FORO DE ESPAÑA
Login Registrarse FAQ Miembros Buscar FORO DE ESPAÑA

EL HOMICIDIO en Santo Tomás de Aquino.

 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión » Filosofía
Ver tema anterior :: Ver tema siguiente  
Autor Mensaje
zarpax
Site Admin




Registrado: 27 Sep 2007
Mensajes: 618
Ubicación: Barcelona

Sexo:Este usuario es un Hombre

MensajePublicado: Mar Ago 26, 2014 11:54 am    Asunto: EL HOMICIDIO en Santo Tomás de Aquino. Responder citando

EL HOMICIDIO: Sólo al progre se le viene a la cabeza que su moral actual pudiera ser "superior" a la moral de un San Agustín o de un Santo Tomás. El progresismo cree poder 'mejorar' la condición humana con la acumulación de cultura o educación, con una mayor o mejor bondad o mayor sensibilidad subjetivas (mayor y mejor "civilización",???)..., en fin, con un claro e imposible "exceso de animalidad" a la cual llama...¿humanidad?... No. La llama en realidad "súper humanidad" o humanismo, súper humanismo... y el hombre, al elevarse supuestamente por encima del nivel animal -biológico-, arrastra tras sí a los demás animales elevándolos a su misma clase (jurídica) de "personas"... Lo hipostatizado no puede matarse así mismo, lo humano y su humanismo no puede matarse a sí mismo, de aquí el ser contrario a la pena de muerte o eutanasia procesal de todo progresismo, de todo "majorenes".

En realidad es una brutalidad, un "deceso" de sabiduría y una religazón universal lo que subyace en suponer la "Pena de muerte" de Santo Tomás como una moral inferior ya superada por el acontecer histórico elevado a su vez a dogma del progresismo. Esto es la simple ignorancia del religioso progresismo.
............

EL HOMICIDIO.

«CUESTIÓN 64
El homicidio.

Corresponde a continuación tratar de los vicios opuestos a la justicia conmutativa (cf. q.63 introd.), acerca de los cuales trataremos primero de los pecados que se cometen con ocasión de las transacciones involuntarias, y en segundo lugar de los que se cometen en las transacciones voluntarias (q.77). Se cometen pecados en las transacciones involuntarias en cuanto se perjudica al prójimo contra su voluntad, lo cual puede hacerse de dos mane- ras, a saber: o de obra o de palabra (q.67). De obra, cuando se hiere al prójimo en su propia persona o en la de sus allegados (q.65) o en sus bienes (q.66). De estas cosas trataremos por orden, comenzando por el homicidio, por el que se perjudica más gravemente al prójimo.
Acerca de esto se formulan ocho preguntas:
1. ¿Es pecado matar a los animales brutos y destruir las plantas?— 2. ¿Es lícito matar al pecador?—3. ¿Está permitido esto a una persona par- ticular o solamente a una pública?—4. ¿Lo está a un clérigo?—5. ¿Es lícito a alguien suicidarse?—6. ¿Es lícito quitar la vida a un hombre justo?— 7. ¿Es lícito a alguien matar a un hombre en defensa propia?—8. El homicidio casual, ¿es pecado mortal?

ARTICULO 1 (C 64. a. 1).
¿Es ilícito matar a cualquier ser viviente?
In Sent. 1 d.39 q.2 a.1; Cont. Gentes 3,112; De duob. praecept.
Objeciones por las que parece que es ilícito matar a cualquier ser viviente:
1. Dice Rom 13,2: Los que resisten a la ordenación de Dios, ellos mismos se atraen la condenación. Ahora bien: por ordenación de la providencia divina se conservan todos los seres vivientes, según Sal 146,8-9: Dios produce en los montes heno y pasto para el ganado. Luego parece que es ilícito dar muerte a cualquier ser viviente.
2. Más aún: el homicidio es pecado porque priva al hombre de la vida. Pero la vida es común a los animales y a las plantas. Luego, por la misma razón, parece ser pecado matar a los animales brutos y a las plantas.
3. Y también: en la ley divina no se determina pena especial sino por el pecado. Mas para el que mata el buey o la oveja de otro se establece una pena determinada en la ley divina, como es evidente en Ex 22,1. Luego el matar a los animales brutos es pecado.
En cambio está Agustín, en I De civ.. Dei1, que dice: Cuando oímos no matarás, no entendemos que esto sea dicho acerca de los vegetales, puesto que no tienen ningún sentido; ni tampoco de los animales irracionales, puesto que no están asociados a nosotros por ninguna razón. Luego sólo nos queda entender acerca del hombre el precepto: No matarás.
Solución. Hay que decir: Nadie peca por el hecho de valerse de una cosa para el fin al que está destinada. Pero, en el orden de las cosas, las imperfectas existen para las perfectas, como también en la vía de la generación la naturaleza pro- cede de lo imperfecto a lo perfecto. De aquí resulta que, así como en la generación del hombre lo primero es lo vivo, luego lo animal y, por último, el hom- bre, así también los seres que solamente viven, como las plantas, existen en general para todos los animales, y los animales para el hombre. Por consiguiente, si el hombre usa de las plantas en provecho de los animales, y usa de los animales en su propia utilidad, no realiza nada ilícito, como también parece manifiesto por el Filósofo en I Polit. 2 Entre los varios usos, parece ser de máxima necesidad que los animales utilicen de las plantas para su alimentación, y los hombres de los animales, lo cual no puede tener lugar sin darles muerte. Por consiguiente, es lícito matar las plantas para el uso de los animales, y los animales para el uso de los hombres, según el mandato divino consignado en Gén 1,29-30: Ved que os he dado toda hierba y todos los árboles para que os sirvan de alimento, y a todos los animales de la tierra. Y añade Gén 9,3: Todo lo que se mueve y vive servirá de alimento.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que por disposición divina se conserva la vida de los animales y de las plantas, no para sí mismos, sino para el hombre. De ahí que, como dice Agustín en I De civ. Dei 3, por justísima ordenación del Creador, la vida y la muerte de estos seres están entregadas a nuestra utilidad.
2. A la segunda hay que decir: Que los animales brutos y las plantas no tienen vida racional por la cual puedan obrar por sí mismos, sino que siempre actúan como movidos por otros, por cierto impulso natural. Y esto es señal de que son naturalmente esclavos y acomodados para los usos de otros.
3. A la tercera hay que decir: Que el que mata al buey de otro peca ciertamente, no porque mate al buey, sino porque daña al hombre en lo que es suyo. Por consiguiente, no se trata de un pecado de homicidio, sino de un pecado de hurto o de rapiña.»(C 64, a 1).

1. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.20: ML 41,35.
2. ARISTÓTELES, Pol. 1 c.3 n.7 (BK 1256b15): S. TH., lect.6.
3. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.20: ML 41,35.

....................

(C.64 a. 2).
«ARTICULO 2
¿Es lícito matar a los pecadores?
Supra q.25 a.6 ad 2; infra q.108 a.3; 1-2 q.100 a.8 ad 3; Cont. Gentes 3,146; De virtut. q.2 a.8 ad 10; In Rom. 12 lect.3; De duob. praecept.
Objeciones por las que parece que no es lícito matar a los pecadores:
1. El Señorprohibió,enlaparábola de Mt 13,29-30, extirpar la cizaña, que representa a los hijos del mal, como allí se dice (v.2Cool. Pero todo lo que Dios pro- hibe es pecado. Luego matar al pecador es pecado.
2. Más aún: la justicia humana debe conformarse a la justicia divina. Mas, se- gún esta divina justicia, son conservados los pecadores para que hagan penitencia, de acuerdo con aquellas palabras de Dios que consigna Ez 18,23: No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Luego parece que es absolutamente injusto matar a los pecadores.
3. Y también: lo que es malo en sí no puede en modo alguno hacerse con buen fin, como manifiestan Agustín en el libro Contra mendacium 4, y el Filósofo en III Ethic.5 Pero matar al hombre es en sí malo, puesto que hemos de tener caridad con todos los hombres, y quere- mos que los amigos existan y vivan, como se dice en IX Ethic.6 Luego en ningún caso es lícito matar al hombre pecador.

En cambio está Ex 22,18, que dice: No permitirás que vivan los hechiceros; y en Sal 100,8: De madrugada matad a todos los pecadores del país.

Solución. Hay que decir: Según se ha expuesto (a.1), es lícito matar a los animales brutos en cuanto se ordenan de modo natural al uso de los hombres, como lo imperfecto se ordena a lo perfecto. Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1 Cor 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa.

Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el Señor mandó que se abstuvieran de arrancar la cizaña por evitar que se arrancara el trigo, esto es, los buenos, lo que ocurre cuando no puede matarse a los malos sin que al mismo tiempo sean muertos también los buenos, ya porque estén ocultos entre éstos, ya porque tengan muchos se- cuaces, de modo que no puedan ser suprimidos sin peligro para los buenos, como observa Agustín en Contra Parmen. 7 Por eso el Señor enseña que vale más dejar vivir a los malos y reservar la venganza hasta el juicio final, que hacer perecer al mismo tiempo a los buenos. Pero cuando la muerte de los malos no entraña un peligro para los buenos, sino más bien seguridad y protección, se puede lícitamente quitar la vida a aquéllos. 2. A la segunda hay que decir: Que Dios, según el orden de su sabiduría, arrebata, algunas veces inmediatamente, la vida de los pecadores para liberar a los buenos; pero otras veces les concede tiempo de arrepentirse, si prevé que es conveniente para sus elegidos. También en esto le imita la justicia humana según su posibilidad, pues hace morir a los que son funestos para los demás, pero reserva a los que pecan sin perjudicar gravemente a otros, para que hagan penitencia.
3. A la tercera hay que decir: Que el hombre, al pecar, se separa del orden de la razón, y por ello decae en su dignidad, es decir, en cuanto que el hombre es naturalmente libre y existente por sí mismo; y húndese, en cierto modo, en la esclavitud de las bestias, de modo que puede disponerse de él en cuanto es útil a los demás, según aquello del Sal 42,21: El hombre, cuando se alzaba en su esplendor, no lo entendió; se ha hecho comparable a las bestias insensatas y es semejante a ellas; y en Prov 11,29 se dice: El que es necio servirá al sabio. Por consiguiente, aunque matar al hombre que conserva su dignidad sea en sí malo, sin embargo, matar al hombre pecador puede ser bueno, como matar una bestia, pues peor es el hombre malo que una bestia y causa más daño, según afirma el Filósofo en I Polit. 8 y en VIII Ethic.9.»(C.64 a. 2).

