, estos lodos, y el descontento catalán se acumula hasta hoy mismo.
En la década de los años veinte es tal el cúmulo de problemas que cercan el prestigio del Rey, Alfonso XIII, que se cree necesaria la intervención del Ejército en la cabeza de un capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, en 1923 que, si bien en un principio tiene como objetivo restaurar el orden ante tanto desconcierto callejero, y manu militari acabar con el terrorismo anarquista y los pistoleros al servicio de la unión empresarial que se habían tomado la justicia por su mano, sin embargo más tarde sustituye el Directorio Militar por uno Civil, que termina en Asamblea Nacional y un partido llamado Unión Nacional con el objeto ahora de perpetuarse en el poder, como si de una evocación del fascismo italiano se tratase.
El problema de Marruecos sigue en pie y en sus manos. El caudillo rifeño Abd-el Krim, que había derrotado a España en Annual, (el llamado “Desastre de Anual”), por sorpresa invade la zona francesa, lo que lleva a Francia ante el temor de lo imprevisto a un acuerdo militar con España para acabar con esa situación imprevisible de una expansión rifeña incontrolada.
Tropas francesas dirigidas por Petain y españolas por Sanjurjo, con el desembarco de Alhucemas de dos soldados españoles, el general Franco al mando de la Legión y Muñoz Grandes al mando de los Regulares, dan por resuelto el conflicto marroquí en 1925.
Primo de Rivera se ve también envuelto por un conflicto universitario reaccionando con el cierre del Ateneo de Madrid y la persecución de intelectuales disconformes con el régimen, como Miguel de Unamuno, desterrado a Fuerteventura y exiliado en Francia.
Fue la época de asociaciones estudiantiles como la FUE , (Federación Universitaria Española).
Tan insostenible era aquella situación que el Rey le exige que presente su dimisión. El caso Berenguer y del almirante Aznar son extremos de descomposición política y de la desconfianza en el Rey, terminando en el Pacto de San Sebastián entre derechas e izquierdas.
Hasta tal punto se manifiesta un clima revolucionario, que se pierde la calma y surge un alzamiento militar en Jaca y en Madrid, en 1930. En Jaca con los capitanes Galán y García Hernández y un teniente Anitua, (los dos primeros fueron fusilados y el otro fugado). En Madrid, Queipo de Llano y el comandante Ramón Franco.
Así las cosas, el 12 de abril de 1931, el gobierno de Aznar convoca elecciones municipales como mero trámite para reforzar la monarquía, y lo que sucedió fue un plebiscito contra el rey. De hecho, como dije más arriba, las elecciones las ganó la monarquía.
El Diario “ABC” en la mañana del 14 de abril dice: “de las urnas salieron 22.150 concejales monárquicos frente a 5.875 republicanos” Pero en las capitales de provincia la cosa cambiaba, y 953 concejales republicanos frente a 602 monárquicos se llevaron el gato al agua, de tal modo que el panorama geográfico de España quedaba así: de 50 ciudades, 9 monárquicas y el resto republicanas. Y para más abundamiento, las 9 provincias eran: Soria, Pamplona, Lugo, Gerona, Cádiz, Burgos, Palma de Mallorca, Ávila y Vitoria.
El resto es ya anecdotario de hemeroteca: “en la mañana del 14 de abril, a las seis de la madrugada, los concejales de Eibar proclaman la República , no tardando en extenderse la noticia por todo el territorio nacional, lo que lleva a Romanones, ministro de Estado, a entrevistarse con el rey. Unas horas más tarde, en casa del Dr. Gregorio Marañón, en Madrid, se decide la salida del monarca”
En Cataluña, Luis Companys, de Esquerra Catalana, y Maciá, presidente del Estat Catalá, anuncian la República.
En la Puerta del Sol, a las 9 de la noche, Alcalá Zamora proclamaba la República por radio a todo el país.
El Rey, preso de su asombro, pronunció estas palabras:
“… habría muchos dispuestos al sacrificio de la vida por mí; pero también habría muchos que no, provocándose una guerra civil y derramamiento de sangre, del que yo no quiero asumir la responsabilidad”
Era el fin del reinado de Alfonso XIII.



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MensajePublicado: Dom Nov 27, 2011 10:14 pm    Asunto: continuación Responder citando

LA II REPÚBLICA

José Luis Gómez Fernández

Advertencia preliminar:
Según el compromiso que adquirí con More, ésta debería ser la 4ª y última entrega de RECORDANDO UN POCO DE HISTORIA, pero, como puede convertirse en fatigoso para el lector por extenso y controvertido, me ha parecido más razonable dividirlo en tres partes:
1- La II República hasta las elecciones del 36
2- “ desde “ “ “ “ : El Frente Popular
3- La Guerra Civil, del 36-39



1- La II República hasta las elecciones del 36

El advenimiento de la República, de 1931, podemos decir sin temor a equivocarnos que guarda algunas similitudes con la Revolución Francesa, de 1789, y con la Rusa, de 1917, en cuanto que, tanto en unas como en otras, lo que realmente se persigue es un cambio de Régimen, es decir, la sensación de dar el salto de un Régimen de alianza entre el Trono y el Altar a otro Parlamentario de representación ciudadana.
Los acontecimientos trágicos, sin embargo, no se iban a corresponder de igual modo en la España de la década de los años treinta que en la Francia de los de 1890 o en la Rusia de los posteriores a 1917.
Hay que reconocer que la situación política española en los años treinta no era la más propicia para vitorear una democracia. Pues, la divergencia de criterios tan dispares entre los partidos no auguraba cosa buena.
Hay historiadores que, puestos a hacer futuribles, señalan a los años veinte, a las puertas de la Dictadura de Primo de Rivera, como la fecha que se nos escapó para haber preparado una auténtica democracia si los promonárquicos hubieran sido otros.
Fernando del Río Reguillo en su Historia virtual de España (1870-2004), se atreve con el futurible siguiente:
¿Qué hubiera pasado si Alfonso XIII no hubiera respaldado el golpe de Primo de Rivera?
¿Quiere esto insinuar que tal vez 1923 contaba con más probabilidad democrática que 1931?
Dejo abierto el paralelismo, porque de hecho las circunstancias que envuelven el panorama general de España desde la Primera guerra mundial, de 1914, eran social y económicamente distintas a la de 1930, puesto que en la década de los veinte el sector primario (la agricultura) se acercaba al 70%, y en el treinta había bajado al 50%, lo que está señalando que la necesidad de cambios radicales (precisamente radicales) se hace más imperiosa, porque las circunstancias laborales son otras, aunque los riesgos políticos también se agudizan entre fuerzas políticas de distinto signo, como de hecho sucedió con “izquierda republicana” de Manuel Azaña, el “partido republicano radical” de Alcalá Zamora y los “socialistas”, que llevan en sus proyectos ideologías (diríamos que secretas y traidoras) como para llegar a buen puerto en la consecución de la democracia.


M. Azaña, por ejemplo, exhibe su empeño, por encima de cualquier otro, de apartar del gobierno a los católicos y conservadores, bajo la enseña de proclamar la “revolución”, revolución que no era otra que una transformación ideológica del país alejando a la Iglesia y sus intereses conservadores.
Los socialistas hicieron otro tanto, alejar a las derechas, como si de un cordón sanitario se tratase, a fin de no verse impedidos en su propósito de implantar el “socialismo” en el mundo bajo la teoría del materialismo histórico.
Con lo cual, el partido republicano radical, de Alcalá Zamora, que era el verdadero centro político, terminó por salir de esa coalición y conformarse con un régimen de reformas laborales, reforma agraria que resulta un fiasco en el agro andaluz, por mal llevada y peor calculada, reforma del ejército, educación &c..

Mientras tanto, ¿qué hacen los socialistas de Prieto y Largo Caballero e izquierda republicana de Azaña?: atacar a la Iglesia y la educación católica, con quema de conventos durante el 12 y 13 de mayo de 1931, expresión violenta que, parecía mimetizar, por otra parte, a las repúblicas anticlericales de Portugal y México en años anteriores.
En México el anticlericalismo toma forma en un movimiento popular llamado “Cristero”, tras la contienda civil de 1911 de carácter religioso y cuyas consecuencias anotan decenas de muertos.
(Para acopio de datos pueden consultar a Jean Meyer en su obra “La cristiada, 3 Vols. México, D. F. 1973, o también a L. López Beltrán en “La persecución religiosa en México”, México D. F., 1987). Véase también con carácter global a C. P. Boyd en la obra “Religión y política en la España contemporánea”, Madrid, 2007)

Se puede decir que en este tiempo de inicios de la implantación de la República era poco menos que imposible entenderse con socialistas, comunistas y anarquistas. Se contabilizan tres insurrecciones revolucionarias entre 1931-1933 protagonizadas por la FAI-CNT, PEC y los Socialistas.
A la FAI-CNT (Federación Anarquista Ibérica y Confederación Nacional del Trabajo) se le atribuyen veintitrés asesinatos en Barcelona en las dos primeras semanas del comienzo de la República, y parece que su intención no era otra, como dijimos más arriba, que crear el pánico contra cualquier régimen capitalista que intentara instalarse en el poder. No nos extrañe que la derecha reaccionase con revueltas militares, como el caso Sanjurjo, (la “sansurjada”) el 10 de agosto de 1932.