4. SAN AGUSTÍN, Contra mendac. c.7: ML 40,528.
5. ARISTÓTE- LES, Ethic. 2 c.6 n.18 (BK 1107a14): S. TH., lect.7.
6. ARISTÓTELES, Ethic. 9 c.4 n.1 (BK 1166a4): S. TH., lect.4.
7. SAN AGUSTÍN, Contra Epist. Parmen. 3 c.3: ML 43,101.
8. ARISTÓTELES, Pol. 1 c.1 n.12 (Bk 1253a32): S. TH., lect.1.
9. ARISTÓTELES, Ethic. 7 c.6 n.7 (BK 1150a7).
..................

(C.64a.3). ARTICULO 3

«¿Es lícito a una persona particular matar al hombre pecador?
Infra q.65 a.1 ad 2; In Sent. 2 d.44 q.2 a.2 ad 5; 4d.37a.2a.1

Objeciones por las que parece que es lícito a un simple particular matar al hombre pecador:
1. En la ley divina no se manda ninguna cosa ilícita. Mas Moisés mandó en Ex 32,27: Cada uno mate a su hermano, a su amigo y a su prójimo por haber adorado al becerro de oro. Luego es lícito, aun a las personas particulares, matar al pecador.
2. Más aún: el hombre, a causa del pecado, es comparable a las bestias, como se ha dicho anteriormente (a.2 ad 3); pero matar la bestia salvaje que causa mucho daño es lícito a cualquier persona particular. Luego por igual razón le será lícito matar al hombre pecador.
3. Y también: es laudable que el hombre, aunque sea una persona privada, realice lo que es útil al bien común. Ahora bien: quitar la vida a los malhechores es útil al bien común, como se ha demostrado (a.2). Luego es laudable que incluso las personas privadas maten a los malhechores.
En cambio está Agustín, en I De civ. Dei 10, que dice: El que matare a malhechor sin tener administración pública, será juzgado como homicida, y tanto más cuanto que no temió usurpar una potestad que Dios no le había concedido.
Solución. Hay que decir: Como hemos dicho (a.2), es lícito matar al malhechor en cuanto se ordena a la salud de toda la comunidad, y, en consecuencia, el realizarlo le compete sólo a aquel a quien esté confiado el cuidado de conservar la comunidad, igual que al médico le compete amputar el miembro podrido cuando le fuera encomendada la curación de todo el cuerpo. Pero el cuidado del bien común está confiado a los príncipes, que tienen la autoridad pública. Por consiguiente, solamente a éstos es lícito matar a los malhechores; en cambio, no lo es a las personas particulares.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que realmente rea- liza una acción aquel por cuya autoridad o mandato se hace, como expresa Dionisio en el c.3 De cael, hier. 11; y por esto escribe Agustín, en I De civ. Dei12,que no mata aquella persona que cumple su ministerio de obedecer al que manda, de quien es instrumento, como una espada en manos del que se sirve de ella. Por consiguiente, los que mataron a los parientes y amigos por mandato del Señor no parece que ellos mismos lo hayan hecho, sino, antes bien, aquel a cuya autoridad obedecían, como un soldado mata al enemigo por orden del príncipe y el verdugo al ladrón por autoridad del juez.
2. A la segunda hay que decir: Que la bestia es por su naturaleza distinta del hombre, y, por consiguiente, sobre este punto no se requiere juicio alguno de si hay que matarla si es salvaje; pero, si es doméstica, se requiere un juicio, no por ella misma, sino por el perjuicio del dueño. Mas el hombre pecador no es por naturaleza distinto de los hombres justos; por consiguiente, habrá necesidad de un juicio público para decidir si se le debe matar en atención al bien común.
3. A la tercera hay que decir: Que hacer algo en servicio del bien común, que a nadie perjudique, es lícito a cualquier persona particular; pero si es con perjuicio de otro, no debe hacerse sino según el juicio de aquel a quien pertenece decidir qué se debe quitar a las partes para la salvación del todo.»(C.64a.3).

10. Cf. GRACIANO, Decretum p.2 causa 23 q.8 can.33: Qui percutit (RF I 965).
11. Ps. DIONISIO AREOPAGITA, De cael, hier. c.13 par.4: MG 3,305.
12. SAN AGUSTÍN, Deciv. Dei 1 c.21: ML 41,35.
...............

(C.64 a.4). ARTICULO 4

¿Es lícito a los clérigos matar a los malhechores?
In Sent. 4 d.25 q.2 a.2 q.a2

Solución. Hay que decir: No es lícito a los clérigos matar, y eso por dos razones: primera, porque son elegidos para el servicio del altar, en el que se representa la pasión de Cristo sacrificado, el cual, a pesar de ser maltratado, no maltrataba, como declara 1 Pe 2,23; y, por consiguiente, no conviene que los clérigos hieran o maten, porque los ministros deben imitar a su señor, según Eclo 10,2: Como sea el juez del pueblo, así sus ministros.
La segunda razón es porque a los clérigos les está encomendado el ministerio de la nueva ley, en la cual no se establece ninguna pena de muerte o de mutilación corporal. Por tanto, para que sean ministros idóneos del Nuevo Testamento (2 Cor 3,6), deben abstenerse de tales cosas.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que Dios realiza umversalmente en todos los seres las cosas que son rectas; sin embargo, en cada uno según su naturaleza, y así cada cual debe imitar a Dios en lo que le concierne especialmente a él. Por eso, aunque Dios pueda suprimir la vida corporal de los malhechores, no conviene, sin embargo, que todos le imiten en esto. Pedro no mató por propia autoridad, o por su mano, a Ananías y Safira, sino más bien promulgó la sentencia divina sobre su muerte. Respecto de los sacerdotes o los levitas del Antiguo Testamento, éstos eran ministros de la antigua ley, según la cual se establecían penas corporales, y, por consiguiente, también podían matar a alguien por su propia mano.
2. A la segunda hay que decir: Que el ministerio de los clérigos está ordenado a unos fines más elevados que el de las ejecuciones corporales, es decir, a aque- llas cosas que pertenecen a la salvación espiritual; y, por consiguiente, no deben inmiscuirse en otros menesteres inferiores.
3. A la tercera hay que decir: Que los prelados de las Iglesias reciben el oficio de príncipes de la tierra no para que ellos mismos ejerzan por sí sentencia de muerte, sino para que por su autoridad se ejerza a través de otros tribunales.“ (C.64 a.4).
....................