De tal modo se registran los hechos, que si hacemos balance de las cuatro insurrecciones, tres de izquierda y una de derecha, nos quedamos con un período entre 1931- 1933, que no se define sino como de defensiva, como lo prueba la creación de la Ley para la Defensa de la República, con capacidad para suspender las garantías constitucionales en tres niveles: 1) estado de alarma, 2) estado de prevención y 3) estado de guerra, además de
potenciar la Guardia Civil para garantizar la seguridad en zonas rurales, y la Guardia de Asalto para servicios especiales en las ciudades.

Con este panorama, en 1932, ¿quién iba a esperar de esta República reformas en profundidad?
Es éste un período, no obstante, que ha pasado a la historia como el de tímidas reformas, como dijimos más arriba.
En noviembre de 1933 hay nuevas elecciones con un resultado a la inversa. Ahora la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) gana, aunque no por mayoría absoluta. ¿Cómo reacciona la izquierda republicana y los socialistas?
De la siguiente manera: exigen al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, católico liberal, del partido republicano radical, que anulara las elecciones y cambiara las reglas electorales para garantizar una coalición de izquierdas. ¡Vamos!, lo nunca visto. En Europa escandalizó una cosa así,

(Si alguien está interesado en el asunto con más detalle, que consulte al autor, R. Villa García, en “La modernización de España: las elecciones nacionales de 1933).

Lo que subyacía en esa actitud de las izquierdas, incluidos los socialistas, era ese ideario que llevaban en la cabeza y en sus impulsos viscerales de arremeter contra todo lo que sonara a católico y a derecha. Fuera como fuera había que cambiar las reglas del juego para legitimar el poder de la izquierda.

¿Es el odio el que juega el papel de la política?
No lo sé, lo que sí es impensable es que esto se diera en Europa, ya que, dados los tiempos, en ningún caso podía pensarse algo así más que en la Unión Soviética.

Ahora bien, ¿qué le estaba pasando a la izquierda en España?
¿Dónde se había gestado esta actitud tan radical de la izquierda, que hasta algún hispanista la tilda de “izquierdismo cañí”?
No lo sé. Algún especialista remonta su origen a los afrancesados españoles que se descolgaron de la Constitución de Cádiz, de 1812, y se convirtieron en exaltados ya para todo el siglo diecinueve. Son los de 1820, de Riego, y también, los de los pronunciamientos militares del siglo diecinueve.

Los historiadores, a quienes gusta hablar de futuribles, asignan a este período otra cara muy distinta de haberse hecho las cosas de otro modo, cosas que estuvieron siempre a la mano, y no se hicieron.
¿Dónde acentuar el análisis? De hecho en Europa occidental los partidos socialistas o socialdemócratas eran más moderados y pragmáticos que en España, donde el radicalismo del socialismo español y la Unión General de Trabajadores (UGT) se comportan visceralmente en 1933-34 por razones que yo creo que son tanto de orden psicológico como político. Psicológico, en cuanto que no soportaban ser perdedores en las elecciones, y político, porque a toda costa pretendían conseguir el poder, fuera como fuera.
Julián Besteiro, profesor de filosofía y jefe asimismo de la comisión ejecutiva de UGT, era el más sensato y razonable de los socialistas, y ante la deriva revolucionaria que los socialistas querían imponer, apoyados en el marxismo, para visualizar la “dictadura del proletariado”, les advierte que costaría más muertes que en la Rusia de 1917, y, por otra parte, con gran lucidez les hacía ver que la dictadura del proletariado era un concepto superado en el mundo democrático occidental, y que pretender algo así era de carácter fascista. Esto dicho por el mismo Besteiro.

(Me permito remitir al lector a obras sobre Besteiro, como “Julián Besteiro”, de A. Saborit, Madrid, 2008, y “Julián Besteiro: “nadar contra corriente”, de P. de Blas Zabaleta y E. de Blas Martín-Meras, Madrid, 2003).

Al producirse el relevo de Besteiro por Largo Caballero, en enero de 1934, con él hay tal giro revolucionario que, valiéndose del sindicato (UGT) y de las Juventudes Socialistas, pretende llevar las cosas a los más absurdos extremos, como crear un programa que exija la nacionalización de la tierra, la disolución de las Órdenes Religiosas, el Ejército y la Guardia Civil bajo la vigilancia de un Comité Revolucionario que se encargase de elaborar mapas, por distritos, (como ocurrió en Madrid en esos días), señalando objetivos y listas de personas, utilizando a voluntarios milicianos con la complicidad de guardias de asalto y guardias civiles de modo que la insurrección de los socialistas españoles aparecía como la mejor organizada y armada de Europa, calculada y preparada, según apunta algún historiador especialista, a los que remito líneas más abajo.

(Cito para esclarecer estos hechos a Santos Juliá: “Largo Caballero: escritos de la república” y a Pío Moa en “Los orígenes de la Guerra Civil española”. Todo lo que se atreve a afirmar Pío Moa en sus obras, por mucha crítica que ha suscitado, al día de hoy nadie ha podido desmentirle).

Es triste decir esto, en política y en cualquier otra actividad del ser humano, pero el motor, que mantenía viva la situación republicana descrita, no era otro que un odio visceral e incontenido a la derecha, ahora representada en Gil Robles, cuando en octubre de 1934 su partido (CEDA) exigiría con los votos que le correspondían participación en el gobierno, lo que provoca por parte de los socialistas un estallido con insurrección en quince provincias, entre ellas Asturias, siendo ésta la que protagoniza la batalla más feroz durante dos semanas con un balance de 1.500 personas asesinadas, entre ellas 40 sacerdotes y religiosos, sin hacer mención de los destrozos materiales. (aquí estuvo el abuelo de Zapatero al lado del destacamento del ejército del Protectorado de Marruecos, con Franco, aunque más tarde traicionando estas filas y volverse republicano, cae en manos de los nacionales, y luego asesinado en las afueras de León (Puente Castro).
Cito a continuación la siguiente consulta:

“La revolución de octubre de 1934”, de F. Aguado Sánchez, Madrid, 1972, y “1934:”el movimiento revolucionario de octubre”, de A. del Rosal, Madrid, 1983, pueden servir de apoyo a este episodio de preguerra civil española. Junto a un libro de J. Avilés Farré. “Los socialistas y la insurrección socialista de octubre de 1934”.

En resumen, para este período de cinco años, asistimos a tres fases de la República: 1931-1933, llamado primer bienio, trascurre con reformas que no satisfacen a nadie; 1933-1934, llamado gobierno centrista; 1934-1935, llamado de coalición de centro derecha (la CEDA y los radicales de Lerroux)
Sea como fuere, durante este último tramo republicano la propaganda de la izquierda contra la derecha, llamándola “fascista”, se acrecienta, y aunque ellos mismos no creían en ello, etiquetaron este período como “bienio negro”.



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MensajePublicado: Dom Dic 04, 2011 5:36 pm    Asunto: Continuacón Responder citando

LAS ELECCIONES DEL 36 Y EL FRENTE POPULAR

José Luis Gómez Fdez.

La ambigüedad del gobierno presidido por Alcalá Zamora, del 33 al 36, jugando a debilidad con las izquierdas, como demostró entregando el poder a Chapaprieta, un centrista independiente (pero que no olía a filas católicas), y luego a Portela Valladares, del partido liberal, (todo ello para que Gil Robles no asomara la cabeza en la formación del gobierno, a pesar de haber sido el jefe del partido más votado), lleva al error de convocar elecciones en 1936 que, a todas luces, se iba a convertir en un plebiscito entre derechas e izquierdas.

Estas elecciones, del 16 de febrero de 1936, no hacen más que empeorar las cosas. El Frente popular, fruto de un pacto entre Prieto, Largo Caballero y partidos izquierdistas (comunistas, leninistas-partido obrero unificado marxista (POUM), sindicalistas de Ángel Pestaña), no podía prosperar. Las intenciones aviesas de Largo Caballero y sus secuaces, los socialistas, lo que buscaban era un republicanismo de izquierdas sin resquicio posible para la derecha, y una amnistía generalizada para todos los criminales encarcelados. ¡Vamos! Similar a lo que pide hoy Eta en sus comunicados: amnistía general para todos los encarcelados.

El resultado de las elecciones fue favorable a esa coalición con un 60%. Prescindo de más datos, que pueden consultarse en el libro, 2 Vols. “Las elecciones del Frente Popular”, de Javier Tusell, Madrid, Alianza EDT. 1971, quien ha estudiado pormenorizadamente, quizá más que ningún otro, los resultados de estas elecciones, aunque el único periódico que los dió por provincias en esos días de febrero fuera el periódico católico El Debate.