(C.64 a.5). «ARTICULO 5

¿Es lícito a alguien suicidarse?
Supra q.59 a.3 ad 2; infra q.124 a.1 ad 2; In Sent. 4 d.49 q.5 a.3 q.a2 ad 6; In Hebr. 11 lect.7; In Ethic. 5 lect.17; De duob. praecept.

Objeciones por las que parece que a alguien le es lícito suicidarse:
1. El homicidio solamente es pecado en cuanto es contrario a la justicia. Mas nadie puede hacerse a sí mismo injusticia, como se prueba en V Ethic. 13 Luego nadie peca suicidándose.
2. Más aún: matar a los malhechores es lícito al que tiene pública potestad. Pero algunas veces el que tiene pública potestad es malhechor. Luego le está permitido darse muerte.
3. Y también: es lícito que uno se exponga espontáneamente a un peligro menor por evitar el peligro mayor, como también es lícito que uno se ampute un miembro podrido para salvar todo el cuerpo. Pero a veces uno, dándose muerte a sí mismo, evita mayor mal, como sería una vida miserable o la torpeza de algún pecado. Luego es lícito a algunos suicidarse.
4. Todavía más: Sansón se dio muerte, según se tiene en Jue 16,30; y, sin embargo, se le enumera entre los santos, como es manifiesto (Heb 11,32). Luego es lícito a alguno suicidarse.
5. Incluso aún: en el libro de 2 Mac 14,41ss se cuenta que Razias se dio muerte, prefiriendo morir noblemente antes que caer en manos de pecadores y sufrir injurias indignas de su linaje. Pero nada que se haga noblemente y con valor es ilícito. Luego no es ilícito darse muerte.
En cambio está Agustín, en I De civ. Dei 14, que dice: Sólo nos queda aplicar al hombre este precepto: No matarás. Ni a tu prójimo ni a ti, porque el que se mata, mata a un hombre.
Solución. Hay que decir: Es absolutamente ilícito suicidarse por tres razones: primera, porque todo ser se ama naturalmente a sí mismo, y a esto se debe el que todo ser se conserve naturalmente en la existencia y resista, cuanto sea capaz, a lo que podría destruirle. Por tal motivo, el que alguien se dé muerte va contra la inclinación natural y contra la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo; de ahí que el suicidarse sea siempre pecado mortal por ir contra la ley natural y contra la caridad.
Segunda, porque cada parte, en cuanto tal, pertenece al todo; y un hombre cualquiera es parte de la comunidad, y, por tanto, todo lo que él es pertenece a la sociedad. Por eso el que se suicida hace injuria a la comunidad, como se pone de manifiesto por el Filósofo en V Ethic.15
Tercera, porque la vida es un don di- vino dado al hombre y sujeto a su divina potestad, que da la muerte y la vida. Y, por tanto, el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo; o como peca el que se arroga la facultad de juzgar una cosa que no le está encomendada, pues sólo a Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida, según el texto de Dt 32,39: Yo quitaré la vida y yo haré vivir.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el homicidio es pecado, no sólo porque es contrario a la justicia, sino también porque es contra- rio a la caridad que debe tener uno con- sigo mismo; y en este concepto el suicidio es pecado contra uno mismo; pero, además, respecto a la sociedad y a Dios, tiene también razón de pecado por oposición a la justicia.
2. A la segunda hay que decir: Que el que ejerce pública potestad puede matar lícitamente al malhechor, por cuanto puede juzgarle; pero nadie es juez de sí mismo, y, por consiguiente, no es lícito al que ejerce pública potestad darse muerte a sí mismo, cualquiera que sea su pecado; pero sí le es lícito someterse al juicio de otros.
3. A la tercera hay que decir: Que el hombre se constituye en señor de sí mismo por el libre albedrío, y, por tanto, puede lícitamente disponer de sí mismo en lo que pertenece a esta vida, la cual se rige por el libre albedrío del hombre. Pero el tránsito de esta vida a otra más feliz no está sujeto al libre albedrío del hombre, sino a la potestad divina; y por esta razón no es lícito al hombre darse muerte para pasar a otra vida más dichosa.
Tampoco lo es el que rehuya ciertas miserias de la vida presente, puesto que la muerte es el último de los males de esta vida y el más terrible, como se muestra por el Filósofo en III Ethic. 16 Por consiguiente, suicidarse para evitar otras miserias de esta vida es preferir un mayor mal por evitar uno menor.
Ni tampoco es lícito darse muerte por algún pecado cometido, ya porque con esto se causa uno a sí mismo un perjuicio máximo, puesto que se priva del tiempo necesario para la penitencia, ya también porque no es lícito matar al malhechor sino mediante juicio de la pública potestad.
Ni igualmente es lícito a la mujer darse muerte para no ser violada, ya que no debe cometer un crimen mayor, que es el suicidio, para evitar un delito menor ajeno; pues la mujer violada a la fuerza no peca si no da su consentimiento, porque el cuerpo no se mancha sino por el consenti- miento del alma, como dijo Santa Lucía 17. Mas consta que es notoriamente menor pecado la fornicación o el adulterio que el homicidio y, sobre todo, que el suicidio, el cual es gravísimo, porque el hombre se causa a sí mismo un daño, debiéndose un máximo amor, y también, es pecado peligrosísimo, pues no queda tiempo para expiarlo por la penitencia.
Finalmente, tampoco es lícito darse muerte por temor a consentir en el pecado, puesto que no deben realizarse males para que sobrevengan bienes (Rom 3,Cool o para evitar otros males, sobre todo menores y menos ciertos. Y es incierto si uno consentirá más adelante en el peca- do, puesto que Dios puede librar del pecado al hombre en cualquier tentación que le asalte.
4. A la cuarta hay que decir: Que, como dice Agustín, en I De civ. Dei 18, el que Sansón se sepultara con sus enemigos entre las ruinas del templo sólo se excusa por alguna secreta intimación del Espíritu Santo, que obraba milagros por su medio. El mismo razonamiento aduce Agustín19 respecto de ciertas santas mujeres que se dieron muerte en tiempo de persecución y cuya memoria celebra la Iglesia.
5. A la quinta hay que decir: Que per- tenece a la virtud de la fortaleza el que alguien no rehuse que le maten por otro a causa del bien de la virtud y para evitar el pecado. Pero el que uno se suicide para evitar sufrimientos penales sólo tiene una apariencia de fortaleza, por lo que algunos se quitaron la vida a sí mismos creyendo que obraban valerosamente, entre los que se enumera el caso de Razías; pero no es verdadera fortaleza, sino más bien cierta flojedad del alma, que es incapaz de soportar padecimientos penales, como ponen de relieve el Filósofo en II Eíhic.20, y Agustín en I De civ. Dei21.»(C.64 a.5).

13. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.11 n.1,4,6 (BK 1138a4; a14; a26): S. TH., lect.17; cf. Ethic. 5 c.6 n.9 (BK 1134b9): S. TH., lect.11. 14. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.20: ML 41,35.
15. ARISTÓTELES, Ethic. 5 c.11 n.3 (BK 1138a11): S. TH., lect.17. 16. ARISTÓTELES, Ethic. 3 c.6 n.6 (BK 1115a26): S. TH., lect.14. 17. Cf. J. DE VORÁGINE, Legenda Aurea c.4 par.1 (GR 31); MOMBRITIO, Sanctuarium Passio S. Luciae virginis et martyris (2,108.3Cool. 18. S. AGUS- TÍN, De civ. Dei 1 c.21: ML 41,35. 19. S. AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.26: ML 41,39.
20. ARISTÓTELES, Ethic. 3 c.7 n.13 (BK 1116a12): S. TH., lect.15. 21. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.22: ML 41,36; c.23: ML 41,37.
....................

(C.65 a.5). ARTICULO 6
¿Es lícito en algún caso matar a un inocente?
1-2 q.94 a.5 ad 2; q.100 a.8 ad 3; In Hebr. 11 lect.4; De pot. q.1 a.6 ad 4

Objeciones por las que parece que es lícito en algún caso matar a un inocente: 1. Por medio del pecado no se ma- nifiesta el temor de Dios, sino que más bien el temor de Dios expulsa el pecado, como consigna Eclo 1,27. Ahora bien: es alabado Abrahán porque, temiendo al Señor, quiso matar a su hijo inocente (Gén 22,12). Luego puede alguien matar
a un inocente sin incurrir en pecado.
2. Más aún: en el género de pecados que se comete contra el prójimo, tanto mayor parece que será un pecado cuanto más daño se haga a aquel contra quien se peca. Pero la occisión causa más daño al pecador que al inocente, quien por la muerte pasa de la miseria de esta vida a la gloria celestial. Luego, siendo lícito en algún caso matar al pecador, mucho
más lo será matar al inocente o al justo. 3. Y también: lo que se hace según el orden de la justicia no es pecado. Pero algunas veces, según este mismo orden de la justicia, se ve uno obligado a matar al inocente; por ejemplo, cuando un juez, que debe juzgar según lo alega- do, condena a muerte al que sabe que es
inocente convicto, sin embargo, por fal- sos testigos; y, del mismo modo, el ver- dugo que mata al injustamente condena- do obedeciendo al juez. Luego puede al- guien, sin cometer pecado, matar al inocente.

En cambio está Ex 23,722, que dice: No quitarás la vida al inocente ni al justo.