Aunque el proceso electoral se condujo dentro de límites razonables para aquél entonces, fue asesinada media docena de personas y varios heridos en distintos lugares del país con incendio de iglesias y conventos en la misma noche del 16 de febrero de 1936 con la connivencia de los gobernadores provinciales que no actuaron para poner orden y detener los disturbios que estaban entorpeciendo incluso el recuento de votos.
Estos acontecimientos eran de tal calado que Gil Robles al día siguiente, día 17 de febrero, pidió al gobierno de Portela la ley marcial, negándose éste a ello, sin aludir más razón que el miedo, y, (como dirían hoy nuestros gobernantes socialistas el día de reflexión en las elecciones del 22 de marzo, tomada La Puerta del Sol por el 15-M), para evitar males mayores. Vamos a ver qué siguen diciendo el 19 de noviembre, día de reflexión en las elecciones del 20-N ante el nuevo desafío de ese 15-M de tomar la Puerta del Sol.
Esto sólo como inciso y correspondencia con fechas de la historia, que están ahí.
A trancas y barrancas, la ley marcial se declaró oficialmente a las pocas semanas, pero entonces el jefe del Estado Mayor, a la sazón Francisco Franco, exigió al primer ministro Portela que pusiera el decreto de la ley marcial en vigor. Éste se niega, y, para más INRI, le pide que, de llevarse a efecto, sea el propio ejército quien cargue con todas las responsabilidades. A lo que Franco se negó, y el Gobierno de Alcalá Zamora, en pleno, dimitió el 19 de febrero, y se constituyó un nuevo gobierno con Azaña, quien lo primero que hizo fue depurar el ejército con nuevos oficiales de izquierda por toda España con grandes sospechas de manipulación de los resultados electorales (porque los registros aún no estaban cerrados a esa fecha).
De todos modos, me acuerdo haber leído en la prensa hace un par de años que los diarios de Alcalá Zamora, depositados en el Archivo Histórico Nacional, están aún sin clasificar, y ahí estarán sin duda anotadas las irregularidades a las que me refiero.
A este respecto me acaba de llegar, a través de Facebook, los siguientes comunicados de otros tantos Medios.
(http://www.tiempodehoy.com/espana/los-diarios-perdidos-de-alcala-zamora2) Tiempo saca a la luz los archivos del presidente de la Segunda República entre 1931 y 1936, robados al inicio de la Guerra Civil y que aparecieron en Valencia a finales de 2008. Unos documentos en los que se detallan varios intentos de sublevación antes del golpe de Estado del 18 de julio.

• Sea como fuere, el día 1 de marzo se procede a una segunda vuelta en la que el Frente PopCULTURA RETIENE LOS DIARIOS DE ALCALÁ-ZAMORA PESE A ADMITIR QUE SON PRIVADOS
12 JUN 2010 | Juan E. Pflüger.
El ministerio niega los papeles a sus herederos aunque son los receptores universales de sus bienes. Los funcionarios de la Memoria Histórica no aprueban su publicación.
http://laopiniondelcuco.blogcindario.com/2010/07/00770-alcala-zamora-las-memorias-del-crispador.html
Como aficionado a la Historia, he seguido el culebrón relativo a los diarios del primer Presidente de la II República -Niceto Alcalá-Zamora- desde el mismo inicio del mismo, es decir, desde aquel día de 1936 en el que el conjunto de ladrones y asesinos que conformaba el Gobierno de la II República asaltó la caja de seguridad de Credit-Lyonnays en Madrid en la que los guardaba.
Poco pudo hacer D. Niceto para evitarlo, ya que se encontraba en la seguridad del exilio, que era el mejor lugar en el que podía estar un derechista liberal y monárquico reconvertido que dejó como fruto de sus cinco años de intrigas, trapisondas, complejos y desempeño aventurero de la máxima magistratura del Estado un Gobierno del Frente Popular cuya primera decisión fue desposeerle del cargo.
El caso es que, salvo algunos pequeños fragmentos de sus diarios aireados durante la guerra en la prensa republicana, sus papeles desaparecieron por completo al acabar la contienda. Hasta diciembre de 2008. En ese mes, el historiador César Vidal recibe una oferta para comprar los susodichos diarios, al parecer de algún descendiente de Mariano Soria Giner -poseedor de los papeles desde 1941 pero que niega haber sido el ladrón de los mismos. Con la misma, Vidal llama a la Guardia Civil, que detiene a los vendedores en el hotel en el que habían quedado con él para cerrar el trato e incauta los documentos poniéndolos a disposición del Ministerio de Cultura. A partir de aquí, todo era cuestión de devolver dichos papeles a sus propietarios: Los descendientes de Alcalá-Zamora.
Solo que no. Que esto no es lo que está ocurriendo, ni lo que el Ministerio de Cultura tiene intención de permitir que ocurra. El Departamento de Ángeles González-Sinde ha decidido no devolver los diarios a sus legítimos propietarios ni tampoco hacerlos públicos en el Archivo de Salamanca. Las informaciones del diario Público, aun tendenciosas, nos dejan entrever muy claramente el intencionado lío creado por el Ministerio llegando al extremo de plantearse el ofrecer una compensación a los ladrones por haber guardado los documentos todos estos años lo cual es -no me digan que no- el colmo de los colmos.
Así pues, el Ministerio de Cultura quiere evitar la publicación de los diarios de Alcalá-Zamora. ¿Porqué? "Porque podrían crispar". Alucinante argumento histórico y democrático para justificar un injustificable intento de ejercer la censura sobre determinados episodios, políticamente incorrectísimos, de la formación, el desarrollo y el fin de la II República.
Los cuatro artículos publicados por César Vidal a propósito del contenido de los papeles del ex-Jefe de Estado (a los que debió tener acceso en algún momento en el transcurso de la operación de compra-venta de los mismos) no dejan lugar a dudas sobre al menos dos hechos de importante calado para la historiografía republicana, a saber:
1) La Revolución de Asturias en 1934, intento de golpe de estado en toda regla orquestado desde el PSOE.
2) Las elecciones de Febrero de 1936, pucherazo absoluto del que saldría el ilegítimo gobierno frentepopulista que decidió, pura y simplemente suprimir política, social e incluso físicamente a la mitad del país.
En la visión de Alcalá-Zamora sobre estos dos incidentes se resume la presunta "crispación" que la publicación de sus diarios podría generar, que no es otra que la caída de ese imbécil mito de una II República idílica que ve interrumpido su normal funcionamiento por el alzamiento de unos militares fascistas y unos clérigos carcas. Lo que está haciendo el Gobierno de Zapatero con los diarios de Alcalá-Zamora es lo normal y lo lógico en quien se considera heredero legítimo de quienes originalmente los robaron: Tratar de hurtarlos a toda costa del conocimiento público.
Y la única explicación posible para este vergonzoso intento es que los papeles de quien fuera Jefe de Estado entre diciembre de 1931 y Abril de 1936 suponen un vivísimo retrato de la mediocridad, la perversidad, el latrocinio, las intenciones y las acciones de los partidos, personas y organizaciones que controlaron la II República. Retrato pintado, además, por el Presidente de la misma quien -para colmo de males- tuvo claro desde el primer momento que sus papeles habían sido robados por orden directa de Santiago Carrillo.
¿Crispación? Y un cuerno. Salvo que "crispación" sea el nuevo sinónimo que los mediocres usan para evitar nombrar el miedo. O la vergüenza torera. La buena noticia es que aunque Alfonso Guerra mató a Montesquieu hace ya unos años, todavía hay jueces en Madrid. Terminaremos leyendo los papeles de "El Botas". Al menos, los que el puñado de neomilicianos de La Moncloa no pasen por la trituradora. Al tiempo.

Continúo donde lo dejé más arriba, en el recuento de votos del Frente Popular.
Sea como fuere, el día uno de marzo se procede a una segunda vuelta en la que el Partido Popular obtiene mayoría.




Forma Parlamento y nuevas Cortes, con una Comisión de Actas que revisa los resultados electorales sin ningún escrúpulo (anulando los de Cuenca y Granada, feudos de la derecha).
Total, que uno de aquí, dos de allí, diez de más allá, el caso fue que el Frente Popular sumó 32 escaños más, lo que les permitía dos tercios de la Cámara suficientes para reformar la Constitución, que era lo que buscaban para hacerse con todo el poder.
Ante este estado de cosas los historiadores parecen haberse puesto de acuerdo para tildarlo de “situación prerrevolucionaria”, (J. Tusell, citado más arriba, “la II República nunca fue democrática”)
El levantamiento del 18 de julio de 1936 no fue contra la democracia, porque no había tal democracia, más bien, habría que afirmar que fue contra el complot de Azaña y sus correligionarios revolucionarios marxistas, Araquistáin, teórico y procaballerista, Maurín (líder del POUM), la FAI_CNT (Congreso de Zaragoza en mayo de 1936) que abogaban por una guerra corta y rápida en la que ellos ganarían e implantarían, como dice Josep Pla, (el primer historiador de la República), el “kerenskismo ideológico” de Azaña, es decir, controlar la revolución de una vez por todas.
Santiago Carrillo, (líder de las Juntas Socialistas Unificadas, que agrupaba también a las Juventudes Comunistas), se inclina también en esos días, mimetizando el éxito de la Unión Soviética, por una guerra que les traería también a ellos el éxito revolucionario.
Dicho esto, habría que añadir algún cabo suelto que cerrase este período álgido de 5 meses. Mencionemos a Casares Quiroga, a Claudio Sánchez Albornoz, Miguel Maura, uno de los fundadores de la República, (que era hijo de D. Antonio Maura, a quien la Semana Trágica de Barcelona le acarreó la muerte política, en 1909, no levantando cabeza y decepcionado hasta su muerte definitiva aquí en Torrelodones (Madrid) en 1925), o Felipe Sánchez Román, abogado y profesor, que lideraba un minúsculo partido llamado Partido Nacional Republicano y otro de los fundadores de la República.
Todos ellos habrían propuesto fórmulas para salir de aquel hervidero de pistoleros y de desórdenes públicos del Frente Popular sin conseguirlo, por el empecinamiento de Azaña, (desde mayo, Presidente de la República), quien intuía que si se rompía la unidad del Frente se acabaría con el proyecto republicano que llevaba en la cabeza como razón política.
Y lo que sucedió después, fue algo demasiado conocido, que el 18 de julio ya era una fecha demasiado tardía para solventar aquella situación.
Y, precipitadamente, se le encarga a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y jefe de Unión Republicana, formar un nuevo Gobierno, sin la menor relevancia, y el mismo 19 de julio José Giral, con nueva responsabilidad de gobierno, distribuye armas entre las organizaciones revolucionarias, (paramilitares), dando así por liquidada la República parlamentaria y anunciando una guerra civil cuyas consecuencias nadie se paró a pensar.