Solución. Hay que decir: Se puede considerar a un hombre de dos modos: en sí mismo y por comparación a otro. Considerando al hombre en sí mismo, no es lícito quitar la vida a nadie, puesto que en todo hombre, aun pecador, debe- mos amar la naturaleza, que Dios ha he- cho y que por la muerte se destruye. Pero, según se ha expuesto (a.2), la occi- sión del pecador sólo es lícita en aten- ción al bien común, que se destruye por el pecado. Pero la vida de los justos mantiene y promueve el bien común, ya que ellos son la parte más importante de la sociedad. Por esta razón, de ningún modo es lícito matar al inocente.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que Dios es Señor de la muerte y de la vida, pues por dis- posición suya mueren los pecadores y los justos. Por consiguiente, el que por mandato de Dios mata al inocente, no peca, como tampoco Dios, de quien es ejecutor. Y manifiesta que teme a Dios
al obedecer sus mandatos.
2. A la segunda hay que decir: Que, en
la apreciación de la gravedad del pecado, se debe considerar más lo que es esencial que lo que es accidental. Por eso el que mata a un justo peca más gravemente que el que mata al pecador: primero, porque perjudica a alguien a quien debe amar más y, de este modo, quebranta más la caridad; segundo, porque infiere injuria al que menos la merece y, así, viola más la justicia; tercero, porque pri- va a la sociedad de un bien mayor; cuar- to, porque desprecia más a Dios, según aquello de Lc 10,16: El que a vosotros des- precia, a mí me desprecia. Que el justo muerto sea llevado por Dios a la gloria, es accidental al homicidio.
3. A la tercera hay que decir: Que el juez, si sabe que alguien convicto por falsos testigos es inocente, debe exami-nar a éstos con mayor diligencia, para encontrar ocasión de librar al inocente, como lo hizo Daniel (Dan 13,51); pero, si esto no le fuera posible, debe remitir- lo al juicio de un tribunal superior. Mas, si esto no pudiera, no peca sentenciando según lo alegado, porque no es él el que mata al inocente, sino aquellos que ates- tiguan que es culpable. En cuanto al verdugo o agente del juez que ha conde- nado al inocente: si la sentencia contiene un error intolerable, no debe obedecer; de lo contrario se excusaría a los verdu- gos que mataron a los mártires; pero, si la sentencia no contiene injusticia mani- fiesta, no peca ejecutando el mandato; porque no está en sus manos discutir la sentencia del superior, ni tampoco mata él mismo al inocente, sino el juez, cuyas órdenes ejecuta.»(C.64 a.6).

20. ARISTÓTELES, Ethic. 3 c.7 n.13 (BK 1116a12): S. TH., lect.15. 21. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei 1 c.22: ML 41,36; c.23: ML 41,37. 22. Cf. Dan 13,53.
.................

(C. 64 a 7). «ARTICULO 7
¿Es lícito a alguien matar a otro en defensa propia?
In Sent. 4 d.25 q.2 a.2 q.a2 ad 3

Objeciones por las que parece que a nadie es lícito matar a otro en defensa propia:

1 Dice Agustín en Ad Publicolam 3:"No me parece bien aconsejar a nadie que mate a otros hombres, aun en defensa propia, a no ser que sea soldado o que a ello le obligue su función pública, de manera que no actúe por sí mismo, sino por otros y una vez recibida la potestad legítima, si ésta es adecuada a su persona". Pero el que, defendiéndose, mata a alguien, le mata para no ser asesinado por él. Luego parece que esto es ilícito.
2. Más aún: se dice en I De lib. arb. 24: ¿Cómo están libres de pecado ante la divina providencia los que por estos bienes, que deben ser despreciados, han vertido sangre hu- mana?; y añade que deben ser desprecia- das aquellas cosas 25 que los hombres pueden
perder contra su voluntad, siendo principal- mente una de ellas la vida corporal. Lue- go, por conservar la vida corporal, a na- die es lícito cometer homicidio.
3. Y también: el papa Nicolás for- mula la siguiente resolución26, también consignada en el Decreto d.5027: Con respecto a aquellos clérigos de quienes me consul- taste, que defendiéndose mataron a un pagano, sobre si, enmendados después por la peniten- cia, pueden volver al estado antiguo o ascender a otro más elevado, sabed que Nos no les aceptamos pretexto ni les otorgamos licencia alguna para matar, de cualquier manera que sea, a ningún hombre. Y como los clérigos y los laicos están obligados indistinta- mente a guardar los preceptos morales, tampoco a los laicos es lícito matar a na- die defendiéndose.
4. Todavía más: el homicidio es pe- cado más grave que la simple fornica- ción o el adulterio. Pero a nadie es lícito cometer simple fornicación, o adulterio, o cualquier otro pecado mortal para la conservación de la propia vida, porque la vida espiritual debe ser preferida a la corporal. Luego a nadie es lícito en de- fensa propia matar a otro para conservar la vida.
5. Incluso aún: si el árbol es malo, el fruto lo es también, como se dice en Mt 7,17-18. Pero la misma defensa pro- pia parece ser ilícita, según aquello de Rom 12,19: No os defendáis, queridos míos. Luego la muerte de un hombre, por este motivo, es ilícita.

En cambio está Ex 22,1, que dice: Si fuere hallado un ladrón forjando o socavando una casa, y siendo herido muriese, el que le hi- rió no será reo de la sangre vertida. Pero es mucho más lícito defender la vida pro- pia que la casa propia. Luego también, si uno mata a otro en defensa de su vida, no será reo de homicidio.
Solución. Hay que decir: Nada impide que de un solo acto haya dos efectos, de los cuales uno sólo es intencionado y el otro no. Pero los actos morales reciben su especie de lo que está en la intención y no, por el contrario, de lo que es aje- no a ella, ya que esto les es accidental, como consta de lo expuesto en lugares anteriores (q.43 a.3; 1-2 q.72 a.1). Ahora bien: del acto de la persona que se de- fiende a sí misma pueden seguirse dos efectos: uno, la conservación de la pro- pia vida; y otro, la muerte del agresor. Tal acto, en lo que se refiere a la conser- vación de la propia vida, nada tiene de ilícito, puesto que es natural a todo ser conservar su existencia todo cuanto pue- da. Sin embargo, un acto que proviene de buena intención puede convertirse en ilícito si no es proporcionado al fin. Por consiguiente, si uno, para defender su propia vida, usa de mayor violencia que la precisa, este acto será ilícito. Pero si rechaza la agresión moderadamente, será lícita la defensa, pues, con arreglo al de- recho28, es lícito repeler la fuerza con la fuerza, moderando la defensa según las necesi- dades de la seguridad amenazada. No es, pues, necesario para la salvación que el hombre renuncie al acto de defensa mo- derada para evitar ser asesinado, puesto que el hombre está más obligado a mirar por su propia vida que por la vida ajena.
Mas, puesto que no es lícito matar al hombre sino por autoridad pública y a causa del bien común, como consta por lo expuesto (a.3), es ilícito que un hom- bre se proponga matar a otro simple- mente para defenderse a sí mismo, a me- nos que tenga autoridad pública el que se defiende, el cual, al proponerse matar a otro en su propia defensa, lo hace con vistas al bienestar público, como ocurre con el soldado que pelea contra los ene- migos y con el agente del juez que com- bate contra los ladrones; aunque tam- bién pecan ambos si son movidos por pasión personal.

Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que el argumento de autoridad de Agustín debe interpretarse con referencia al caso en el que alguien tenga intención directa de matar a un hombre para librarse él mismo de la muerte.
A este mismo argumento se constriñe también el otro argumento de autoridad, del libro De libero arbitrio, aducido en la objeción; de ahí que diga precisando: por estos bienes, con lo que designa la intención de homicidio.
2. A la segunda hay que decir: Que de aquí se deduce la contestación a la segunda objeción.
3. A la tercera hay que decir: Que el acto del homicidio, aunque sea sin cul- pa, entraña una irregularidad (canónica), como es claro en el caso del juez que
condena a muerte a alguien con justicia; igualmente el clérigo, si al defenderse mata a alguien, incurre en irregularidad, aunque no tuviera intención de matarle, sino de defenderse a sí mismo.
4. A la cuarta hay que decir: Que el acto de fornicación o de adulterio no se ordena necesariamente a la conservación de la propia vida, como se ordena un acto del que algunas veces se sigue el homicidio.
5. A la quinta hay que decir: Que allí se prohibe la defensa que va mezclada con deseo de venganza. De ahí que diga la Glosa29: No os defendáis, esto es, no devolváis al adversario el mal que os ha hecho.»(C 64 a 7).

23. SAN AGUSTÍN, Epist.47 Ad Publicolam: ML 33,186; cf. GRACIANO, Decretum p.2 causa 23 q.5 can.8: De occidendis (RF 1 932). 24. SAN AGUSTÍN, De lib. arb. 1 c.5: ML 32,1228. 25. Ibid. 26. Epist.138 Ad Osbaldum: ML 119,1131. 27. GRACIANO, Decretum p.1 d.50 can.6: De bis clericis (RF I 179).

..................

(C 65, a 1).«CUESTIÓN 65
Otras injurias o pecados de injusticia contra la persona del prójimo
Corresponde a continuación tratar de los otros pecados de injusticia que se cometen contra las personas (cf. q.64 introd.)

Acerca de esto se plantean cuatro problemas:
1. La mutilación de los miembros.—2. Los golpes.—3. El encarcelamiento.—4. El pecado que estas injusticias entrañan, ¿se agrava por cometerse contra persona allegada?

ARTICULO 1
¿Es lícito en algún caso mutilar un miembro?
Infra q.108 a.3; a.4 ad 2; In Mt. 19