(continuación: LA GUERRA CIVIL)



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MensajePublicado: Sab Dic 10, 2011 4:00 pm    Asunto: LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936-39) Responder citando

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936-1939)
José Luis Gómez Fernández

Advertencia sobre esta 6ª entrega de la Guerra Civil:
La atención histórica que puede prestarse a este capítulo es de lo más variada. Abarcaría desde aspectos políticos hasta propagandísticos o de repercusión internacional, incluyendo los propiamente bélicos o estratégicos.
La descomposición de este espectro me llevaría, por sí solo, más de otros tres meses en sucesivas entregas periódicas, lo que haría aburrida su lectura, además de inútil para muchos, que disponen hoy, en estos últimos años, de tratados amenos y bien documentados al alcance de todo el mundo.
Señalo a continuación, por su imparcialidad, la Historia militar de la Guerra Civil española, de J. Blázquez Miguel, Madrid, 2004-2008, en 6 Vols.
A continuación, me limito a reproducir el pensamiento de un hispanista de reconocido prestigio, como es Stanley G. Payne, en su último libro sobre cuestiones históricas, ¿POR QUÉ LA REPÚBLICA PERDIÓ LA GUERRA? , en Espasa Libros, 2010-2011, www.espasa.com
Fragmento de "Por qué la República perdió la guerra"

______________________
CAUSAS DE LA DERROTA REPUBLICANA

La derrota excitó amargas reflexiones en una buena parte de los republicanos; la mayoría eran excusas, y solo algunas tenían un carácter relativamente objetivo. Casi todos los republicanos preferían atribuir la victoria de Franco a la intervención del Eje y a la mayor potencia de sus Fuerzas Armadas, aunque otros evaluaron la situación con más claridad: hubo quien puso el acento en la desunión de la izquierda, así como en la desastrosa dirección de los partidos que la representaban 1. Aunque el resultado de la guerra ya era definitivo, la cuestión de la derrota no se resolvió y las dudas respecto a los errores republicanos, sus debilidades o excesos, se han mantenido como problemas históricos relevantes 2. Los factores que explican la derrota republicana pueden sintetizarse analíticamente en torno a una serie de temas clave. Algunos de los problemas son anteriores a la Guerra Civil, comenzando por el error de no intentar evitar el conflicto.

MIOPÍA DEL CÁLCULO BÉLICO

Desde el mismo comienzo del gobierno de la República, los líderes de los partidos republicanos se equivocaron a la hora de evaluar el alcance de la oposición a sus proyectos y a su forma de gobernar. Creyeron que el país había cambiado enormemente durante los últimos años, cuando España vivió una modernización acelerada, aproximadamente de 1910 a 1930, pero exageraron las dimensiones de ese cambio y malinterpretaron el carácter del mismo. Creyeron que tendrían que vérselas con una sociedad que había sufrido una transformación casi absoluta y que se mostraría a su favor con absoluta claridad. Durante las últimas décadas, las clases medias se habían expandido, en lugar de contraerse, y fueron estos sectores de las clases medias en expansión los que proporcionarían la mayor oposición a la izquierda, si bien es cierto que una parte de esas clases medias sí apoyaba a la izquierda moderada.

Desde noviembre de 1933 los dirigentes de la izquierda se decantaron por la polarización de una manera precipitada e imprudente, sobrevalorando su propia fuerza e infravalorando la de sus adversarios. El principal error fue el de suponer que el país podía gobernarse en exclusiva desde la izquierda en un régimen parlamentario y que la oposición de la derecha se había debilitado radicalmente tras los citados cambios históricos.