Objeciones por las que parece que en ningún caso puede ser lícito mutilar un miembro:
1. El Damasceno, en el libro II1, dice que se comete pecado porque se sepa- ra uno de lo que es conforme a la naturaleza para hacer lo contrario a ella. Ahora bien: es conforme a la naturaleza, tal como ha sido instituida por Dios, que el cuerpo del hombre esté íntegro en todos sus miembros, y está contra la naturaleza el que le falte alguno. Luego mutilar a alguien un miembro parece ser siempre pecado.
2. Más aún: lo que el alma entera es al cuerpo entero son las partes del alma a las partes del cuerpo, como se dice en II De anima2. Ahora bien: no es lícito sino a la autoridad pública privar a al- guien del alma dándole la muerte. Luego tampoco es lícito mutilar a nadie un miembro, a no ser, quizá, por el poder público.
3. Y también: se debe preferir la salvación del alma a la salvación del cuerpo. Pero a nadie está permitido mutilarse un miembro por la salvación del alma, puesto que, según los estatutos del primer concilio de Nicea 3, fueron castigados los que se castraban por conser- var la castidad. Luego por ninguna cau- sa es lícito mutilar a uno un miembro.
En cambio está Ex 21,24, que dice: Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
Solución. Hay que decir: Siendo un miembro cualquiera parte de todo el cuerpo humano, existe por el todo, como lo imperfecto por lo perfecto; de ahí que se deba disponer de un miembro del cuerpo humano en cuanto que es útil al bien del todo. Ahora bien: si en sí mismo ese miembro es útil al bien de todo el cuerpo, puede, sin embargo, accidentalmente, suceder que sea nocivo; por ejemplo, cuando un miembro en es- tado de putrefacción corrompe todo el cuerpo. Por tanto, si un miembro está sano y consistente en su natural disposi- ción, no puede amputarse sin detrimento de todo el hombre. Mas, puesto que todo hombre se ordena, como a su fin, a la sociedad entera, de la que forma parte, según ya se ha demostrado antes (q.61 a.1; q.64 a.2.5), puede suceder que la mutilación de un miembro, aunque redunde en detrimento de todo el cuerpo, se ordene, sin embargo, al bien de la sociedad, en cuanto se impone a alguno como castigo para escarmiento de los pecadores. Por consiguiente, así como por el poder público puede uno ser lícitamente privado totalmente de la vida por ciertas culpas mayores, así también puede ser privado de un miembro por algunas culpas menores. Pero hacer esto no es lícito a cualquier persona privada, ni aun consintiendo el mismo a quien pertenece el miembro, puesto que con ello se comete injuria a la sociedad, a la que pertenece el hombre mismo y todas sus partes. Mas, si un miembro dañado corrompe todo el cuerpo, entonces es lícito amputarlo por la salvación de éste con consentimiento de aquel de quien es el miembro, pues a cada uno está encomendado el cuidado de su propia salud. Igual razón hay si se hace la mutilación por voluntad de aquel a quien corresponde cuidar de la salud del que tiene el miembro corrupto. Fuera de estos casos, es absolutamente ilícito mutilar a alguien un miembro a.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Que nada impide que lo que está contra la naturaleza par- ticular sea según la naturaleza universal; así, la muerte y la corrupción en los se- res naturales son contrarias a la naturale- za particular de aquello que se corrom- pe, siendo, sin embargo, conformes a la naturaleza universal; y, de igual modo, mutilar a uno un miembro, aunque sea contrario a la naturaleza particular del cuerpo del que es mutilado, es, no obstante, conforme a la naturaleza racional en atención al bien común.
2. A la segunda hay que decir: Que la vida del hombre en su totalidad no se ordena a algo propio del mismo hombre, sino que, sobre todo, a ella se ordenan todos los demás bienes que tienen los hombres. Por consiguiente, privar a uno de la vida en ningún caso pertenece a nadie a no ser a la autoridad pública, a la que está confiado el cuidado del bien común. Pero la mutilación de un miembro puede ordenarse a la salud propia de un hombre, y, por tanto, puede en algún caso practicarse.
3. A la tercera hay que decir: Que no se puede amputar un miembro por la salud corporal del todo a no ser cuando no se puede de otra manera procurar su curación. Pero referente a la salvación espiritual siempre se puede obrar de otros modos, sin que sea necesario recu- rrir a la amputación de un miembro, puesto que el pecado depende de la voluntad; por consiguiente, en ningún caso es lícito amputar un miembro por evitar un pecado. Por eso el Crisóstomo4, al explicar aquello de Mt 19,12: Hay eunucos que a sí mismos se castraron por amor al rei- no de los cielos, dice que no se hace por amputación de los miembros, sino por la des- trucción de los malos pensamientos, porque el que se mutila incurre en maldición, pues los que obran así se equiparan a los homicidas; y después añade 5: La concupiscencia no se hace así más mansa, sino más tiránica, pues elgermen que hay en nosotros tiene otras fuentes, que son principalmente los deseos impuros y la negligencia espiritual; ni tampoco la amputación de un miembro evita las tentaciones tanto como el freno del pensamiento.»(C 65, a 1).


1. SAN JUAN DAMASCENO, De fide orth. c.4: MG 94,876; c.30: MG 94,976; cf. 4 c.20: MG 94,1196.
2. ARISTÓTELES, De anima 2 c.1 n.19 (BK 412b23): S. TH., lect.2.
3. Can.1 (MA 2,667; cf. 678).
4. SAN JUAN CRISÓSTOMO, In Matth. hom.62: MG 58,599.
5. SAN JUAN CRISÓSTOMO, In Matth. hom.62: MG 58,600.

a). a. Un caso singular y nuevo de mutilación lo constituyen los trasplantes. Cuando esta téc- nica dio sus primeros pasos, moralistas y teólogos plantearon dudas sobre la licitud o no de los mismos. Para hacerse una idea de los problemas suscitados y de las posturas adoptadas en un principio acerca de este tema, pueden consultarse las obras de Todolí y de Regan que cita- mos en la bibliografía.

(Otro caso singular corresponde hoy a los tatuajes..., pues «Siendo un miembro cualquiera parte de todo el cuerpo humano, existe por el todo, como lo imperfecto por lo perfecto; de ahí que se deba disponer de un miembro del cuerpo humano en cuanto que es útil al bien del todo.» Evidentemente el tatuaje es una mutilación inútil del cuerpo). (zarpax).

..................



_________________
José Mª Rodríguez Vega

...Post eventum vani sunt questus
(“Cuando aparece el necio todo son problemas”).
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión » Filosofía Todas las horas son GMT
Todas las horas son GMT
Página 1 de 1


 
Cambiar a:  
Puede publicar nuevos temas en este foro
No puede responder a temas en este foro
No puede editar sus mensajes en este foro
No puede borrar sus mensajes en este foro
No puede votar en encuestas en este foro


Mapa del sitio - Powered by phpBB © 2001- 2004 phpBB Group
Designed for Trushkin.net | Styles Database

Crear foro | foros de Politica | Hosting gratis | soporte foros | Contactar | Denunciar un abuso | FAQ | Foro ejemplo

Para vps hosting especialidado en foros phpbb ssd en Desafiohosting.com