LA REPÚBLICA NO FUE DEMOCRÁTICA


Aunque, si se observa el proceso con perspectiva histórica, es evidente que el proceso revolucionario se inició en 1931, la República no se instauró como un régimen revolucionario, sino como una democracia liberal. Los dirigentes de la izquierda republicana y los socialistas creían que, debido a los recientes cambios en la sociedad española, siempre podrían ganar las elecciones; sin embargo, dadas las políticas que llevaron a cabo, ese no fue el caso. Para la izquierda, la democracia no era un objetivo -esto es, la confianza en un sistema de reglas fijas y con resultados inciertos-, sino, simplemente, uno de los medios por los que se podría ratificar su propia «hiperlegitimación» y su supuesto derecho a permanecer en el poder. El resultado fue un juicio erróneo, unos análisis equivocados y unas políticas fallidas.

Ante todos esos fracasos, por supuesto, la alternativa fue la política de la violencia, que se puso en práctica reiteradamente en las cinco insurrecciones revolucionarias que se dieron entre diciembre de 1930 y octubre de 1934. El absoluto fracaso de estas algaradas significó que, aunque la política de la violencia nunca fue rechazada de manera expresa hasta después de haber perdido la Guerra Civil, fue necesario volver a una estrategia electoral en 1935 y 1936. Fue más el resultado de la desesperación que de una convicción, y la izquierda la puso en marcha sin convicción y sin compromiso. En ese momento, una vez más, parece que el análisis erróneo de la situación fue más que evidente.
El país solo podría ser gobernado por una de tres alternativas durante la República, bien por algún gabinete en una democracia centrista y liberal, bien por algún tipo dictadura de la derecha o de la izquierda. La primera opción se desestimó, pero la segunda tampoco se adoptó claramente, lo cual dio como resultado la situación contradictoria e híbrida de 1936.
La incapacidad para aprender de la experiencia fue extraordinaria. En 1936 se repitieron todos los errores del bienio 1931-1932, pero de un modo mucho más extremo, exagerado y multiplicado.

EL FRENTE POPULAR: UNA ALIANZA POLÍTICA TORTICERA

En el sistema político de la República, absolutamente fragmentado, cualquier proyecto político serio dependía de la formación de una alianza. Los líderes de la izquierda republicana siempre lo supieron, aunque no puede decirse lo mismo de los líderes de los movimientos revolucionarios, cuya postura respecto a las alianzas con la izquierda moderada se movía entre la negativa absoluta y la connivencia temporal y oportunista, con pocas excepciones.
Los proyectos políticos de la izquierda moderada y de los revolucionarios eran muy diferentes, tanto que siempre ha resultado muy difícil comprender por qué la izquierda moderada no se alió con el centro democrático, con quien les habría resultado mucho más fácil tratar y con el que, en muchos sentidos, tenían bastante más puntos en común.

La respuesta a esta cuestión, por supuesto, guarda relación con la profunda aversión que la izquierda sentía hacia la derecha y con su decisión de llevar a cabo un programa radical de reformas, para lo cual el apoyo de los socialistas parecía, cuando menos, indispensable. El problema fue que la izquierda moderada nunca pudo contar con el total apoyo de los socialistas, lo que significaba que el programa de Azaña no era viable ni a corto ni a largo plazo.

La unidad del Frente Popular resultó más perjudicial que beneficiosa, porque estaba basada en la aversión que todos los partidos participantes sentían hacia la derecha; sin embargo, aunque unidos, estos fueron incapaces de diseñar un programa común de gobierno.
El programa del Frente Popular fue solo una plataforma de cara a la campaña electoral, no un plan al que pudiera ceñirse una administración durante la siguiente legislatura. No obstante, la Guerra Civil cimentó esta nociva unidad, fundamentándose en la citada oposición común al «fascismo»; en todo caso, el problema de un programa único de gobierno continuó siendo irresoluble, dados los términos en los que se planteaba: eso habría sido tanto como resolver la cuadratura del círculo.
Así pues, el Gobierno del Frente Popular se convirtió en una especie de contradictio in terminis, y aunque hubo uno desde septiembre de 1936 hasta marzo de 1939, sus políticas en algunos sectores cambiaron drásticamente a lo largo de ese período.

EL SOCIALISMO ESPAÑOL


De todos los grandes partidos socialistas europeos de la época, el PSOE era el más contradictorio y el más dividido. Solo una pequeña minoría moderada y democrática, la liderada por Julián Besteiro, mantenía ideas políticas coherentes y razonadas. El llamado «centro» que seguía a Indalecio Prieto no proponía políticas uniformes, sino que daba bandazos de un lado a otro, y siempre de modo oportunista.
Desde 1933, y dirigido por la mayoría liderada por Largo Caballero, el PSOE desarrolló políticas inflexibles y sin concesiones, pero de tal extremismo que resultaban tan impracticables como autodestructivas.
En países como Alemania y Francia, los partidos socialistas intentaron defender la democracia, y pagaron un alto precio por ello, sobre todo en Alemania, mientras que en España el Partido Socialista se convirtió en uno de los principales obstáculos para la democracia.



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